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viernes, 11 de noviembre de 2011

TEMA DÓLAR: ¿Argentina camino a ser como Venezuela?

¿Cómo se interviene el dólar en Venezuela y en la Argentina?

EN VENEZUELA BRECHA ENTRE TIPO DE CAMBIO OFICIAL Y PARALELO ALCANZA EL 100% 
La puesta en práctica de las medidas que fiscalizan la compra de dólares despertó ciertos temores acerca de que el país haya iniciado un camino hacia el control de cambio, similar al que impuso Venezuela en 2003. Sin embargo, son más las diferencias hoy que las similitudes las que alejan al país de la «venezualización». Uno de los puntos que demuestran las disidencias resulta de evaluar los valores del dólar oficial con el paralelo y también con el «contado con liquidación». 
En la Argentina, el dólar cerró ayer en $ 4,28, mientras que el «blue» alcanzó los $ 4,72. Si bien subió 3 centavos respecto del viernes, la diferencia entre ambos valores llega a 10 puntos porcentuales. Tampoco el «contado con liqui», que es el se utiliza para fugar dólares mediante la compra de bonos en moneda extranjera, aumentó mucho: ayer quedó en 4,73. Sin embargo, a principios de año la brecha era del 2,5%. Fue subiendo progresivamente mes a mes hasta alcanzar el 10,3% actual. 
Pese a esta suba, en Venezuela esta diferencia es mucho mayor y alcanza hoy el 100%, ya que el tipo de cambio oficial -incrementado a principios de 2010 al doble del precio anterior- es de 4,30 bolívares fuertes mientras que el paralelo se negocia en torno a los 8,50. En este país, con la puesta en práctica del control de cambio, se creó la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), oficina encargada del regulación y fiscalización de la compra de moneda extranjera. 
Este ente analiza cada caso en particular. Tanto las personas físicas o jurídicas deben ingresar sus datos a una página web para luego determinar cuántos dólares o euros puede comprar. Se atienden casos especiales, como estudiantes en el exterior, jubilados y pensionados que vivan en otros países, por ejemplo. Así, una persona puede ser catalogada como «viajera» y recibir la posibilidad de comprar hasta u$s 3.000 anuales al tipo de cambio oficial. Claro que no se recibe todo este dinero en efectivo: se obtienen u$s 400 y, para el monto restante, queda registrada la tarjeta de crédito que realizará las compras por hasta u$s 2.600. Al regreso del viaje, hay 45 días para presentar una declaración jurada de los consumos y las facturas correspondientes a todas las compras. No hacerlo puede tener un elevado costo: el bloqueo de la tarjeta de crédito. 
Un análisis de la consultora Federico Muñoz y Asociados agrega un dato para la Argentina: el efecto de las retenciones a las exportaciones de soja. Al incorporar este número, el «dólar soja» sería de un 65% del oficial. Es decir, la brecha con el paralelo y con el «contado con liqui» llegaría al 75%. 
Otros puntos que señala el informe son los siguientes: 
• Si bien en Venezuela estaba prohibido el libre cambio de bolívares por dólares, nada impedía la adquisición de activos financieros con moneda local y su posterior reventa en el extranjero. Esta operación, similar a nuestro contado con liqui, se conocía como dólar permuta. A mediados de 2010 el Gobierno intervino y cerró varias casas de Bolsa que actuaban como traders en dicha operatoria y creó el SITME, un sistema que replicaba el mecanismo de dólar permuta, pero a un tipo de cambio fijado por el Gobierno.  
• El desdoblamiento cambiario propició diversos impactos nocivos en la marcha de la economía. Por un lado, se agudizaron los problemas de las cuentas externas. La competitividad de las firmas exportadoras no petroleras sufrió un marcado deterioro, por culpa de la elevada inflación que sufre la economía venezolana y el tipo de cambio oficial planchado. En contrapartida, las firmas importadoras (con acceso a dólares oficiales) resultaron muy beneficiadas. 

•La gran brecha entre las cotizaciones oficial e informal promueve la subfacturación de las exportaciones y la sobrefacturación de las importaciones, con el propósito de hacerse de divisas baratas.


En lo personal, soy muy respetuoso del principio de autodeterminación de los Pueblos, los cuales libres y soberanos elijen a sus autoridades de manera democrática. Por eso respeto a todos los procesos políticos de América Latina. Con esta nota, no es mi intención emitir un juicio de valor, ni tengo los elementos suficientes, sobre la actualidad en la hermana República Bolivariana de Venezuela. Todo Pueblo que venere la hermandad latinoamericana es amigo del Pueblo Argentino, además de que numerosos lazos económicos y culturales, así como históricos nos unen en este caso con el país de Bolívar. Mis respetos al gobierno venezolano.
Por otra parte esta nota sí tiene como intención mostrar a todos los que confunden procesos políticos y sociales, y trastocan las latitudes geográficas e históricas para asustar a la población. Concretamente para la opinión pública, sin mucha información ni conocimiento, el proceso político de Venezuela es "malo", por eso se lo quiere ligar con el de Argentina. Y son procesos totalmente distintos, y ésta nota marca una de esas tantas diferencias de métodos, fines y resultados, ni mejores ni peores, pero si distintos; y que responden a una estructura económica determinada, a una sociedad dada y un sistema político particular, con una historia nacional diferente y una inserción internacional con otras carácteristicas. Cada proceso político responde a estas cosas, por eso esta nota no pretende ni puede, hacer semejante análisis. Es solo un contrapunto.

