Mostrando entradas con la etiqueta BCRA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BCRA. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de junio de 2012

¿Qué pasa con el Dólar?


En esta reflexión queremos introducir algunas variables para complejizar el juicio sobre la cuestión del dólar en esta coyuntura económica que se vio trastocada por las recientes regulaciones en lo pertinente a la compra y venta de divisas. En una nota anterior a principio de año hacíamos una diagnostico, que en esta coyuntura es necesario complejizar y actualizar, aunque no hay elementos que muestren un cambio de rumbo en el modelo económico, al contrario se trata de su profundización y consolidación. En términos de la Presidente del BCRA Mercedes Marcó del Pont: “La Argentina ha venido consolidando un proyecto económico que es muy sólido, que hay que ajustarlo, mejorarlo, que hay que hacerle sintonía fina. Pero que tiene una capacidad endógena de crecimiento, y que le ha permitido ampliar enormemente su capacidad para hacer política económica. Lo que ha significado acumulación de reservas, el uso de reservas, la regulación de la cuenta capital. La Argentina se aisló de todas las movidas especulativas y de los humores de los mercados financieros, lo que ha permitido eliminar el famoso descalce de monedas. Hay mucho de estos cambios estructurales que hablan de otro país.”
Volviendo al tema de esta nota, para nosotros en la sociedad argentina el dólar ha sido constituido en el imaginario social cual objeto de protección frente a los avatares macroeconómicos. Esto ha sido posible porque en 1977 el ministro de Economía de la Dictadura Genocida, puso en marcha un plan de liberalización del mercado cambiario, y durante los 90´ la economía prácticamente se hallaba dolarizada debido al régimen de convertibilidad.
Hoy la Argentina se encuentra en un momento bisagra de su historia, donde podrá darle la espalda al modelo neoliberal (1976-2003) y afianzar el Modelo de Crecimiento Ecónomico con Inclusión Social. La reforma de la carta órganica del BCRA va en ese sentido.
Con respecto a las medidas sobre las divisas proponemos reflexionar sobre las situación contemplando la coyuntura o sea el objetivo del gobierno en el corto y mediano plazo: preservar las reservas del Central. En los últimos 30 días éstas apenas aumentaron USD 300 millones, ubicándose en USD 47.800 millones. En el segundo semestre, ante perspectivas concretas de una mayor volatilidad global, se concentran los mayores vencimientos de deuda (en agosto, USD 2.300 millones por el vencimiento del BODEN12) y además es el período menos superavitario de dólares comerciales.
Pero por otra parte debemos complejizar la reflexión atendiendo a tendencias de largo plazo, como la necesidad de avanzar hacia la pesificación plena y definitiva de la economía. Así como por otra sugerir el factor ideológico en algunos sectores de la población, ya que efectivamente el dólar no ha sido una buena inversión en los últimos nueve años, de hecho en ese período la divisa verde rindió 170%, y las acciones, 430%.

Para finalizar queremos dejar explicitados algunos presupuestos básicos a la hora de abordar esta temática:

  • Solamente el 11% de los argentinos ahorra en dólares.
  • Un plazo fijo en pesos desde 2003 hasta ahora representa más de un 50% de ganancia. El ahorro en dólares durante el mismo período representa menos de un 10%.
  • El mercado del dólar paralelo es solamente un 2,5% del mercado de divisas. La mayoría de los que acuden a ese mercado son los que no quieren justificar sus ingresos. Es un mercado ilegal en el que los especuladores ganan plata sin pagar impuestos. En Brasil hay 6 dólares por habitante. El dólar paralelo, en Argentina, es un mercado clandestino y de dimensiones pequeñas para la economía.
  • La divisa no es un medio de ahorro, sino un instrumento del comercio internacional. El ahorro está en la inversión.
  • El crecimiento del sector industrial requiere disponibilidad de divisas para sostener el abastecimiento creciente de bienes de capital, intermedios y energía.
  • El crecimiento acumulado de las exportaciones industriales desde 2003 a la fecha es de 263%. El respaldo de la moneda nacional no está dado por la cantidad de divisas de la economía sino por las riquezas que produce el país.
  • El viejo cuento monetarista de la especulación está superado.

POLIKARPO

“DOLAR: DE NUEVO EL FETICHE”
Informe de la consultora Analytico.


Esta semana, el dólar volvió a escena. La posibilidad del acceso minorista a través de los mecanismos formales (bancos y casas de cambio) se redujo prácticamente a cero con el endurecimiento de los controles fiscales, y así se disparó la brecha con los precios marginales, especialmente el “blue”. En tanto, el dólar que se utiliza para girar divisas al exterior (el “contado con liqui”) ya se acerca a los 6 pesos.

¿Cuáles son las razones que explican esta renovada tensión en el mercado de cambios, en un segundo trimestre que supone una mayor oferta de dólares por la liquidación de divisas de los exportadores de soja y derivados?
Veamos qué sucede con la oferta: según datos de CIARA-CEC (de mediados de mayo) en el año se acumula una liquidación de USD 8.090 millones, 5% menos que en igual período de 2011. Una diferencia menor, poco significativa, que no explica la astringencia casi absoluta que el gobierno impone hoy para comprar dólares en el mercado formal.

En realidad, lo que se está modificando en las últimas tres semanas es la percepción que tienen los inversores financieros ante algunos eventos internacionales.
Nuevamente Grecia es el centro de todas las miradas: su salida del euro parece segura, y algunos analistas (como Paul Krugman) le pusieron hasta fecha: junio. España navega en una economía de elevadísimo desempleo, caída de la actividad y un gobierno conservador que sólo atina a cumplir con su promesa de ajuste fiscal que, como siempre, profundizarán la depresión. Los recientes datos de China, en tanto, muestran una pobre performance en la industria, las ventas minoristas y la inversión. El crecimiento proyectado para el segundo trimestre cae casi un punto, de 8.5% i.a a 7.6%.

Así las cosas, la lluvia de inversiones financieras y reales, que en los primeros meses del año caía sobre las economías emergentes, ya paró. En Brasil, el flujo comercial (exceso de exportaciones por sobre importaciones) no alcanza en mayo a compensar las salidas de tipo financiero (incluyendo giro de utilidades). El saldo negativo es aún pequeño (USD 650 millones), pero va en línea con la caída de 45% en las entradas netas acumuladas desde enero, comparadas con 2011 (USD 25.000 millones). El efecto sobre el tipo de cambio fue inmediato: el real se deprecia 5% en el mes (superando R$2 por dólar), y 25% desde mayo de 2011. El gobierno de DilmaRousseff está confortable con la devaluación del real, que acompaña a los paquetes de estímulo productivo que son implementados para apoyar su castigada industria.

Bajo este escenario de mayor complejidad internacional, la fuga de capitales en la Argentina, que se había reducido entre enero y marzo, aumenta desde abril, y en particular a partir de los primeros días de mayo. En la primera quincena el BCRA compró USD 630 millones, bastante menos de lo proyectado. Sin embargo, controles mediante, en 2012 el Central acumula USD 5.900 millones en compras netas de divisas, frente a USD 4.500 millones en igual período del año pasado (+29%).

Como repetimos desde el Analytico, el gobierno tiene un objetivo macroeconómico básico, que es preservar las reservas del Central. En los últimos 30 días éstas apenas aumentaron USD 300 millones, ubicándose en USD 47.800 millones. En el segundo semestre, ante perspectivas concretas de una mayor volatilidad global, se concentran los mayores vencimientos de deuda (en agosto, USD 2.300 millones por el vencimiento del BODEN12) y además es el período menos superavitario de dólares comerciales.

Aún sin hacerlo explícito, es claro que la gestión CFK busca que los dólares del Central sean utilizados en estos meses para pagar tanto deuda como un flujo más “liberado” de importaciones. Los giros de utilidades y el atesoramiento minorista a precio regulado vienen después…

El camino para administrar la renovada tensión cambiaria es dificultoso. Un 25% de brecha entre el dólar regulado y el paralelo preocupa ahora más que en tiempos del episodio posterior a las elecciones, cuando la diferencia era de 10%. En un sentido, 25% es la expectativa devaluatoria que tiene una porción del mercado; desde Analytica, sostenemos, por el contrario, que no hay razones para que sea convalidada. El gobierno demostró a fines de 2011 que no corre por detrás del mercado, y cuenta con herramientas para operar. La estrategia cambiaria ha sido, y creemos que seguirá siendo, gradual, sin saltos bruscos. Pero el contexto externo –en particular, la depreciación del real brasileño- pone al gobierno ante un dilema: acelerar la tasa de devaluación y correr el riesgo de que sea percibida como una conducta defensiva, o perder competitividad frente al socio mayor del MERCOSUR.

Este momento de tensión cambiaria perturba, además, las principales negociaciones salariales, que el gobierno busca contener en aumentos que no vayan más allá de 22-23% en promedio. Un salto devaluatorio brusco echaría por tierra la intención oficial.

También, deben seguirse muy de cerca algunas conductas “micro”, como la de los productores agropecuarios, que ante la imposibilidad de acceder al mercado formal de cambios, luego de vender sus granos y recibir pesos a cambio, pueden retacear las ventas y estrangular el mercado, ampliando la brecha y realimentando el temor de los minoristas.

Mantenemos nuestra posición respecto de que no existen condiciones objetivas para desdoblar el mercado de cambios.Las reservas son suficientes para defenderse ante eventuales corridas contra el peso; los precios internacionales son elevados; los servicios de la deuda resultan muy manejables y el cuadro fiscal –aunque deteriorado- no es el de los años ochenta - cuando hubo diversas experiencias (todas fracasadas) de tipos de cambio múltiples-.

