"la comunicación bloguera K es más plebeya, más horizontal y, en condiciones distintas, más peronista. No está dirigida a los intelectuales y políticos que leen la prensa escrita tradicional y escriben para ella. Tienen un objetivo social disperso, extendido, como un haz que se amplía en círculo y gira ilunminando zonas hasta hace poco inertes o desatendidas" (Bety Sarlo)
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lunes, 12 de marzo de 2012
Reforma del Banco Central: ¿Para qué se usarán las reservas? ¿Habrá más inflación?
Sin duda uno de los principales anuncios de nuestra Presidenta, al inaugurar las sesiones ordinarias del año corriente en el Parlamento, es el anuncio del proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina. CLICK AQUÍ.
La medida es sumamente importante ya que su concreción conlleva la institucionalización de un modelo de país basado en la producción y el trabajo. Se trata como hemos visto de retomar los cauces de la industrialización, del crédito productivo y ponerle fin al modelo neoliberal que destruyó nuestro país, y hoy lleva a los países centrales a la recesión y el estancamiento.
Como lo ha expresado magistralmente el diputado Felletti: "Descolgamos el cuadro de Milton Friedman", y junto con él, de sus versiones “criollas”: Martínez de Hoz y Cavallo. En efecto la “independencia” de los Bancos Centrales aquí y en el mundo es una invención neoliberal, que se explica, como ilustrará el economista Rapoport, por la creciente sumisión de los bancos centrales latinoamericanos a los paquetes de estabilización del FMI en los 90´; luego por el hecho de que los grupos nacionales cosmopolitas cambiaron la composición de sus activos ampliando sus depósitos financieros en bancos extranjeros, dicha situación conlleva a que la única garantía para los capitales que llegaban (y para las privatizaciones) fue esa casi dolarización o tasa de cambio fija. De ahí entonces que la tarea de los Bancos Centrales en esa coyuntura fuera entendida meramente en mantener esta ficción y asegurar, cuando fuera necesario, la fuga de capitales de sectores locales y firmas extranjeras. Vale destacar también que el principal argumento con el cual se le daba sentido a las reformas propuestas era contener un proceso inflacionario que desbordaba a los gobiernos locales. Así el principal objetivo del Banco Central, desde esta óptica debía ser el de mantener el valor de la moneda. Esta meta única, se situaba por sobre cualquier otra que pudiera colisionar con ella: el crecimiento económico del país, el empleo, la pobreza y demás “efectos colaterales”.
Hoy atendemos a una coyuntura signada por las más altas tasas de crecimiento económico sostenido de nuestra historia, superávit comercial, desarrollo industrial, fuerte generación de empleo, desendeudamiento externo, ampliación del consumo de mercado interno, mejoras cuantitativas y cualitativas de exportaciones industriales y manufacturas agropecuarias, reversión lenta pero real de la reprimarización de exportaciones, así como el afianzamiento del proceso sustitutivo de importaciones. Esta realidad impone cambiar el elemento crediticio más importante de nuestra economía, ya que resulta insuficiente el actual esquema de intervención del BCRA en la economía. Se trata pues de ampliar el otrora objetivo único de preservación del valor de la moneda, a un triple mandato, incorporando la estabilidad financiera y el desarrollo económico con equidad social.
La meta anti-inflacionaria continúa, pero ahora con un más atinado diagnostico de su origen y las herramientas para contrarrestarlo, en efecto como lo ha dicho la Presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont: “Nosotros pensamos que los problemas con los precios tienen que ver con la oferta y la demanda, por lo que es necesario alentar el crédito para ir generando una mayor oferta y desconcentración de la producción (…) Vamos a ser consistentes con lo que nosotros pensamos sobre los precios y la polémica de la inflación que nada tiene que ver con la visión ortodoxa de la economía”.
El sentido profundo de la reforma, como lo ha dicho nuestra presidenta, esta ligado a que “(…) el Banco Central debe estar en función de la economía real, no tampoco para hacer cualquier zafarrancho. Por eso se mantiene la independencia de cualquier instrucción que pueda darle el gobierno central, pero no se le resta la posibilidad y la obligación de intervenir en la economía real para poder seguir sosteniendo crecimiento y trabajo”, en otros términos la nueva carta orgánica implicara: regular el crédito y los medios de pago a fin de crear condiciones que permitan mantener un desarrollo económico ordenado y creciente, con sentido social, un alto grado de ocupación y el poder adquisitivo de la moneda, ya que el Banco Central deberá ejecutar la política cambiaria trazada por el Ministerio de Economía, al poner a la autoridad monetaria a las órdenes y necesidades del país y la economía real.