POLIKARPO.

viernes, 14 de octubre de 2011

LA PATRIA GRANDE!


“La Independencia hispanoamericana, como la historia entera de nuestros pueblos, es un hecho ambiguo y de difícil interpretación porque, una vez más, las ideas enmascaran a la realidad en lugar de desnudarla o expresarla. Los grupos y clases que realizan la Independencia en Sudamérica pertenecen a la aristocracia feudal nativa; eran los descendientes de los colonos españoles, colocados en situación de inferioridad frente a los peninsulares. La Metrópoli, empeñada en una política proteccionista, por una parte impedía el libre comercio de las colonias y obstruía su desarrollo económico y social por medio de trabas administrativas y políticas; por la otra, cerraban el paso a los “criollos” que con toda justicia deseaban ingresar en los altos empleos y a la dirección del Estado. Así pues, la lucha por la Independencia tendía a liberar a los “criollos” de la momificada burocracia peninsular aunque, en realidad, no se proponía cambiar la estructura social de las colonias. Cierto, los programas y el lenguaje de los caudillos era “moderno”, eco de los revolucionarios franceses y, sobre todo, de las ideas de la Independencia norteamericana. Pero en la América sajona esas ideas expresaban realmente a grupos que se proponían transformar el país conforme a una nueva filosofía política. Y aún más: con esos principios no intentaban cambiar un estado de las cosas por otro sino, diferencia radical, crear una nueva nación. En efecto: los Estados Unidos son, en la historia del siglo XIX, una novedad mundial, una sociedad que crece y se extiende naturalmente. Entre nosotros, en cambio, una vez consumida la Independencia las clases dirigentes se consolidan como herederas del viejo orden español. Rompen con España pero se muestran incapaces de crear una sociedad moderna. No podía ser de otro modo, ya que los grupos que encabezaron el movimiento de Independencia no constituían nuevas fuerzas sociales, sino la prolongación del sistema feudal. La novedad de las nuevas naciones hispanoamericanas es engañosa; en verdad se trata de sociedades en decadencia o en forzada inmovilidad, supervivencias y fragmentos de un todo deshecho.
El imperio español se dividió en una multitud de Repúblicas por obra de las oligarquías nativas, que en todos los casos favorecieron o impulsaron el proceso de desintegración. No debe olvidarse, además, la influencia determinante de muchos de los caudillos revolucionarios. Algunos, más afortunados en esto que los conquistadores, su contrafigura histórica, lograron “alzarse con los reinos”, como si se tratase de un botín medieval. La imagen del “dictador hispanoamericano” parece ya, en embrión en la del “libertador”. Así las nuevas Repúblicas fueron inventadas por necesidades políticas y militares del momento, no porque expresasen una real peculiaridad histórica. Los “rasgos nacionales” se fueron formando más tarde; en muchos casos, no son sino consecuencia de la prédica nacionalista de los gobiernos. Aún ahora, un siglo y medio después, nadie puede explicar en qué consisten las diferencias “nacionales” entre argentinos y uruguayos, peruanos y ecuatorianos, guatemaltecos y mexicanos. Nada tampoco -excepto la persistencia de las oligarquías locales, sostenidas por el imperialismo norteamericano- explica la existencia en Centroamérica y las Antillas de nueve repúblicas.
No es esto todo. Cada una de las nuevas naciones tuvo, al otro día de la Independencia, una Constitución más o menos (casi siempre menos que más) liberal y democrática. En Europa y en los Estados Unidos esas leyes correspondían a una realidad histórica: eran la expresión del ascenso de la burguesía, la consecuencia de la revolución industrial y de la destrucción del antiguo régimen. En Hispanoamérica sólo servían para vestir a la moderna las supervivencias del sistema colonial. La ideología liberal y democrática, lejos de expresar nuestra situación histórica concreta, la ocultaba. La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño moral ha sido incalculable y alcanza a zonas muy profundas de nuestro ser. Nos vemos en la mentira con naturalidad. Durante más de cien años hemos sufrido regímenes de fuerza, al servicio de las oligarquías feudales, pero que utilizan el lenguaje de la libertad. Esta situación se ha prolongado hasta nuestros días. De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma. Éste parece ser el sentido de los actuales movimientos latinoamericanos, cuyo objetivo común consiste en realizar de una vez por todas la Independencia. O sea: transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en meras fachadas para demagogos y turistas. En esta lucha nuestros pueblos no sólo se enfrentan a la vieja herencia española (la Iglesia, el ejército y la oligarquía), sino al Dictador, al Jefe con la boca henchida de fórmulas legales y patrióticas, ahora aliado a un poder muy distinto al viejo imperialismo hispano: los grandes intereses del capitalismo extranjero.”

Tomado de “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz Lozano; (Ciudad de México, 31 de marzo de 1914 - ídem; 19 de abril de 1998), fue un poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano, premio Nobel de Literatura (1990). Es considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. Era un escritor prolífico cuya obra abarcó varios géneros, entre los que sobresalieron textos poéticos, el ensayo y traducciones.