Pero también sostenemos, como antes, que “Las medidas de control de las compras de divisas no deberían generar demanda insatisfecha que haga aumentar el volumen del mercado paralelo, dándole cuerpo así a las presiones devaluatorias: los que operan en el segmento formal de la economía tienen que acceder sin problemas a los dólares. Dejar que el mercado fije el precio del dólar en condiciones de incertidumbre es la peor opción.” La estabilización de las expectativas debe ser el objetivo central de la política económica en estas horas.

“La pesificación que falta”
Por Mario Rapoport.

La Argentina no ha terminado de salir de su propio cepo mental, que no es sólo producto de la apetencia por el dólar o de tenerlo como moneda de refugio. Ésos son síntomas y no razones estructurales de una situación a la que en cierta forma muchos deudores están obligados a responder y otros se aprovechan para hacer negocios ilícitos. Si excluimos a los tránsfugas del mercado de divisas, la responsabilidad principal de que esto ocurra no está sólo en los que ahorran en dólares. Ese ahorro no ha sido muy fructífero durante la convertibilidad ni tampoco en los últimos años, salvo para dos cosas: viajar al exterior y cubrir las operaciones del mercado inmobiliario. Aquí sí está el verdadero problema. Los estímulos para el ahorro y los elementos de riesgo son mayores con un rubro de la construcción dolarizado y donde el sistema crediticio no funciona o funciona mal. El nudo de la cuestión radica en la dolarización de este segmento que mueve muchísimo más que el turismo externo y donde no sólo existen los que invierten para ahorrar o tener algún tipo de renta, sino una parte sustancial de gente que se involucra a fin de adquirir una vivienda digna, en un país donde el déficit habitacional es muy alto.
Introducir el dólar como la moneda de pago en este sector convierte sus operaciones en un sistema especulativo y de juego financiero que no depende de los propios costos de la construcción sino del capricho de los que especulan en el mercado de divisas, más aún si se da, por ejemplo, una situación, como la actual, de un cerrojo cambiario. Los contratos inmobiliarios que se hacen en dólares están presos de la misma enfermedad a la que nos llevó la convertibilidad o en la que está actualmente la eurozona en los países europeos. Dependemos de una moneda que no es la nuestra, que no tiene circulación legal forzosa, y con la que no se abonan los salarios ni se realizan negocios internos. De modo que no hay razón alguna para que el mercado de inmuebles permanezca dolarizado. De hecho, por ejemplo, en Brasil no lo está. Me llegan cotizaciones de viviendas usadas en el barrio de Tijuca, uno de los más caros de Río de Janeiro: varios departamentos de dos ambientes que van de 60m2 a 89m2 y cuyos precios oscilan, según calidad y ubicación entre los 275.000 a los 300.000 reales, o sea de 137.000 a 150.000 dólares al cambio oficial. Pueden estar más caros o más baratos que en la Argentina, pero su compra no depende de la cotización de una moneda extranjera, vinculada con los saldos comerciales o financieros de la balanza de pagos, a los niveles de reserva o a la simple especulación. Son operaciones que se concretan en el mercado interno y que desde hace años, con tasas de inflación iguales o mayores que las que tuvo o tiene la Argentina, han permanecido en reales. La divisa extranjera no entra en las operaciones inmobiliarias.
Esta cuestión es la que no permite resolver el problema de la salida de la dolarización en la Argentina y se convierte, principalmente, en una opción a la tenencia de dólares. Hay quienes afirman que esta situación es un resultado del proceso inflacionario y nos asustan diciendo que con una inflación del 25% nos vamos a una crisis como las del 2002 o a una formidable devaluación. Cierto es que consideran a la inflación aisladamente, nunca la vinculan con la tasa de crecimiento, de desempleo o a la distribución de los ingresos. Al “inversor global” sólo le interesa la inversión financiera, con tasas de inflación cercanas a cero, aunque el país no crezca ni se mejoren las condiciones de vida. Tampoco echan una mirada a procesos históricos anteriores. Martínez de Hoz en su discurso inaugural, cuando se hizo cargo de la cartera de economía en la última dictadura militar, puso como eje el combate a la inflación, entonces del 450% anual (leemos bien, no del 20 o 25%) y con sus políticas neoliberales (entre otras cosas comprimir brutalmente los salarios e iniciar un formidable proceso de endeudamiento externo) no la pudo achicar más que a niveles del 100 al 175% anual (no 20 o 25%). La dictadura dejó la economía, en 1983, con cerca del 340% de inflación anual, una tasa de crecimiento casi nula para todo el período y una profunda crisis desde 1981.
Pasamos de largo por las épocas hiperinflacionarias de Alfonsín y los primeros años de Menem (donde no podemos realizar comparaciones con la situación actual) y el santo remedio de la Ley de Convertibilidad. Ésta logró frenar la inflación, e incluso produjo deflación, pero a costa de altas tasas de desempleo, pobreza e indigencia y una destrucción de la industria. Si medimos de punta a punta el período Menem-De la Rúa, tuvimos una tasa de crecimiento cercana a cero, incluyendo la traumática crisis de 2001-2002. Luego vino la devaluación y pesificación asimétrica, el país superó el default, y comenzó un proceso de reindustrialización y de recuperación del empleo que nos protegió de la crisis mundial iniciada en 2007-2009.
En estos momentos la discusión de fondo debe centrarse no tanto en la medición de los índices de precios, aunque sea un tema de por sí importante, sino en las causas del proceso inflacionario. Esas causas están vinculadas con el alto grado de concentración de las empresas formadoras de precios, la transmisión al interior de la economía del aumento de los precios externos y otros factores, entre los cuales la puja salarial no es uno de los más relevantes porque siempre viene con retraso. Y aquí juegan de nuevo los efectos negativos de la dolarización del mercado inmobiliario. Es necesario, antes que nada, eliminar este sistema peculiar que alimenta la especulación, y por esa vía, también, el incremento de los precios.
El ahorro en dólares, moneda cada vez más devaluada a nivel internacional, se va a frenar si el gobierno toma una medida de este tipo, mucho más eficaz económica y políticamente que cualquier cepo cambiario o mercado desdoblado. Por un lado, la pérdidas sufridas por los “corralitos” (de Erman González a Cavallo) no evitaron nuevos refugios en el dólar. Por otro, la Argentina tuvo en los años treinta, bajo gobiernos conservadores de derecha, y por casi diez años, un estricto control de cambios, y en varias ocasiones posteriores diferentes tipos de cambios, con relativo o escaso éxito para frenar la inflación o revertir las frecuentes crisis de stop and go.
Ahora existe una política de flotación administrada del tipo cambio que ha dado resultado. En contrapartida, un torrente de agua no se detiene si no se ha construido antes un dique. Con el dólar pasa lo mismo; cuando no hay bienes cotizados en dólares nadie puede jugar con mercados paralelos, ni son necesarias medidas restrictivas.
Un camino loable para la obtención de divisas resulta sin duda la iniciativa de abrir nuevas fronteras en el comercio exterior –las relaciones Sur-Sur– teniendo en cuenta la disminución del intercambio con clientes tradicionales, como los países de la Unión Europea. Ese comercio, que ya venía siendo afectado por la incorporación en su seno de las naciones del Este y su alto grado de proteccionismo, tiene ahora como eje esencial una formidable crisis.
Las tareas del gobierno son varias. La economía argentina dispone de un colchón de reservas importante, ése no era el caso en el 2002, y altos niveles de producción y de empleo. Pero modificar malos hábitos adquiridos en el pasado requiere, ante todo, desactivar las causas que los provocan.


“El dólar fue la peor opción de inversión para los que creyeron rumores de devaluación”
Por Sofía Bustamante / Pablo Waisberg

El dólar no fue la mejor opción de ahorro en los últimos nueve años. Su rendimiento estuvo muy debajo de los depósitos a plazo fijo o las acciones que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, que ofrecieron beneficios entre un 214% y un 430 por ciento. Pero, además, esa suerte de fiebre verde –que ofreció ganancias de hasta 170%– alentó la fábula financiera que recorre la city porteña y endiosa a la divisa estadounidense. Ese juego que cruza temores, expectativas y compras de billetes colabora, en los hechos, a la licuación de la crisis financiera originada en las hipotecas basura creadas en los Estados Unidos.
“La falta de información y conocimiento sobre los rendimientos que genera cada una de ellas lleva a muchos ciudadanos a tomar sus decisiones de ahorro a partir de rumores y versiones que no tienen fundamentos económicos”, señalaron los economistas Andrés Asiain y Estanislao Malic, de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche, en un trabajo que busca desmitificar al dólar como reserva de valor, que en los últimos días cobró vigor y aceleró el valor del blue.

Opciones. Si bien la venta ilegal de dólares retrocedió el jueves después de haber atravesado la barrera psicológica de los $6, las ruedas previas a ese cambio de rumbo estuvieron cargadas de incertidumbre. Al clima de nerviosismo se sumaron algunos pronósticos apocalípticos destinados a atemorizar a los ahorristas minoristas. Muchos de ellos, además, estaban (y aún están) enojados por las restricciones para la compra de dólares. Todo ese escenario alimentó teorías a favor de la adquisición de moneda verde en el mercado informal: incluso con cotizaciones que superaron en un 30% el valor oficial.
En el paper titulado “El dólar ¿la mejor opción para el ahorrista?”, Asiain y Malic señalaron que un inversor que en enero de 2003 eligió un plazo fijo en pesos –la opción más conservadora del mercado– tuvo un rendimiento acumulado de $21.400 hasta mayo de este año. Pero si hubiera optado por adquirir acciones habría logrado 43.000 pesos.