La propuesta enviada al Parlamento permitirá restituir las funciones que tenía la Carta Orgánica de 1973, que fue torpedeada desde la banca extranjera, el capital financiero y el Fondo Monetario.
POLIKARPO
¿Cuáles son los principales cambios para el BCRA?
“Un Banco Central para el desarrollo con equidad” Por Carlos Heller
La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central es un paso trascendente, porque implica desarmar una más de las herencias del neoliberalismo.
La Cámara de Diputados acaba de firmar el dictamen en mayoría sobre el proyecto de Modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Convertibilidad.
Conviene comenzar la discusión de este proyecto haciendo mención a las profecías catastróficas de la derecha que pueden resumirse en el título y texto de la editorial de La Nación del pasado 7 de marzo: “Ante la depredación de las reservas”.
Uno de los blancos de las críticas han sido las modificaciones a la Ley de Convertibilidad, que hasta ahora establece que las reservas del BCRA deben dedicarse a respaldar el 100% de la base monetaria, una rémora de un sistema que lanzó al país y a su sistema financiero a su crisis más profunda. A partir del proyecto, el BCRA establecerá el nivel de reservas internacionales necesario, y las reservas que superen este monto serán definidas como de libre disponibilidad, que son las utilizadas para los pagos de deuda externa del gobierno.
La derecha omite que: 1. Este pago de deuda externa con reservas se podrá hacer sólo si tiene “efecto monetario neutro”, es decir, sin emitir moneda; 2. La decisión del monto de deuda a pagar con reservas lo aprueba el Congreso por la Ley de Presupuesto Nacional; 3. Existen límites taxativos para que el BCRA financie al gobierno. Con estos datos, los discursos apologéticos sobre una próxima hiperinflación, la virtual desaparición de las reservas o el festival de préstamos al gobierno, se desmoronan como un castillo de naipes. En realidad, estos detractores siguen pensando en la Convertibilidad y el modelo de valorización financiera, al que desean melancólicamente volver.
Por eso critican desde su inicio el pago de deuda externa con reservas e identifican erróneamente a las reservas internacionales como el ahorro de los argentinos, para que sus argumentos sean más efectistas; la crítica no es desinteresada, desean lograr que la deuda se pague con endeudamiento externo o con ajuste fiscal, al estilo de los desafortunados planes que se están aplicando en Europa.
La reforma a la Carta Orgánica del Banco Central es un paso trascendente, porque implica desarmar una más de las herencias del neoliberalismo, que dejaron una autoridad monetaria con una única preocupación por el valor de la moneda, totalmente aislada del resto de la economía. Lo expresó muy bien el entonces ministro Domingo Cavallo a través del mensaje de la Ley de 1992, al expresar que “la necesidad de estabilizar el signo monetario excede el marco de la equidad en la distribución de los recursos”.
Los nuevos objetivos del BCRA se estructuran en tres ejes fundamentales: 1. Además de la estabilidad monetaria, se incorpora el importante objetivo de promover la estabilidad financiera, que, como expuso Mercedes Marcó del Pont, es un propósito perseguido por otros países, a partir de la crisis financiera internacional, y figura en las normativas de Alemania, Brasil, Canadá, China y los Estados Unidos, entre otros; 2. El BCRA promoverá el empleo y el desarrollo económico con equidad, lo cual vincula a la autoridad monetaria con la economía real, uno de los objetivos perseguidos por la reforma, según lo comentó Cristina Fernández de Kirchner ante la Asamblea Legislativa; 3. Los objetivos deben tomarse en el marco de las políticas del gobierno nacional, es decir, orientar sus acciones según los planes de la autoridad elegida por el pueblo.
Este cambio de misión ubica al BCRA en línea con el resto de las políticas de gobierno, una cuestión de pura lógica, pues como sostengo hace años, no puede defenderse el valor de la moneda si el producto y el consumo caen, o el país está altamente endeudado con el exterior, o si hay un elevado porcentaje de personas sin ingresos.
Entre las nuevas funciones, se destaca la de “proveer a la protección de los derechos de los usuarios de servicios financieros y a la defensa de la competencia”, otro cambio sustancial, que coincide con los reclamos de la sociedad para que la autoridad monetaria defienda sus derechos ante las entidades del sistema financiero.