La fantasía. “En cambio, para quien apostó al dólar sus ahorros –$10.000– pasaron a valer $13.100, y si se arriesga y busca cambiarlos al paralelo tendría $17.000, es decir menos aún que quien optó por la tranquilidad de un plazo fijo”, indicaron los economistas.
Además de observar el comportamiento del mercado para las distintas opciones de inversión, se adentraron en el análisis de las versiones que alientan la compra de dólares y señalaron que “es falsa” la especie que califica de “inefectiva” a la restricción a la compra de la divisa estadounidense.
La batería de medidas oficiales incluye la necesidad de demostrar la capacidad de compra antes de adquirir dólares –una operatoria que generó muchas quejas por mal funcionamiento y supuestas inconsistencias– y la necesidad de declarar los viajes al extranjero para obtener divisas, que incluye el objetivo de evitar que las agencias de viajes vendan los paquetes turísticos en dólares y los paguen en pesos para comercializar los billetes en el mercado ilegal. También la administración central incrementó los controles en los pasos fronterizos para evitar que quienes viajaron durante el fin de semana largo sacaran dólares por encima de los límites permitidos.
Al analizar la consistencia del sistema, Asiain y Malic definieron que “también es una fantasía la idea de que la situación sea similar a la que llevó al derrumbe de la convertibilidad y que las medidas de restricción a la compra de dólares son el anticipo de un nuevo corralito. Un solo dato objetivo basta para desnudar la falta total de fundamentos de quienes buscan equiparar la situación económica presente con la existente a comienzos del siglo: el nivel de reservas acumuladas en el Banco Central”, subrayaron, y detallaron que las reservas pasaron de u$s14.000 millones en enero de 2002 a los actuales 47.643 millones de dólares. Llegaron, incluso, a superar los u$s50.000 millones y luego se mantuvieron fluctuando en torno del nivel actual.
El Gobierno mantendrá los controles para la compra de divisas y la fuga de dinero

Las restricciones para la compra de dólares se mantendrán esta semana, según indicaron fuentes de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Desde allí se iniciaron los controles en noviembre pasado que se intensificaron en las últimas semanas.
En los últimos días se sumó la medida para que quienes viajen al exterior deban completar un formulario en la web del organismo con los distintos datos de su viaje. Según se explicó oficialmente, esa nueva herramienta facilitará la compra de divisas pero el objetivo de fondo es desmantelar una operatoria común en las agencias de viaje: exigen el pago en dólares a sus clientes pero cancelan en pesos los paquetes turísticos pero con la cotización del dólar oficial. Luego venden los billetes verdes en el mercado informal y alientan el espiral del blue.

Pasos fronterizos. Además, durante este último fin de semana largo, el gobierno nacional volvió a disponer perros en los pasos fronterizos de la Argentina para evitar que quienes viajaron durante el fin de semana largo sacaran dólares por encima de los límites permitidos.
Agentes e inspectores de la Aduana y la AFIP realizaron operativos para detectar el cruce de divisas en la frontera con Uruguay en los pasos Concordia-Salto, Colón-Paysandú y Gualeguaychú-Fray Bentos. Esos tres puentes son considerados clave en la estrategia oficial.
En el caso de Colón-Paysandú, los agentes arribaron el viernes, en el inicio del fin de semana largo. Llegaron acompañados de perros entrenados para detectar dólares con su olfato.
En el marco de ese operativo, el viernes se incautaron unos u$s20.000 y alrededor de 10.000 euros en el paso del puente General San Martín, que une Gualeguaychú con Fray Bentos, Uruguay.

Los límites. Según datos del personal de la Administración de Aduana de Gualeguaycú, los billetes fueron encontrados en el interior de un automóvil de lujo en el que viajaban dos argentino.
En la actualidad se permite portar u$s10.000 por persona y la cifra que debe ser declarada en el paso aduanero. En el caso de los perros, están entrenados para detectar cantidades superiores a los 10 mil dólares y euros, siguiendo el olor de la tinta de los dólares de EE.UU.

lunes, 12 de marzo de 2012

Reforma del Banco Central: ¿Para qué se usarán las reservas? ¿Habrá más inflación?


Sin duda uno de los principales anuncios de nuestra Presidenta, al inaugurar las sesiones ordinarias del año corriente en el Parlamento, es el anuncio del proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina. CLICK AQUÍ.

La medida es sumamente importante ya que su concreción conlleva la institucionalización de un modelo de país basado en la producción y el trabajo. Se trata como hemos visto de retomar los cauces de la industrialización, del crédito productivo y ponerle fin al modelo neoliberal que destruyó nuestro país, y hoy lleva a los países centrales a la recesión y el estancamiento.

Como lo ha expresado magistralmente el diputado Felletti: "Descolgamos el cuadro de Milton Friedman", y junto con él, de sus versiones “criollas”: Martínez de Hoz y Cavallo. En efecto la “independencia” de los Bancos Centrales aquí y en el mundo es una invención neoliberal, que se explica, como ilustrará el economista Rapoport, por la creciente sumisión de los bancos centrales latinoamericanos a los paquetes de estabilización del FMI en los 90´; luego por el hecho de que los grupos nacionales cosmopolitas cambiaron la composición de sus activos ampliando sus depósitos financieros en bancos extranjeros, dicha situación conlleva a que la única garantía para los capitales que llegaban (y para las privatizaciones) fue esa casi dolarización o tasa de cambio fija. De ahí entonces que la tarea de los Bancos Centrales en esa coyuntura fuera entendida meramente en mantener esta ficción y asegurar, cuando fuera necesario, la fuga de capitales de sectores locales y firmas extranjeras. Vale destacar también que el principal argumento con el cual se le daba sentido a las reformas propuestas era contener un proceso inflacionario que desbordaba a los gobiernos locales. Así el principal objetivo del Banco Central, desde esta óptica debía ser el de mantener el valor de la moneda. Esta meta única, se situaba por sobre cualquier otra que pudiera colisionar con ella: el crecimiento económico del país, el empleo, la pobreza y demás “efectos colaterales”.

Hoy atendemos a una coyuntura signada por las más altas tasas de crecimiento económico sostenido de nuestra historia, superávit comercial, desarrollo industrial, fuerte generación de empleo, desendeudamiento externo, ampliación del consumo de mercado interno, mejoras cuantitativas y cualitativas de exportaciones industriales y manufacturas agropecuarias, reversión lenta pero real de la reprimarización de exportaciones, así como el afianzamiento del proceso sustitutivo de importaciones. Esta realidad impone cambiar el elemento crediticio más importante de nuestra economía, ya que resulta insuficiente el actual esquema de intervención del BCRA en la economía. Se trata pues de ampliar el otrora objetivo único de preservación del valor de la moneda, a un triple mandato, incorporando la estabilidad financiera y el desarrollo económico con equidad social.

La meta anti-inflacionaria continúa, pero ahora con un más atinado diagnostico de su origen y las herramientas para contrarrestarlo, en efecto como lo ha dicho la Presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont: “Nosotros pensamos que los problemas con los precios tienen que ver con la oferta y la demanda, por lo que es necesario alentar el crédito para ir generando una mayor oferta y desconcentración de la producción (…) Vamos a ser consistentes con lo que nosotros pensamos sobre los precios y la polémica de la inflación que nada tiene que ver con la visión ortodoxa de la economía”.

El sentido profundo de la reforma, como lo ha dicho nuestra presidenta, esta ligado a que “(…) el Banco Central debe estar en función de la economía real, no tampoco para hacer cualquier zafarrancho. Por eso se mantiene la independencia de cualquier instrucción que pueda darle el gobierno central, pero no se le resta la posibilidad y la obligación de intervenir en la economía real para poder seguir sosteniendo crecimiento y trabajo”, en otros términos la nueva carta orgánica implicara: regular el crédito y los medios de pago a fin de crear condiciones que permitan mantener un desarrollo económico ordenado y creciente, con sentido social, un alto grado de ocupación y el poder adquisitivo de la moneda, ya que el Banco Central deberá ejecutar la política cambiaria trazada por el Ministerio de Economía, al poner a la autoridad monetaria a las órdenes y necesidades del país y la economía real.

La propuesta enviada al Parlamento permitirá restituir las funciones que tenía la Carta Orgánica de 1973, que fue torpedeada desde la banca extranjera, el capital financiero y el Fondo Monetario.

POLIKARPO



¿Cuáles son los principales cambios para el BCRA?

“Un Banco Central para el desarrollo con equidad” Por Carlos Heller

La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central es un paso trascendente, porque implica desarmar una más de las herencias del neoliberalismo.
La Cámara de Diputados acaba de firmar el dictamen en mayoría sobre el proyecto de Modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Convertibilidad.
Conviene comenzar la discusión de este proyecto haciendo mención a las profecías catastróficas de la derecha que pueden resumirse en el título y texto de la editorial de La Nación del pasado 7 de marzo: “Ante la depredación de las reservas”.
Uno de los blancos de las críticas han sido las modificaciones a la Ley de Convertibilidad, que hasta ahora establece que las reservas del BCRA deben dedicarse a respaldar el 100% de la base monetaria, una rémora de un sistema que lanzó al país y a su sistema financiero a su crisis más profunda. A partir del proyecto, el BCRA establecerá el nivel de reservas internacionales necesario, y las reservas que superen este monto serán definidas como de libre disponibilidad, que son las utilizadas para los pagos de deuda externa del gobierno.
La derecha omite que: 1. Este pago de deuda externa con reservas se podrá hacer sólo si tiene “efecto monetario neutro”, es decir, sin emitir moneda; 2. La decisión del monto de deuda a pagar con reservas lo aprueba el Congreso por la Ley de Presupuesto Nacional; 3. Existen límites taxativos para que el BCRA financie al gobierno. Con estos datos, los discursos apologéticos sobre una próxima hiperinflación, la virtual desaparición de las reservas o el festival de préstamos al gobierno, se desmoronan como un castillo de naipes. En realidad, estos detractores siguen pensando en la Convertibilidad y el modelo de valorización financiera, al que desean melancólicamente volver.
Por eso critican desde su inicio el pago de deuda externa con reservas e identifican erróneamente a las reservas internacionales como el ahorro de los argentinos, para que sus argumentos sean más efectistas; la crítica no es desinteresada, desean lograr que la deuda se pague con endeudamiento externo o con ajuste fiscal, al estilo de los desafortunados planes que se están aplicando en Europa.

La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central es un paso trascendente, porque implica desarmar una más de las herencias del neoliberalismo, que dejaron una autoridad monetaria con una única preocupación por el valor de la moneda, totalmente aislada del resto de la economía. Lo expresó muy bien el entonces ministro Domingo Cavallo a través del mensaje de la Ley de 1992, al expresar que “la necesidad de estabilizar el signo monetario excede el marco de la equidad en la distribución de los recursos”.
Los nuevos objetivos del BCRA se estructuran en tres ejes fundamentales: 1. Además de la estabilidad monetaria, se incorpora el importante objetivo de promover la estabilidad financiera, que, como expuso Mercedes Marcó del Pont, es un propósito perseguido por otros países, a partir de la crisis financiera internacional, y figura en las normativas de Alemania, Brasil, Canadá, China y los Estados Unidos, entre otros; 2. El BCRA promoverá el empleo y el desarrollo económico con equidad, lo cual vincula a la autoridad monetaria con la economía real, uno de los objetivos perseguidos por la reforma, según lo comentó Cristina Fernández de Kirchner ante la Asamblea Legislativa; 3. Los objetivos deben tomarse en el marco de las políticas del gobierno nacional, es decir, orientar sus acciones según los planes de la autoridad elegida por el pueblo.
Este cambio de misión ubica al BCRA en línea con el resto de las políticas de gobierno, una cuestión de pura lógica, pues como sostengo hace años, no puede defenderse el valor de la moneda si el producto y el consumo caen, o el país está altamente endeudado con el exterior, o si hay un elevado porcentaje de personas sin ingresos.
Entre las nuevas funciones, se destaca la de “proveer a la protección de los derechos de los usuarios de servicios financieros y a la defensa de la competencia”, otro cambio sustancial, que coincide con los reclamos de la sociedad para que la autoridad monetaria defienda sus derechos ante las entidades del sistema financiero.
También se lo faculta para regular la cantidad de dinero y regular y orientar el crédito, función a la que se le ha incorporado –a partir de la discusión legislativa–, la función de regular las tasas de interés.
Esta mención nos lleva a otro tema, y es que el proyecto del Poder Ejecutivo estuvo abierto a la recepción de modificaciones y mejoras, y de esa manera se han realizado varios cambios, entre los que se incorpora en la misión del BCRA el objetivo de fomento del empleo.
Además, se amplía la regulación a otras actividades con efectos sobre el sistema financiero, como los sistemas de pago, las cámaras compensadoras y las remesadoras de fondos entre otras. También se potencia el rol de la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias, integrando sus funciones con la política monetaria.
Otra de las interesantes modificaciones aportadas por los diputados, se orienta a que cuando el BCRA autorice la apertura de nuevas sucursales bancarias, la misma se realice “propendiendo a ampliar la cobertura geográfica del sistema, atender las zonas con menor potencial económico y menor densidad poblacional, y promover el acceso universal de los usuarios a los servicios financieros”.
Decidí dejar para el final todas las modificaciones relativas al fomento del crédito. En todos estos años de aplicación de la Ley de Entidades Financieras, y de la actual Carta Orgánica del BCRA, el crédito no pudo dinamizarse, y nos ubica como uno de los países que menor financiamiento otorgan al sector privado, tanto a empresas como a familias.Si bien el financiamiento al sector privado ha aumentado desde el mínimo del 8% del PIB en 2003 al 15% en la actualidad, este último guarismo es el más bajo de América Latina, con Brasil cerca del 60%, Chile con el 75%, y un promedio para los países emergentes del 80% sobre el PIB.
Es entonces un gran logro colocar como obligaciones del directorio del BCRA, la de “regular las condiciones de crédito en términos de plazos, tasas de interés, comisiones y cargos de cualquier naturaleza, así como orientar su destino por medio de exigencias de reserva, encajes diferenciales u otros medios apropiados”. Durante el debate en las comisiones, y a instancias de los diputados, se agregó al dictamen de mayoría un nuevo inciso que hace referencia a “establecer políticas diferenciadas orientadas a las pymes y las economías regionales”, una cuestión ausente en el proyecto del Ejecutivo y que tiene un gran valor conceptual, puesto que hay que diferenciar el tratamiento de las grandes empresas que se financian en las metrópolis, respecto de las pymes, que poseen una problemática distinta y se financian y se radican, en buena medida, en las distintas regiones del país.
Entre las novedades sobre el crédito, se incorpora dentro de las operaciones del banco, la posibilidad de otorgar redescuentos “para promover la oferta de crédito a mediano y largo plazo, destinada a la inversión productiva”, proceso que se realizará a través de las instituciones del sistema financiero, pues el BCRA no otorga crédito directo al sector privado.
Se gesta así un Banco Central con capacidades para dinamizar y orientar el crédito, una herramienta esencial si se desea que el país continúe creciendo, mejorando la situación de sus pymes y sus habitantes.
Este es un apretado resumen de las modificaciones que generarán un importantísimo avance respecto de las regulaciones actuales, y que servirán para profundizar el modelo iniciado en 2003. <


FUNDAMENTOS HISTÓRICOS.

“Banco Central y modelo productivo” Por Mario Rapoport

La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central propuesta por el Gobierno no sólo responde a una necesidad coyuntural, cuyo objetivo es el de darle una mayor flexibilidad a la política del Banco, como ocurre en otros lados, incluso en los Estados Unidos, de modo que intervenga en la política económica del Gobierno y abandone su rol pasivo de limitarse a servir de respaldo a las variaciones del dólar. En realidad, forma parte de un proceso histórico en el que deberíamos detenernos para entender mejor qué significa la supresión de su grado de autonomía frente al gobierno nacional. Para ello es necesario señalar la vinculación entre el sistema monetario y financiero, antes todavía de la creación de BCRA y después, y las políticas económicas vigentes en cada período histórico.
En primer lugar, debemos remarcar que existe una notoria similitud entre las políticas económicas del período agroexportador, sobre todo entre 1880 y 1914, y las de la década de 1990, cuando se implementan las reformas en el BCRA. Durante la etapa en la que predomina el esquema agroexportador, la política monetaria era pasiva y se caracterizaba por el fuerte ingreso de capitales (sobre todo por medio de un endeudamiento creciente) y por el montaje y desarrollo de una estructura agropecuaria sustentada en las exportaciones, con un mercado mundial que necesitaba los productos argentinos. El país, a su vez, debía proveerse de bienes industriales pero también contar con un superávit comercial suficiente para cancelar el servicio de su deuda, lo cual no siempre resultaba posible.
El orden monetario trataba de sostenerse con la Caja de Conversión, adherida al sistema de patrón oro, y puesta en funcionamiento en los períodos 1881-1885; 1890-1913; y fugazmente entre agosto de 1927 y diciembre de 1929, cuando fue suspendida al estallar la crisis mundial. Además de otras funciones, la Caja de Conversión realizaba operaciones de cambio de pesos por oro y viceversa, a un tipo de cambio fijo, y ésta era la única fuente de emisión monetaria, aunque no siempre se cumplió estrictamente ese requisito. La Caja de Conversión garantizaba el valor estable de la moneda respecto del cambio extranjero, condición necesaria para asegurar los flujos de capital y especialmente las salidas de beneficios, amortizaciones e intereses de la deuda a valores constantes. Al mismo tiempo, protegía el ingreso de los sectores agroexportadores en momentos de auge evitando la revaluación del tipo de cambio.
La desarticulación del comercio y de las inversiones internacionales en la década de 1930 convencieron a la clase dirigente de la necesidad de separar los movimientos del oro de los de la moneda nacional, y de centralizar los instrumentos monetarios, crediticios y cambiarios en una única entidad: el Banco Central. Esa etapa coincide en la Argentina con el creciente predominio del proceso de industrialización, que tenía ciclos diferentes a los de los capitales internacionales y que funcionaba en un orden económico mundial de posguerra también distinto. El BCRA permitía hacer un manejo más flexible de la oferta monetaria y, aun con gobiernos con fuerte influencia del establishment ortodoxo, nunca estuvo en juego la idea de su independencia.
Sin embargo, las reformas neoliberales llevadas a cabo en el país desde los años ’70, pero con mayor vigor en los ’90, muestran un tipo de funcionamiento similar al del esquema agroexportador de fines del siglo XIX y principios del XX, dentro de una economía mundial cada vez más orientada al predominio de las finanzas sobre las actividades productivas. Con el objetivo aparente de estabilizar la economía y derrotar los procesos inflacionarios (o hiperinflacionarios), se estableció en la Argentina un modelo rentístico-financiero, basado en la libre movilidad de capitales y en la desregulación y privatización de la economía. Para garantizar tal cosa se dictó en 1991 la ley de convertibilidad y se estableció un año después la autonomía del BCRA, con el apoyo del FMI. El fuerte endeudamiento externo público acumulado desde 1976 había favorecido la vuelta a una economía agroexportadora y comenzado a generar un nuevo tipo de ciclos determinados por los flujos de capitales externos.
Otra vez, los períodos de expansión se asociaron al ingreso de divisas desde el exterior, lo que permitía sostener el déficit comercial creado por la propia expansión y por una moneda apreciada. Cuando esos flujos de capital se interrumpían, el ciclo entraba en su fase depresiva y el ajuste recesivo equilibraba paulatinamente las cuentas externas. El Banco Central mantenía el valor externo de la moneda, pero la deflación reforzaba el ajuste y la situación tardaba en recomponerse por el peso de los servicios de la deuda, aun cuando se transfirieran sumas enormes de recursos al exterior. Al menos, el tipo de cambio fijo, la convertibilidad y el manejo monetario del Banco Central autónomo evitaban cualquier tipo de inflación nominal, a costa de una creciente recesión económica y del aumento del desempleo y la pobreza.
Cuatro razones explican lo que ocurre en los ’90. Primero, la creciente sumisión de los bancos centrales latinoamericanos a los paquetes de estabilización del FMI, basados en políticas de deflación. Segundo, el hecho de que los grupos nacionales cosmopolitas cambiaron la composición de sus activos ampliando sus depósitos financieros en bancos extranjeros. Tercero, que la única garantía para los capitales que llegaban (y para las privatizaciones) fue esa casi dolarización o tasa de cambio fija. Su tarea consistía en mantener esta ficción y asegurar, cuando fuera necesario, la fuga de capitales de sectores locales y firmas extranjeras. Cuarto, contener un proceso inflacionario que desbordaba a los gobiernos locales.
Como resultante de todo lo anterior, el principal objetivo del Banco Central debía ser el de mantener el valor de la moneda. Esta meta única, se situaba por sobre cualquier otra que pudiera colisionar con ella –el crecimiento, el empleo, la pobreza–, aunque éste no constituía el caso de la Reserva Federal de los Estados Unidos (y la de otros países), que tienen en cuenta también esos objetivos. El resultado fue que todos los que adoptaron esa política en América latina tuvieron una profunda crisis financiera, como la que sufrió la Argentina en el 2001.
Ahora, las políticas económicas del país han cambiado y entramos en un nuevo ciclo productivo, caracterizado por la reducción del endeudamiento externo y la reindustrialización. La situación se parece mucho más al período que comienza a mediados de los años ’30 y finaliza con la dictadura militar y los instrumentos monetarios deben estar a tono con esa circunstancia. El tipo de cambio flotante, aunque administrado, tenía que llevar inevitablemente al fin de la convertibilidad automática, y las vigorosas políticas de desarrollo a la necesidad de poder utilizar el respaldo del Banco Central como eje del retorno a un modelo productivo y de libre disposición de las divisas para el pago de la deuda externa. No resulta similar a la reforma de 1946, cuando la nacionalización de los depósitos y la existencia de un Banco de Crédito Industrial facilitaban el apoyo crediticio a las actividades productivas. Pero la actual reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, aun manteniendo el sistema bancario vigente, tiene una explicación histórica que se corresponde con el modelo de país que se procura afianzar y cuyo desarrollo fue alterado negativamente, con graves consecuencias, por las reformas del ’90.