También se lo faculta para regular la cantidad de dinero y regular y orientar el crédito, función a la que se le ha incorporado –a partir de la discusión legislativa–, la función de regular las tasas de interés.
Esta mención nos lleva a otro tema, y es que el proyecto del Poder Ejecutivo estuvo abierto a la recepción de modificaciones y mejoras, y de esa manera se han realizado varios cambios, entre los que se incorpora en la misión del BCRA el objetivo de fomento del empleo.
Además, se amplía la regulación a otras actividades con efectos sobre el sistema financiero, como los sistemas de pago, las cámaras compensadoras y las remesadoras de fondos entre otras. También se potencia el rol de la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias, integrando sus funciones con la política monetaria.
Otra de las interesantes modificaciones aportadas por los diputados, se orienta a que cuando el BCRA autorice la apertura de nuevas sucursales bancarias, la misma se realice “propendiendo a ampliar la cobertura geográfica del sistema, atender las zonas con menor potencial económico y menor densidad poblacional, y promover el acceso universal de los usuarios a los servicios financieros”.
Decidí dejar para el final todas las modificaciones relativas al fomento del crédito. En todos estos años de aplicación de la Ley de Entidades Financieras, y de la actual Carta Orgánica del BCRA, el crédito no pudo dinamizarse, y nos ubica como uno de los países que menor financiamiento otorgan al sector privado, tanto a empresas como a familias.Si bien el financiamiento al sector privado ha aumentado desde el mínimo del 8% del PIB en 2003 al 15% en la actualidad, este último guarismo es el más bajo de América Latina, con Brasil cerca del 60%, Chile con el 75%, y un promedio para los países emergentes del 80% sobre el PIB.
Es entonces un gran logro colocar como obligaciones del directorio del BCRA, la de “regular las condiciones de crédito en términos de plazos, tasas de interés, comisiones y cargos de cualquier naturaleza, así como orientar su destino por medio de exigencias de reserva, encajes diferenciales u otros medios apropiados”. Durante el debate en las comisiones, y a instancias de los diputados, se agregó al dictamen de mayoría un nuevo inciso que hace referencia a “establecer políticas diferenciadas orientadas a las pymes y las economías regionales”, una cuestión ausente en el proyecto del Ejecutivo y que tiene un gran valor conceptual, puesto que hay que diferenciar el tratamiento de las grandes empresas que se financian en las metrópolis, respecto de las pymes, que poseen una problemática distinta y se financian y se radican, en buena medida, en las distintas regiones del país.
Entre las novedades sobre el crédito, se incorpora dentro de las operaciones del banco, la posibilidad de otorgar redescuentos “para promover la oferta de crédito a mediano y largo plazo, destinada a la inversión productiva”, proceso que se realizará a través de las instituciones del sistema financiero, pues el BCRA no otorga crédito directo al sector privado.
Se gesta así un Banco Central con capacidades para dinamizar y orientar el crédito, una herramienta esencial si se desea que el país continúe creciendo, mejorando la situación de sus pymes y sus habitantes.
Este es un apretado resumen de las modificaciones que generarán un importantísimo avance respecto de las regulaciones actuales, y que servirán para profundizar el modelo iniciado en 2003. <
FUNDAMENTOS HISTÓRICOS.
“Banco Central y modelo productivo” Por Mario Rapoport
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central propuesta por el Gobierno no sólo responde a una necesidad coyuntural, cuyo objetivo es el de darle una mayor flexibilidad a la política del Banco, como ocurre en otros lados, incluso en los Estados Unidos, de modo que intervenga en la política económica del Gobierno y abandone su rol pasivo de limitarse a servir de respaldo a las variaciones del dólar. En realidad, forma parte de un proceso histórico en el que deberíamos detenernos para entender mejor qué significa la supresión de su grado de autonomía frente al gobierno nacional. Para ello es necesario señalar la vinculación entre el sistema monetario y financiero, antes todavía de la creación de BCRA y después, y las políticas económicas vigentes en cada período histórico.
En primer lugar, debemos remarcar que existe una notoria similitud entre las políticas económicas del período agroexportador, sobre todo entre 1880 y 1914, y las de la década de 1990, cuando se implementan las reformas en el BCRA. Durante la etapa en la que predomina el esquema agroexportador, la política monetaria era pasiva y se caracterizaba por el fuerte ingreso de capitales (sobre todo por medio de un endeudamiento creciente) y por el montaje y desarrollo de una estructura agropecuaria sustentada en las exportaciones, con un mercado mundial que necesitaba los productos argentinos. El país, a su vez, debía proveerse de bienes industriales pero también contar con un superávit comercial suficiente para cancelar el servicio de su deuda, lo cual no siempre resultaba posible.