FUENTES:

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-189055-2012-03-07.html
http://www.noticiasargentinas.com/nuevosite/7756-marco-del-pont-reforma-nos-permitira-atacar-inflacion.html
http://tiempo.infonews.com/2012/03/04/argentina-69277-banco-central-volver-a-la-carta-organica-del-73.php
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-189340-2012-03-11.html
http://tiempo.infonews.com/2012/03/11/eco-69933-todo-listo-para-lograr-un-sistema-financiero-orientado-al-desarrollo.php
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-189110-2012-03-08.html
http://tiempo.infonews.com/2012/03/11/editorial-69990-un-banco-central-para--el-desarrollo-con-equidad.php

domingo, 1 de enero de 2012

¿Qué pasará con el Dólar en 2012?


A continuación ofrezco dos artículos que pronostican el futuro del Dólar en al economía argentina: el primero (Ámbito Financieri) analiza la performance actual y consulta a diversos analistas en la materia, el segundo (Tiempo Argentino) es una entrevista a la Presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. Según leemos en Ámbito: el 2011 fue un año con mucho movimiento en el mercado cambiario. A la tradicional incertidumbre de un año electoral, se sumaron los controles y restricciones del gobierno para intentar contener la fuga de divisas, la presión devaluatoria del Real durante algunos tramos del año y la crisis internacional. Este cocktail justificó un clásico: los ojos de los argentinos puestos en el billete verde todo el año. Por otra parte para la titular del Banco Central el año que viene el gobierno va a tener los dólares necesarios para pagar los compromisos de la deuda. Advierte también que de ninguna manera se está analizando un tipo de cambio diferencial. Y recordó que este papel lo cumplen hoy las retenciones. También dijo que hay que buscar otras herramientas para mejorar la competitividad. Bienvenidos al debate!

POLIKARPO


En año electoral, dólar trepó 31 centavos. Esperan un 2012 similar

El año arrancó con un dólar a $ 4,01 para la venta y lo cerró mansamente a $4,32, con una suba de 31 centavos. Es decir que pese a todas las variables, el peso sólo se devaluó 7,5% en el transcurso de 2011, un porcentaje medio teniendo en cuenta los años sucesivos a la salida de la convertibilidad (ver cuadro). Es más, la suba de los últimos días se debió exclusivamente a la fuerte compra de divisas que hizo el Banco Central para recuperar las reservas que cedió en el último trimestre para mantener la cotización.
"Históricamente en argentina en época electoral la gente ha preferido refugiarse en el dólar ante posibles avatares económicos. Este año no fue la excepción aunque quedó demostrado que haber elegido el dólar no fue la mejor elección en cuanto a rendimiento. Sin embargo, el argentino medio sigue eligiendo al dólar", destacó Claudio Burelli, responsable de la mesa de operaciones de Puente.
Para el economista Jose Luis Espert "se cierra un año donde finalmente la incertidumbre electoral no pesó tanto, pero esto se debe a la fuerte intervención del Banco Central". "El BCRA en un año de elecciones prefirió perder reservas a devaluar e incrementar así la tasa de inflación y la incertidumbre, algo que este Gobierno consideraba poco conveniente", destacó.
En misma línea, opinó el presidente de la consultora Abeceb.com, Dante Sica, al asegurar que "al Gobierno el tipo de cambio le ha funcionado como única ancla nominal contra la inflación. Si se mira lo que tiene que ver con el tipo de cambio multilateral, aún quedan márgenes para seguir utilizando el tipo de cambio como ancla".
Pero para mantener sostenida la cotización, también tuvo que resignar gran cantidad de reservas monetarias principalmente durante el mes de octubre, cuando la sangría fue de u$s 1.830 milllones. Se calcula que desde julio, cuando comenzaron algunos cimbronazos con la divisa, la entidad que dirige Mercedes Marcó del Pont tuvo que vender unos u$s 4.700 millones, aunque desde mediados de noviembre logró recuperar unos u$s 2.300 millones. Estos movimientos explican en gran parte que la autoridad monetaria haya comenzado el año con más de u$s 52.000 millones en reservas y lo termine con poco más de u$s 46.300 millones.
El mayor movimiento en el mercado cambiario llegó curiosamente luego de que se despejara el dilema presidencial. Alertado por la fuerte y sostenida fuga de capitales, a menos de una semana de la reelección de Cristina, el Gobierno decidió anestesiar la plaza con un fuerte control a las ventas lo que agregó ruido al mercado, pero ciertamente planchó la cotización en bancos y casas de cambio. Sin embargo, las restricciones de la AFIP potenciaron que muchos jugadores se volcaran al mercado paralelo y el dólar blue sobrepasó los $5 marcando una brecha inédita con el dólar oficial.
"Inicialmente los controles provocaron una demanda mayor del dólar porque la gente tenía una sensación de escasez, aunque con el tiempo se fue moderando estas tensiones. Sin embargo, no estoy seguro que la situación se haya normalizado", remarcó el ex secretario de Finanzas Daniel Marx.
Para Dante Sica a la larga las medidas lograron el efecto pretendido por el Gobierno, aunque dijo que "desde una visión más amplia, se percibe que en el país se está consolidando un mercado paralelo que de persistir podría agudizar las distorsiones en la economía, generando una mayor incertidumbre".
A pesar de que el último mes se desaceleró la fuga de divisas, se estima que este año se filtraron del sistema unos u$s 25.000 millones y los economistas advierten que es un ritmo insostenible.
"Las medidas de la AFIP, sumado a la estampida de tasas del último mes y a la demanda estacional del billetes hicieron que se fugaran menos capitales", admite Espert. Aunque resalta que "para el mes de febrero, cuando se de vuelta la demanda de pesos, vamos a ver realmente en qué punto estamos. Lo cierto es que no se puede seguir con un contexto de fuga de divisas en orden a 4 puntos del PBI".

Desdoblamiento

Otro condimento que tuvo el año dólar surgió desde los industriales y su idea de plantear la necesidad de un desdoblamiento del tipo de cambio. Algo que el propio presidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio De Mendiguren, deslizó durante una entrevista en Ambito de Debate, pero que luego desdijo. Lo cierto es que desde algunos sectores de Hacienda acercaron estudios sobre la posibilidad cierta de poner en marcha dos tipos de cambios diferenciales: uno bajo para bienes de capitales y bienes de la canasta básica y otro más alto para exportaciones de ciertos productos con el fin de aumentar la protección sobre la industria nacional.
Sobre la aplicación de dos valores para el dólar hay opiniones diversas. Para Daniel Marx "son cuestiones que en el corto plazo puede solucionar algunas distorsiones y podrían funcionar de forma limitada, pero al mediano o largo plazo estos instrumentos generarán tensiones e inconsistencias".
Para Espert, las medidas de la AFIP ya provocaron un desdoblamiento del tipo de cambio. "Durante principios de noviembre, cuando los controles eran muy duros, ya teníamos un desdoblamiento con un dólar oficial en $4,27 y otro paralelo en $5", sentenció.
Según Dante Sica, las experiencias locales y a nivel mundial de desdoblamiento del tipo de cambio han fracasado. No obstante asegura que "existe de cierta forma en la Argentina un tipo de cambio desdoblado a partir del esquema de retenciones y los impuestos al comercio exterior".