El orden monetario trataba de sostenerse con la Caja de Conversión, adherida al sistema de patrón oro, y puesta en funcionamiento en los períodos 1881-1885; 1890-1913; y fugazmente entre agosto de 1927 y diciembre de 1929, cuando fue suspendida al estallar la crisis mundial. Además de otras funciones, la Caja de Conversión realizaba operaciones de cambio de pesos por oro y viceversa, a un tipo de cambio fijo, y ésta era la única fuente de emisión monetaria, aunque no siempre se cumplió estrictamente ese requisito. La Caja de Conversión garantizaba el valor estable de la moneda respecto del cambio extranjero, condición necesaria para asegurar los flujos de capital y especialmente las salidas de beneficios, amortizaciones e intereses de la deuda a valores constantes. Al mismo tiempo, protegía el ingreso de los sectores agroexportadores en momentos de auge evitando la revaluación del tipo de cambio.
La desarticulación del comercio y de las inversiones internacionales en la década de 1930 convencieron a la clase dirigente de la necesidad de separar los movimientos del oro de los de la moneda nacional, y de centralizar los instrumentos monetarios, crediticios y cambiarios en una única entidad: el Banco Central. Esa etapa coincide en la Argentina con el creciente predominio del proceso de industrialización, que tenía ciclos diferentes a los de los capitales internacionales y que funcionaba en un orden económico mundial de posguerra también distinto. El BCRA permitía hacer un manejo más flexible de la oferta monetaria y, aun con gobiernos con fuerte influencia del establishment ortodoxo, nunca estuvo en juego la idea de su independencia.
Sin embargo, las reformas neoliberales llevadas a cabo en el país desde los años ’70, pero con mayor vigor en los ’90, muestran un tipo de funcionamiento similar al del esquema agroexportador de fines del siglo XIX y principios del XX, dentro de una economía mundial cada vez más orientada al predominio de las finanzas sobre las actividades productivas. Con el objetivo aparente de estabilizar la economía y derrotar los procesos inflacionarios (o hiperinflacionarios), se estableció en la Argentina un modelo rentístico-financiero, basado en la libre movilidad de capitales y en la desregulación y privatización de la economía. Para garantizar tal cosa se dictó en 1991 la ley de convertibilidad y se estableció un año después la autonomía del BCRA, con el apoyo del FMI. El fuerte endeudamiento externo público acumulado desde 1976 había favorecido la vuelta a una economía agroexportadora y comenzado a generar un nuevo tipo de ciclos determinados por los flujos de capitales externos.
Otra vez, los períodos de expansión se asociaron al ingreso de divisas desde el exterior, lo que permitía sostener el déficit comercial creado por la propia expansión y por una moneda apreciada. Cuando esos flujos de capital se interrumpían, el ciclo entraba en su fase depresiva y el ajuste recesivo equilibraba paulatinamente las cuentas externas. El Banco Central mantenía el valor externo de la moneda, pero la deflación reforzaba el ajuste y la situación tardaba en recomponerse por el peso de los servicios de la deuda, aun cuando se transfirieran sumas enormes de recursos al exterior. Al menos, el tipo de cambio fijo, la convertibilidad y el manejo monetario del Banco Central autónomo evitaban cualquier tipo de inflación nominal, a costa de una creciente recesión económica y del aumento del desempleo y la pobreza.
Cuatro razones explican lo que ocurre en los ’90. Primero, la creciente sumisión de los bancos centrales latinoamericanos a los paquetes de estabilización del FMI, basados en políticas de deflación. Segundo, el hecho de que los grupos nacionales cosmopolitas cambiaron la composición de sus activos ampliando sus depósitos financieros en bancos extranjeros. Tercero, que la única garantía para los capitales que llegaban (y para las privatizaciones) fue esa casi dolarización o tasa de cambio fija. Su tarea consistía en mantener esta ficción y asegurar, cuando fuera necesario, la fuga de capitales de sectores locales y firmas extranjeras. Cuarto, contener un proceso inflacionario que desbordaba a los gobiernos locales.
Como resultante de todo lo anterior, el principal objetivo del Banco Central debía ser el de mantener el valor de la moneda. Esta meta única, se situaba por sobre cualquier otra que pudiera colisionar con ella –el crecimiento, el empleo, la pobreza–, aunque éste no constituía el caso de la Reserva Federal de los Estados Unidos (y la de otros países), que tienen en cuenta también esos objetivos. El resultado fue que todos los que adoptaron esa política en América latina tuvieron una profunda crisis financiera, como la que sufrió la Argentina en el 2001.
Ahora, las políticas económicas del país han cambiado y entramos en un nuevo ciclo productivo, caracterizado por la reducción del endeudamiento externo y la reindustrialización. La situación se parece mucho más al período que comienza a mediados de los años ’30 y finaliza con la dictadura militar y los instrumentos monetarios deben estar a tono con esa circunstancia. El tipo de cambio flotante, aunque administrado, tenía que llevar inevitablemente al fin de la convertibilidad automática, y las vigorosas políticas de desarrollo a la necesidad de poder utilizar el respaldo del Banco Central como eje del retorno a un modelo productivo y de libre disposición de las divisas para el pago de la deuda externa. No resulta similar a la reforma de 1946, cuando la nacionalización de los depósitos y la existencia de un Banco de Crédito Industrial facilitaban el apoyo crediticio a las actividades productivas. Pero la actual reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, aun manteniendo el sistema bancario vigente, tiene una explicación histórica que se corresponde con el modelo de país que se procura afianzar y cuyo desarrollo fue alterado negativamente, con graves consecuencias, por las reformas del ’90.
FUENTES:
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-189055-2012-03-07.html
http://www.noticiasargentinas.com/nuevosite/7756-marco-del-pont-reforma-nos-permitira-atacar-inflacion.html
http://tiempo.infonews.com/2012/03/04/argentina-69277-banco-central-volver-a-la-carta-organica-del-73.php
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-189340-2012-03-11.html
http://tiempo.infonews.com/2012/03/11/eco-69933-todo-listo-para-lograr-un-sistema-financiero-orientado-al-desarrollo.php
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-189110-2012-03-08.html
http://tiempo.infonews.com/2012/03/11/editorial-69990-un-banco-central-para--el-desarrollo-con-equidad.php
domingo, 1 de enero de 2012
¿Qué pasará con el Dólar en 2012?
A continuación ofrezco dos artículos que pronostican el futuro del Dólar en al economía argentina: el primero (Ámbito Financieri) analiza la performance actual y consulta a diversos analistas en la materia, el segundo (Tiempo Argentino) es una entrevista a la Presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. Según leemos en Ámbito: el 2011 fue un año con mucho movimiento en el mercado cambiario. A la tradicional incertidumbre de un año electoral, se sumaron los controles y restricciones del gobierno para intentar contener la fuga de divisas, la presión devaluatoria del Real durante algunos tramos del año y la crisis internacional. Este cocktail justificó un clásico: los ojos de los argentinos puestos en el billete verde todo el año. Por otra parte para la titular del Banco Central el año que viene el gobierno va a tener los dólares necesarios para pagar los compromisos de la deuda. Advierte también que de ninguna manera se está analizando un tipo de cambio diferencial. Y recordó que este papel lo cumplen hoy las retenciones. También dijo que hay que buscar otras herramientas para mejorar la competitividad. Bienvenidos al debate!
POLIKARPO
En año electoral, dólar trepó 31 centavos. Esperan un 2012 similar
El año arrancó con un dólar a $ 4,01 para la venta y lo cerró mansamente a $4,32, con una suba de 31 centavos. Es decir que pese a todas las variables, el peso sólo se devaluó 7,5% en el transcurso de 2011, un porcentaje medio teniendo en cuenta los años sucesivos a la salida de la convertibilidad (ver cuadro). Es más, la suba de los últimos días se debió exclusivamente a la fuerte compra de divisas que hizo el Banco Central para recuperar las reservas que cedió en el último trimestre para mantener la cotización.
"Históricamente en argentina en época electoral la gente ha preferido refugiarse en el dólar ante posibles avatares económicos. Este año no fue la excepción aunque quedó demostrado que haber elegido el dólar no fue la mejor elección en cuanto a rendimiento. Sin embargo, el argentino medio sigue eligiendo al dólar", destacó Claudio Burelli, responsable de la mesa de operaciones de Puente.
Para el economista Jose Luis Espert "se cierra un año donde finalmente la incertidumbre electoral no pesó tanto, pero esto se debe a la fuerte intervención del Banco Central". "El BCRA en un año de elecciones prefirió perder reservas a devaluar e incrementar así la tasa de inflación y la incertidumbre, algo que este Gobierno consideraba poco conveniente", destacó.