El dólar de 2012

Consultados por Ambito.com, diversos economistas dicen no vislumbrar hoy grandes variaciones en el mercado cambiario y algunos se animan a poner un número para cierre de 2012, siempre y cuando no se de un crack en Europa o Brasil no devalúe bruscamente.
"Para 2012 va a depender en parte de lo que pase afuera. Si Europa no se cae y sigue mas o menos como hoy, si no hay un quiebre en el euro, el mercado cambiario local va a ser muy parecido a 2011 con pérdida de reservas y un peso devaluándose en torno al 10%", asegura Espert.
Respecto a los factores a tener en cuenta para el mercado cambiario 2012, Daniel Marx remarca que "hay que atender a dos factores externos que son la dinámica de los términos de intercambio comercial y el comportamiento del tipo de cambio brasileño. También habrá que tener el cuenta el tipo de coherencia entre la política monetaria y las tasas de interés".
"El Gobierno va a necesitar, al menos en la primera parte del año, mantener el tipo de cambio estable. Seguramente las presiones para mejorar la competitividad a partir de la paridad cambiaria en la segunda parte del año van a generar un deslizamiento en la cotización, pero siempre de una manera muy controlada", asegura Dante Sica.
En tanto, para Claudio Burelli, "las expectativas ubican al dólar en un nivel algo superior a los $ 4,80 para fines del 2012". Y asegura que "la mayor cantidad de oferentes (exportadores, mineros y petroleros) y una mayor quietud desde el segmento demandante permitirá que el BCRA pueda seguir adquiriendo divisas en el mercado mayorista y de esta manera acumular y subir su nivel de reservas". Justamente para el año próximo, según se desprende de su informe monetario, la entidad prevé adquisiciones netas de divisas por u$s 9.000 millones.
Por lo pronto, el mercado también descuenta un primer trimestre tranquilo ya que en el último día operable del año, se cerraron operaciones cambiarias a fines de marzo a un precio de $ 4,41 por divisa, mientras que para diciembre cotizó a $4,94 en los futuros del Rofex. Siguiendo esta lógica nuevamente el Presupuesto luce desactualizado, ya que para fines de 2012 prevé un dólar a $4,40.

“La Argentina salió fortalecida de la última corrida cambiaria” Mercedes Marcó del Pont, entrevista:

Qué análisis hace del Programa Monetario 2012 del Banco Central?
–La proyección de la oferta de dinero que hicimos para 2012 lleva implícitos dos objetivos: acompañar el crecimiento económico y promover una recomposición de las relaciones de los agregados monetarios respecto del Producto Bruto Interno. Y la demanda de dinero está muy fuertemente asociada a lo que pase con el crecimiento económico y nuestra proyección supone una expansión de los medios de pago del orden del 26%, asociado a un crecimiento económico del 6,5 por ciento. Estamos previendo un buen año para la economía argentina y para la región. Hay un mundo que funciona a dos velocidades; por un lado los países centrales muestran un estancamiento y, por el otro lado, los países emergente evidencian un crecimiento más vigoroso, aunque con una desaceleración respecto del año 2011. El crecimiento de la Argentina va a estar impulsado porque Brasil y China, sus dos principales socios, van a tener una buena performance. China, quizás, creciendo un poquito menos pero con un vigoroso mercado interno, y Brasil va a crecer más de los previsto. Además, tenemos una región que se va a afianzar a partir de las consignas que se han planteado en el Mercosur, que es tratar de maximizar las posibilidades de comercio intraregional y la mayor complementariedad productiva.
–Llama la atención la diferencia entre las previsiones de crecimiento de algunas consultoras , que oscilan entre el 1 y el 4%, y la del Banco Central que prevé un 6,5%.
–Acá me voy a hacer la publicidad porque nosotros consideramos que la mejor consultora es el Banco Central. Cuando comparamos con la proyección de las principales consultoras en los últimos años respecto de la realidad lo que se ve claramente es que hay una enorme subestimación del crecimiento. Por ejemplo, Latinfocus tenía una expectativa de crecimiento en 2010 del 6,5%, nosotros proyectamos un 9,1% y al final el año cerró en un 9,2 por ciento. En 2011, esta consultora previó entre el 4,8 y el 5,4%, nosotros habíamos proyectado el 6,5% y nos quedamos cortos, fue del 8,9. Para el 2012 Latinfocus estimó un 3,8% y lo que he visto es que hay mucha revisión hacia la baja de muchas consultoras.
–¿A qué se lo atribuye?
–No se termina de entender bien la dinámica de los cambios estructurales registrados por la economía argentina y su enorme capacidad para seguir retroalimentando el crecimiento. Tampoco se analiza bien lo que pasa en las economías emergentes ni la importancia que tienen los mercados internos como motor fundamental de crecimiento. Sobre todo cuando se lo compara con los problemas enormes que tienen las economías desarrolladas para volver a crecer, porque tienen enormes deficiencia e insuficiencia de demanda. Entonces, por más que les den liquidez a los bancos existe un problema estructural de demanda, que tiene que ver con cuestiones redistributivas muy fuertes, con la concentración económica, con la reducción de los puestos de trabajo y con el aumento que se observa en la brecha de desigualdad que sufrieron en los últimos años los países desarrollados. Después uno mira lo que está ocurriendo en la Argentina, donde desde hace nueve años cada medida que asume el gobierno nacional tiene como objetivo último mejorar la situación de los trabajadores e impulsar la demanda agregada.
–Entonces, ¿existe un rechazo, por parte de algunos sectores económicos, al modelo económico?
–Hay muchas cosas que dan cuenta de una desinformación o un sesgo ideológico respecto de las transformaciones de fondo. La Argentina ha venido consolidando un proyecto económico que es muy sólido, que hay que ajustarlo, mejorarlo, que hay que hacerle sintonía fina. Pero que tiene una capacidad endógena de crecimiento, y que le ha permitido ampliar enormemente su capacidad para hacer política económica. Lo que ha significado acumulación de reservas, el uso de reservas, la regulación de la cuenta capital. La Argentina se aisló de todas las movidas especulativas y de los humores de los mercados financieros, lo que ha permitido eliminar el famoso descalce de monedas. Hay mucho de estos cambios estructurales que hablan de otro país.
–¿Usted cree que en este marco se inscriben la críticas que recibe el Banco Central sobre su alto nivel de emisión monetaria?
–Creo que son sectores básicamente con una concepción ideológica muy definida y minoritarios respecto de lo que hoy es el pensamiento económico. En los últimos años, producto de los cambios sociales y políticos, se produjo una renovación enorme del pensamiento económico, pero todavía hay sectores que comulgan con el pensamiento ortodoxo y neoliberal. Obviamente son sectores que defienden intereses concretos. No hay que ser ingenuos, las concepciones en materia económica siempre llevan adheridos un determinado interés. Y el neoliberalismo claramente fue el pensamiento que acompañó el proceso de valorización financiera. Pero hay otro pensamiento, cada vez más preocupado con lo que ocurra con la economía real, hemos recuperado el debate por el desarrollo, y ahí si tenemos que empezar a discutir el rol de los bancos centrales. Se cristalizó un determinado rol de los bancos centrales de la mano de un pensamiento económico que acompañó el proceso de desregulación y valorización financiera, que decidió que el Banco Central sólo debía ocuparse de la inflación; que el Banco Central piensa la inflación como un fenómeno determinado únicamente por el mal manejo de los políticos y la irresponsabilidad de las finanzas públicas o de las políticas expansionistas, y no vinculándolo a otras realidades que tienen que ver con problemas de ofertas, las pujas distributivas, la concentración económica y los oligopolios y a otras cosas que tienen que ver con la dinámica de los precios internos. Lo que se derrumbó es ese paradigma, que no estuvo una semanita, sino que está dirigiendo hace 30 años el mundo. Y los países en desarrollo están haciendo una revisión y Néstor en el 2003 fue tan categórico, hasta aquí llegó y vamos a hacer otra cosa. Por eso le pagamos al Fondo. Creo que hay toda una visión de los problemas económicos que fracasó en el mundo: el pensamiento tradicional, ortodoxo. Eso sigue insistiendo en la Argentina. Desde el Banco Central nos ocupamos de la estabilidad monetaria y financiera, pero entendemos que tiene que haber condiciones en el proceso de acumulación y distribución del ingreso que hagan viable esa estabilidad.
–¿Cuáles son los sectores en la Argentina a los que representan los intereses de los responsables de la última corrida cambiara que sufrió la Argentina?
–Son una mezcla de intereses. A veces determinados sectores corporativos atentan contra la misma nación porque alientan y promueven determinadas expectativas o información falsa distorsionada que podría generar tensiones y atentan contra la economía argentina, porque si uno recorre la historia recuerda que algunas de esas movidas se llevaron puestos algunos gobiernos. No quisiera determinarlos, porque son varios y están diseminados en distintas áreas del poder económico y político. Pero no les cayó la ficha que la Argentina es otro país y cambio cualitativamente, cuando nosotros decimos que la gobernabilidad se corresponde con cuestiones objetivas, estas cuestiones objetivas tiene que ver con que el Banco Central hoy tiene reservas suficientes, que no son reservas de deudas o de capitales de corto plazo, sino que son reservas del trabajo de los argentinos, del comercio exterior, porque en los ’90 también teníamos reservas que no eran nuestras. Esas reservas internacionales están para usarse, para pagar deuda pero también para demostrar que se puede conjurar cualquier tensión en el mercado de cambios. Que la Argentina ha crecido a partir del mercado interno, que es el factor explicativo del milagro del crecimiento económico argentino. Y que el mercado interno es el trabajo, es el empleo, son las políticas redistributivas que llevó adelante el gobierno en los últimos años.
–Desde la heterodoxia dicen que es imposible modificar este esquema de financiarización de la economía si no se produce en la Argentina una modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Entidades Financieras, que siguen vigentes.
–Los procesos de financiarización no se producen por determinadas leyes sino por la aplicación de ciertas políticas regulaciones, más integrales y que tiene que ver en el caso de la financiarización que ha sufrido el capitalismo, con políticas de cuneo neoliberal que han pensado que los mercados eran los mejores asignadores de recursos, que han desplazado al trabajo como el motor del crecimiento, que han convalidado procesos brutales de concentración de riqueza, que han dislocado gran parte de sus procesos productivo y que han vaciado de contenidos productivos a sus propias economías. Obviamente todo eso fue acompañado por un proceso de desregulación financiera que potenció esta fase de internacionalización financiera. En la Argentina fue un proceso que se inició con la dictadura en 1976, que colapsa con la Convertibilidad, y que se ha recompuesto en los últimos años. Acá la prioridad tiene que ser el mercado interno traccionado por el trabajo, nunca más la rentabilidad del negocio financiero puede estar por arriba al de la aplicación de ese recurso en la escala productiva. En el año 2005 la Argentina fue pionera en aplicar una regulación en la cuenta de capital donde deliberadamente se cerró el acceso al capital de corto plazo financiero. La Argentina puede decir cuánto vale la moneda y cuánto es la relación cambiaria respecto del dólar y otro países dependen de los humores del capital financiero de corto plazo.
–Pero el problema de la financiarización no lo podemos modificar, en cambio la estructura jurídica de los ’90 y los ’70, sí.
–La Ley de Entidades Financieras ha venido sufriendo modificaciones en los últimos años. La tenemos que cambiar porque es la ley de la dictadura, por eso la tenemos que discutir, y también la Carta Orgánica de Domingo Cavallo, porque elimina toda mención a un objetivo múltiple del BCRA que tenga que ver con el crecimiento y el empleo.
–El crédito sigue siendo escaso y caro en la Argentina, ¿qué medida se puede tomar para que esta situación se modifique en el corto plazo?
–Cada vez hay más crédito, sobre todo para los sectores de la producción. De hecho en el último año y medio ha crecido fuertemente al 49%, mayor que al crédito al consumo. Hay más créditos a las pequeñas y medianas empresas creció 2 puntos del PIB la relación crédito actividad económica . Tenemos que hacer esfuerzo por buscar más crédito a más largo plazo, siempre pensando que si queremos preservar el valor de la moneda, tenemos que garantizar que siga habiendo equilibrio en el sector externo para lo cual el crédito a la inversión es fundamental. Vamos a seguir trabajando sobre el canal del crédito, vamos a promover que haya más sujetos que puedan acceder al crédito.
–¿Qué análisis hace de la corrida cambiaria de noviembre último?
–Hay dos situaciones; una que fue muy previa a la salida de depósitos en dólares. A mediados de este año varias tapas de diarios, opinólogos y consultoras, decían: “el dólar está barato, se viene la devaluación, la Argentina no es competitiva”. Cuando Brasil devaluó un 17% decían: “esto explota no da más la relación bilateral es insostenible”, y cuando Brasil apreció un 10% ya eso ni se mencionaba. No tenían ninguna rigurosidad al, no entendían que a la Argentina le pega mucho más que Brasil no crezca, que Brasil devalúe. Esto fue previo porque cuando salió la muy buena decisión de que para comprar dólares sin destino específico había que mostrar capacidad fiscal, entonces empezó todo este “run run” de que se venía el corralito, se empezó a plantear como si el problema hubiera empezado con esa decisión y que nosotros éramos suicidas, y no se tomó en consideración que en realidad a partir de todas estas distorsiones informativas habían promovido y estimulado una fuerte dolarización de la sociedad. En otro momento histórico, una situación así hubiera complicado mucho la economía argentina. En algunos casos estas operaciones pretendieron marcarnos la cancha, en otros casos hubo animosidad política, otras lo hicieron para hacer daño, lo hicieron es que salimos fortalecidos. Quizás hoy tendríamos más reservas pero en términos de consistencias macroeconómicas, de proyecto, de la capacidad de reacción de la Argentina, sería interesante que la sociedad pudiera aprehender de lo ocurrido en las últimas semanas. Y lo que es importante es que estas medidas se asimilaron bien, que el mercado de cambio está funcionando normalmente, que vamos a terminar el año con un nivel de reservas internacionales muy buenos. También sirvió para romper este estigma de que si tenemos menos de U$S 50 mil millones de reservas estamos en el horno. Vamos a terminar con más de 46 mil millones y nuestra previsión es seguir recuperando en los últimos meses. En fin lo que no mata fortalece.
–La contracara es el tipo de cambio, muchos dicen que está barato.
–Nosotros tenemos mediciones y lo que nos está mostrando en términos multilaterales, ajustados por salarios, en términos bilaterales sigue siendo muy competitivo. Y si no les gusta las mediciones, midamos los resultados: lo que más crece en la Argentina es la industria.
–Pero ahora el crecimiento de la industria cayó un poco...
–La industria cayó en los últimos dos meses. Pero no por el tipo de cambio sino por una desaceleración en mercados vinculados a la industria automotriz. Creo que hay que despejar mucho sobre los factores que vienen incidiendo sobre la competitividad, sobre la posibilidad que viene de protegernos con respecto a los saldos exportables y los excesos de ofertas que hay en algunos países como en China. Nosotros seguimos viendo que lo que más crece son las exportaciones industriales.
–¿Hay que tener un tipo de cambio diferencial?
–De hecho ya existe. No estamos pensando para nada en un tipo de cambio diferencial porque ya existe un tipo de cambio para el sector agropecuario a partir de las retenciones y el tipo de cambio pleno que es para el resto de los sectores del sector productivo. Creo que es lo virtuoso que tiene la Argentina, que plantea un tipo de cambio distinto para el que exporta industria, que para el que exporta soja, y nos permite resguardarnos de la famosa enfermedad holandesa a la que están sujeto los países exportadores de las materias primas. El Banco Central puede definir el tipo de cambio en función de cuales son el conjunto de condiciones que se están viendo en términos de promoción de la monetización, del ahorro en pesos, de la competitividad. Pero hay que pensar en la competitividad no solamente vinculada al tipo de cambio. Creo que tenemos que buscar muchos más elementos cualitativos; la inversión, la modernización, la incorporación de tecnología, sin ignorar que tiene que haber un tipo de cambio que promueva la industrialización. Nosotros creemos que este tipo de cambio promueve la industrialización.
–¿Argentina tiene que salir a pedir dinero a los mercados este año?
–La cuestión del gap del financiamiento no se discute en el Banco Central, lo que sí que es importante tener en cuenta es que estamos previendo un sector externo que nos permitirá tener un saldo del mercado único de cambio de U$S 9000 millones que es más o menos lo que se necesita para pagar deuda el año que viene, por lo tanto sea con el instrumento que sea; fondo de desendeudamiento, excedente del sector público que compre los dólares. Estamos viendo el escenario de todo pago con dólares de la Argentina, nos deja en una situación neutra en materia de reservas internacionales el año que viene. Lo que no es una situación menor

FUENTE: www.ambito.com - http://tiempo.infonews.com/argentina

lunes, 14 de noviembre de 2011

TEMA DÓLAR (II): claves para comprar moneda extranjera, tipo de cambio y regulación

Los nuevos controles a la compra de dólares

José Sbatella, titular de la Unidad de Información Financiera, afirmó que "hay un intento de forzar el tipo de cambio y testear la capacidad de gobernabilidad del aparto financiero. Forzar el valor del dólar cuando hay una decisión de un plan".
Agregó que una devaluación no es viable porque "la economía internacional no está en condiciones para beneficiar al que devalúe porque hay muchos países en recesión". Acerca de los controles de la AFIP en la compra de dólares, reiteró en declaraciones radiales que "no está la prohibición de ahorrar porque uno puede tener stock, los activos pueden ser registrados en sus patrimoniales. Lo que sí empezó a tener una obligación auditada es de dónde sale el dinero que sale para hacer estas compras. Es una situación que antes no estaba y no tiene visos de que se vuelva atrás con todo el sistema". Y agregó que "hay 24 mil registrados que informan sobre las actividades financieras y el origen del dinero".
"Nos llama la atención que después de las elecciones cuando el rumbo económico iba a hacia un dólar administrado, donde el Banco Central lo ajusta diariamente, viene un ataque al valor del dólar. Los operadores más importantes, que son el 1 o 2% y que compran el 30%, tienen la facultad de retener la oferta e impulsar la demanda", sostuvo.
Según Sbatella, detrás de esta coyuntura económica "hay un objetivo político al estar en duda la conformación del próximo gabinete. Son pocos pero tienen la capacidad económica y tensan y pueden pedir un ministro de Economía ad hoc". "Es muy probable que esto se normalice", auguró.