En misma línea, opinó el presidente de la consultora Abeceb.com, Dante Sica, al asegurar que "al Gobierno el tipo de cambio le ha funcionado como única ancla nominal contra la inflación. Si se mira lo que tiene que ver con el tipo de cambio multilateral, aún quedan márgenes para seguir utilizando el tipo de cambio como ancla".
Pero para mantener sostenida la cotización, también tuvo que resignar gran cantidad de reservas monetarias principalmente durante el mes de octubre, cuando la sangría fue de u$s 1.830 milllones. Se calcula que desde julio, cuando comenzaron algunos cimbronazos con la divisa, la entidad que dirige Mercedes Marcó del Pont tuvo que vender unos u$s 4.700 millones, aunque desde mediados de noviembre logró recuperar unos u$s 2.300 millones. Estos movimientos explican en gran parte que la autoridad monetaria haya comenzado el año con más de u$s 52.000 millones en reservas y lo termine con poco más de u$s 46.300 millones.
El mayor movimiento en el mercado cambiario llegó curiosamente luego de que se despejara el dilema presidencial. Alertado por la fuerte y sostenida fuga de capitales, a menos de una semana de la reelección de Cristina, el Gobierno decidió anestesiar la plaza con un fuerte control a las ventas lo que agregó ruido al mercado, pero ciertamente planchó la cotización en bancos y casas de cambio. Sin embargo, las restricciones de la AFIP potenciaron que muchos jugadores se volcaran al mercado paralelo y el dólar blue sobrepasó los $5 marcando una brecha inédita con el dólar oficial.
"Inicialmente los controles provocaron una demanda mayor del dólar porque la gente tenía una sensación de escasez, aunque con el tiempo se fue moderando estas tensiones. Sin embargo, no estoy seguro que la situación se haya normalizado", remarcó el ex secretario de Finanzas Daniel Marx.
Para Dante Sica a la larga las medidas lograron el efecto pretendido por el Gobierno, aunque dijo que "desde una visión más amplia, se percibe que en el país se está consolidando un mercado paralelo que de persistir podría agudizar las distorsiones en la economía, generando una mayor incertidumbre".
A pesar de que el último mes se desaceleró la fuga de divisas, se estima que este año se filtraron del sistema unos u$s 25.000 millones y los economistas advierten que es un ritmo insostenible.
"Las medidas de la AFIP, sumado a la estampida de tasas del último mes y a la demanda estacional del billetes hicieron que se fugaran menos capitales", admite Espert. Aunque resalta que "para el mes de febrero, cuando se de vuelta la demanda de pesos, vamos a ver realmente en qué punto estamos. Lo cierto es que no se puede seguir con un contexto de fuga de divisas en orden a 4 puntos del PBI".
Desdoblamiento
Otro condimento que tuvo el año dólar surgió desde los industriales y su idea de plantear la necesidad de un desdoblamiento del tipo de cambio. Algo que el propio presidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio De Mendiguren, deslizó durante una entrevista en Ambito de Debate, pero que luego desdijo. Lo cierto es que desde algunos sectores de Hacienda acercaron estudios sobre la posibilidad cierta de poner en marcha dos tipos de cambios diferenciales: uno bajo para bienes de capitales y bienes de la canasta básica y otro más alto para exportaciones de ciertos productos con el fin de aumentar la protección sobre la industria nacional.
Sobre la aplicación de dos valores para el dólar hay opiniones diversas. Para Daniel Marx "son cuestiones que en el corto plazo puede solucionar algunas distorsiones y podrían funcionar de forma limitada, pero al mediano o largo plazo estos instrumentos generarán tensiones e inconsistencias".
Para Espert, las medidas de la AFIP ya provocaron un desdoblamiento del tipo de cambio. "Durante principios de noviembre, cuando los controles eran muy duros, ya teníamos un desdoblamiento con un dólar oficial en $4,27 y otro paralelo en $5", sentenció.
Según Dante Sica, las experiencias locales y a nivel mundial de desdoblamiento del tipo de cambio han fracasado. No obstante asegura que "existe de cierta forma en la Argentina un tipo de cambio desdoblado a partir del esquema de retenciones y los impuestos al comercio exterior".
El dólar de 2012
Consultados por Ambito.com, diversos economistas dicen no vislumbrar hoy grandes variaciones en el mercado cambiario y algunos se animan a poner un número para cierre de 2012, siempre y cuando no se de un crack en Europa o Brasil no devalúe bruscamente.