Ecos lejanos del control de cambios

Las actuales medidas del Gobierno respecto de la compra de dólares poco tienen que ver con un pasado reciente que muchos argentinos, con razón, temen. Aunque otros compatriotas –réplicas de Funes, el memorioso, ese entrañable personaje de Borges– recuerden quizá un pasado más lejano también vinculado a otra crisis mundial y donde se aplicaron instrumentos más poderosos que los que se ponen en práctica ahora. Empecemos con el principio de la película. Hay fuga de capitales en el país, sí. Constituye un drenaje constante en los últimos tiempos, sí. ¿Pero esa fuga se debe a la inestabilidad de la economía argentina, a su falta de crecimiento, al no manejo adecuado de las variables macroeconómicas, a leyes heredadas de otras épocas? No, en lo esencial, sí en parte. Después del período más largo de crecimiento de la economía argentina desde la posguerra, con una mejor redistribución de los ingresos, en medio de una crisis mundial que hace tabla rasa en los países más poderosos, hay puntos fuertes y débiles.
Sin embargo, creer que nuestra situación, por la fuga de dólares, se asimila a cualquier coyuntura crítica padecida en pasado, como las más graves de 1981 y 2001, es casi inconcebible. Significa ignorar la actual performance de la economía argentina, que forma parte de la de los países emergentes; aquellos que en medio de una crisis mundial de envergadura, ya parangonada con la gran depresión de los años ’30, mantienen las mayores tasas de crecimiento económico en el mundo, lejos de los empobrecidos productores de dólares y euros. Cierto que en otros tiempos la fuga de dólares se debía a nuestro propio fracaso y que muchas multinacionales aprovecharon otras fugas, como las de información económica, para sacar su dinero del país, declarando, por ejemplo, una distribución anticipada de dividendos, caso Repsol, para evitar el corralito que se venía. Pero ahora las circunstancias son inversas. Es la Argentina la que de unos años a esta parte ha recuperado su economía, con altas tasas de rentabilidad en muchos sectores, de los que se benefician esas multinacionales que invierten en el país. Son, por el contrario, las economías norteamericana y europea, con bajas constantes en sus Bolsas, las que están en situación crítica y con rentabilidades caídas a pico. Ellos necesitan los dólares que nosotros podemos brindarles y por eso se los llevan, una vez ganados, a causa de nuestro éxito y no de nuestro fracaso.
Claro que en el lado oscuro tenemos una ley de inversiones extranjeras heredada de la dictadura militar, que debemos cambiar, y que les permite repatriar sus utilidades, hechas made in Argentina, sin ningún tipo de traba. Una parte de ello debe quedar en el país, sin duda, y el próximo Congreso debería dar cuenta de esa anomalía con las reformas necesarias. Este es uno de los puntos débiles que mencionaba antes. Con el aporte de esos capitales crecerá la tasa de inversión, lo que nos va a permitir respaldar mucho mejor los actuales índices de crecimiento en el largo plazo.
Pero no hablemos sólo de las multinacionales. El refugio en el dólar, para cuidar sus ahorros, aunque en los últimos años ha sido uno de los de menor rendimiento, forma parte de la cultura de muchos argentinos, sobre todo los de clase media, que hoy no se atreven como antes a hacer colas en las embajadas de España e Italia para irse del país (por el contrario, vuelven muchos de los que se fueron, habiendo perdido viviendas y ahorros allí), pero siguen apostando al “desteñido” dólar (aunque cada vez se ven sospechosamente con mayor frecuencia billetes nuevos recién emitidos, indicador inflacionista) en lugar de respaldar la moneda nacional, que le es propia. Cierto es, también, que habría que cambiar la ley de entidades financieras, otra herencia de la dictadura, y facilitar mucho más el crédito productivo para que esos argentinos se animen a invertir en la economía argentina. Aquí viven y aquí pueden cuidar sus ahorros con éxito, como lo hacen ya muchas empresas nacionales y extranjeras. Un elemento que ayudaría es ir desdolarizando la economía poco a poco, en la medida en que se recobre totalmente la confianza en el peso.
Y cerramos con un ejemplo histórico, ¿saben muchos que en medio de otra crisis mundial de envergadura, en los años ’30, frente a las descomunales pérdidas en el comercio exterior, un gobierno de derecha, conservador, estableció el control de cambios? Su funcionamiento se convirtió en una pieza clave para la regulación de los mercados en plena crisis. En su primera fase la Comisión de Control de Cambios, nombrada por el gobierno, estableció un régimen de prioridades para la venta de divisas: 1) necesidades públicas; 2) materias primas para las industrias nacionales, combustibles, artículos indispensables para el consumo; 3) pequeñas transferencias a inmigrantes, envíos a residentes en el extranjero, necesidades de viajeros; 4) mercaderías no imprescindibles (por ejemplo whisky o bebidas alcohólicas); 5) cancelación o amortización de deudas anteriores. En una segunda fase el tipo de cambio se desdobló: quienes necesitaran divisas podían obtenerlas por intermedio de la Comisión, o comprarlas en el mercado libre a un precio sensiblemente mayor. Este último funcionaba a manera de válvula de escape del sistema, nutriendo su oferta de moneda extranjera proveniente de las exportaciones no regulares, de las inversiones extranjeras directas y diversas tran-sacciones comerciales y financieras privadas. Ya no se limitaban las importaciones, aunque aquellas que no figuraban en la lista de prioridades debían soportar un tipo de cambio mucho más elevado que el oficial. Los exportadores estaban obligados a vender sus divisas a la Comisión a un tipo oficial de compra mientras que los importadores y aquellos que necesitaban efectuar pagos en el exterior debían, para adquirirlas, obtener permisos previos de la Comisión, fijándose diariamente el tipo vendedor por licitación entre los poseedores de permisos.
El significado de este mecanismo en la asignación de divisas por parte del gobierno permitió reorientar discrecionalmente el comercio exterior y fue también una importante fuente de ingresos fiscales como resultado de la diferencia entre los tipos de cambio comprador y vendedor. Una controlada devaluación del peso mejoró los ingresos de los exportadores complementando las medidas cambiarias y posibilitando la paulatina recuperación del sector externo. En el plano comercial se incrementaba la competitividad de las exportaciones y la rentabilidad de los exportadores desalentando el ingreso de importaciones, en su mayor parte de consumo, lo cual favorecía sobre todo a los sectores ligados a las actividades tradicionales. Pero el control de cambios constituyó un estímulo no despreciable para el proceso de industrialización que tuvo lugar en aquellos años. Lo que se hizo ahora fue blanquear a los posibles compradores de divisas, algo que el mismo Federico Pinedo, entonces ministro de Economía, un liberal con espíritu intervencionista, juzgaría demasiado tibio. Nada de qué asustarse: en comparación, la economía marcha hoy mucho mejor que en aquella época.
Por Mario Rapoport, Economista e historiador.

Las claves para comprar moneda extranjera

La persona que desea adquirir dólares debe comunicar su número de documento, CUIT o CUIL y en tiempo real se le informa qué monto está en condiciones de adquirir. El problema es que el Programa de Consultas de Operaciones Cambiarias (COC) que implementó la AFIP no explicita los criterios que toma en cuenta. La resolución 3210 sólo aclara que efectúa “evaluaciones sistémicas” sobre los datos ingresados para emitir una respuesta de acuerdo con la información obrante en sus bases de datos y el titular del organismo, Ricardo Echegaray, no quiso dar detalles en sus contactos con la prensa. Sin embargo, Página/12 accedió a la Matriz de Capacidad Económica que toma en cuenta la AFIP para definir cuántos dólares pueden comprar los distintos tipos de contribuyentes.
- Relación de dependencia. La AFIP aplica una fórmula que autoriza a los empleados en relación de dependencia a destinar a la compra de dólares el 42,5 por ciento de su ingreso neto, independientemente de cuál sea. No se le descuenta a cada trabajador sólo el salario mínimo porque el organismo recaudador supone que cuanto mayores son los ingresos, más son los gastos. Por lo tanto, si sólo restara de la capacidad económica del trabajador los 2300 pesos de salario mínimo estaría subestimando los gastos que realizan los estratos más altos para vivir.
- Monotributistas. En el régimen de monotributo las categorías son 11 (de la B a la L, con Ingresos Brutos anuales máximos que van desde 24.000 a 300.000 pesos). Tal como informó Página/12 ayer, para calcular cuántos dólares puede comprar cada contribuyente, al techo de ingresos de cada categoría se le descuenta el monto anualizado de los 2300 pesos mensuales correspondientes al salario mínimo (27.600 pesos), pues la AFIP supone que la persona destina al menos ese monto para vivir. Además, en las categorías que van de la E a la I, donde la incidencia del salario mínimo sobre el total de ingresos es muy baja, se aplica un tope equivalente al 50 por ciento del techo de facturación. Ese tope no rige en las tres categorías más altas (J, K y L) porque el porcentaje del ingreso que puede destinar cada contribuyente a la compra de dólares es más bajo debido a que están obligados a tener 1, 2 y 3 empleados como mínimo, respectivamente. El monto anual que se considera disponible para comprar dólares en cada categoría es el siguiente:
Categoría B: Nada
Categoría C: 8400 pesos
Categoría D: 20.400 pesos
Categoría E: 36.000 pesos
Categoría F: 48.000 pesos
Categoría G: 60.000 pesos
Categoría H: 72.000 pesos
Categoría I: 100.000 pesos
Categoría J: 70.500 pesos
Categoría K: 67.500 pesos
Categoría L: 60.000 pesos
- Responsables inscriptos. En este caso, para precisar la capacidad de compra de divisas se toma en cuenta la declaración jurada de Ganancias y Bienes Personales del año anterior y para el año actual se considera la declaración mensual de IVA donde figuran ingresos y gastos.
A los saldos que surgen en cada una de las categorías, hay que descontarles luego los pagos a la AFIP y a la Seguridad Social y las compras de moneda extranjera que el contribuyente ya haya realizado en el año. También pueden incidir en la capacidad de compra los ahorros del año anterior y las irregularidades con el fisco. Además, Echegaray advirtió ayer que la AFIP monitorea los consumos y en caso de detectar gastos que no se correspondan con la categoría declarada, también podría objetar la compra de divisas
Por Fernando Krakowiak
 FUENTE: http://www.pagina12.com.ar