"Para 2012 va a depender en parte de lo que pase afuera. Si Europa no se cae y sigue mas o menos como hoy, si no hay un quiebre en el euro, el mercado cambiario local va a ser muy parecido a 2011 con pérdida de reservas y un peso devaluándose en torno al 10%", asegura Espert.
Respecto a los factores a tener en cuenta para el mercado cambiario 2012, Daniel Marx remarca que "hay que atender a dos factores externos que son la dinámica de los términos de intercambio comercial y el comportamiento del tipo de cambio brasileño. También habrá que tener el cuenta el tipo de coherencia entre la política monetaria y las tasas de interés".
"El Gobierno va a necesitar, al menos en la primera parte del año, mantener el tipo de cambio estable. Seguramente las presiones para mejorar la competitividad a partir de la paridad cambiaria en la segunda parte del año van a generar un deslizamiento en la cotización, pero siempre de una manera muy controlada", asegura Dante Sica.
En tanto, para Claudio Burelli, "las expectativas ubican al dólar en un nivel algo superior a los $ 4,80 para fines del 2012". Y asegura que "la mayor cantidad de oferentes (exportadores, mineros y petroleros) y una mayor quietud desde el segmento demandante permitirá que el BCRA pueda seguir adquiriendo divisas en el mercado mayorista y de esta manera acumular y subir su nivel de reservas". Justamente para el año próximo, según se desprende de su informe monetario, la entidad prevé adquisiciones netas de divisas por u$s 9.000 millones.
Por lo pronto, el mercado también descuenta un primer trimestre tranquilo ya que en el último día operable del año, se cerraron operaciones cambiarias a fines de marzo a un precio de $ 4,41 por divisa, mientras que para diciembre cotizó a $4,94 en los futuros del Rofex. Siguiendo esta lógica nuevamente el Presupuesto luce desactualizado, ya que para fines de 2012 prevé un dólar a $4,40.
“La Argentina salió fortalecida de la última corrida cambiaria” Mercedes Marcó del Pont, entrevista:
Qué análisis hace del Programa Monetario 2012 del Banco Central?
–La proyección de la oferta de dinero que hicimos para 2012 lleva implícitos dos objetivos: acompañar el crecimiento económico y promover una recomposición de las relaciones de los agregados monetarios respecto del Producto Bruto Interno. Y la demanda de dinero está muy fuertemente asociada a lo que pase con el crecimiento económico y nuestra proyección supone una expansión de los medios de pago del orden del 26%, asociado a un crecimiento económico del 6,5 por ciento. Estamos previendo un buen año para la economía argentina y para la región. Hay un mundo que funciona a dos velocidades; por un lado los países centrales muestran un estancamiento y, por el otro lado, los países emergente evidencian un crecimiento más vigoroso, aunque con una desaceleración respecto del año 2011. El crecimiento de la Argentina va a estar impulsado porque Brasil y China, sus dos principales socios, van a tener una buena performance. China, quizás, creciendo un poquito menos pero con un vigoroso mercado interno, y Brasil va a crecer más de los previsto. Además, tenemos una región que se va a afianzar a partir de las consignas que se han planteado en el Mercosur, que es tratar de maximizar las posibilidades de comercio intraregional y la mayor complementariedad productiva.
–Llama la atención la diferencia entre las previsiones de crecimiento de algunas consultoras , que oscilan entre el 1 y el 4%, y la del Banco Central que prevé un 6,5%.
–Acá me voy a hacer la publicidad porque nosotros consideramos que la mejor consultora es el Banco Central. Cuando comparamos con la proyección de las principales consultoras en los últimos años respecto de la realidad lo que se ve claramente es que hay una enorme subestimación del crecimiento. Por ejemplo, Latinfocus tenía una expectativa de crecimiento en 2010 del 6,5%, nosotros proyectamos un 9,1% y al final el año cerró en un 9,2 por ciento. En 2011, esta consultora previó entre el 4,8 y el 5,4%, nosotros habíamos proyectado el 6,5% y nos quedamos cortos, fue del 8,9. Para el 2012 Latinfocus estimó un 3,8% y lo que he visto es que hay mucha revisión hacia la baja de muchas consultoras.
–¿A qué se lo atribuye?
–No se termina de entender bien la dinámica de los cambios estructurales registrados por la economía argentina y su enorme capacidad para seguir retroalimentando el crecimiento. Tampoco se analiza bien lo que pasa en las economías emergentes ni la importancia que tienen los mercados internos como motor fundamental de crecimiento. Sobre todo cuando se lo compara con los problemas enormes que tienen las economías desarrolladas para volver a crecer, porque tienen enormes deficiencia e insuficiencia de demanda. Entonces, por más que les den liquidez a los bancos existe un problema estructural de demanda, que tiene que ver con cuestiones redistributivas muy fuertes, con la concentración económica, con la reducción de los puestos de trabajo y con el aumento que se observa en la brecha de desigualdad que sufrieron en los últimos años los países desarrollados. Después uno mira lo que está ocurriendo en la Argentina, donde desde hace nueve años cada medida que asume el gobierno nacional tiene como objetivo último mejorar la situación de los trabajadores e impulsar la demanda agregada.
–Entonces, ¿existe un rechazo, por parte de algunos sectores económicos, al modelo económico?
–Hay muchas cosas que dan cuenta de una desinformación o un sesgo ideológico respecto de las transformaciones de fondo. La Argentina ha venido consolidando un proyecto económico que es muy sólido, que hay que ajustarlo, mejorarlo, que hay que hacerle sintonía fina. Pero que tiene una capacidad endógena de crecimiento, y que le ha permitido ampliar enormemente su capacidad para hacer política económica. Lo que ha significado acumulación de reservas, el uso de reservas, la regulación de la cuenta capital. La Argentina se aisló de todas las movidas especulativas y de los humores de los mercados financieros, lo que ha permitido eliminar el famoso descalce de monedas. Hay mucho de estos cambios estructurales que hablan de otro país.
–¿Usted cree que en este marco se inscriben la críticas que recibe el Banco Central sobre su alto nivel de emisión monetaria?
–Creo que son sectores básicamente con una concepción ideológica muy definida y minoritarios respecto de lo que hoy es el pensamiento económico. En los últimos años, producto de los cambios sociales y políticos, se produjo una renovación enorme del pensamiento económico, pero todavía hay sectores que comulgan con el pensamiento ortodoxo y neoliberal. Obviamente son sectores que defienden intereses concretos. No hay que ser ingenuos, las concepciones en materia económica siempre llevan adheridos un determinado interés. Y el neoliberalismo claramente fue el pensamiento que acompañó el proceso de valorización financiera. Pero hay otro pensamiento, cada vez más preocupado con lo que ocurra con la economía real, hemos recuperado el debate por el desarrollo, y ahí si tenemos que empezar a discutir el rol de los bancos centrales. Se cristalizó un determinado rol de los bancos centrales de la mano de un pensamiento económico que acompañó el proceso de desregulación y valorización financiera, que decidió que el Banco Central sólo debía ocuparse de la inflación; que el Banco Central piensa la inflación como un fenómeno determinado únicamente por el mal manejo de los políticos y la irresponsabilidad de las finanzas públicas o de las políticas expansionistas, y no vinculándolo a otras realidades que tienen que ver con problemas de ofertas, las pujas distributivas, la concentración económica y los oligopolios y a otras cosas que tienen que ver con la dinámica de los precios internos. Lo que se derrumbó es ese paradigma, que no estuvo una semanita, sino que está dirigiendo hace 30 años el mundo. Y los países en desarrollo están haciendo una revisión y Néstor en el 2003 fue tan categórico, hasta aquí llegó y vamos a hacer otra cosa. Por eso le pagamos al Fondo. Creo que hay toda una visión de los problemas económicos que fracasó en el mundo: el pensamiento tradicional, ortodoxo. Eso sigue insistiendo en la Argentina. Desde el Banco Central nos ocupamos de la estabilidad monetaria y financiera, pero entendemos que tiene que haber condiciones en el proceso de acumulación y distribución del ingreso que hagan viable esa estabilidad.
–¿Cuáles son los sectores en la Argentina a los que representan los intereses de los responsables de la última corrida cambiara que sufrió la Argentina?
–Son una mezcla de intereses. A veces determinados sectores corporativos atentan contra la misma nación porque alientan y promueven determinadas expectativas o información falsa distorsionada que podría generar tensiones y atentan contra la economía argentina, porque si uno recorre la historia recuerda que algunas de esas movidas se llevaron puestos algunos gobiernos. No quisiera determinarlos, porque son varios y están diseminados en distintas áreas del poder económico y político. Pero no les cayó la ficha que la Argentina es otro país y cambio cualitativamente, cuando nosotros decimos que la gobernabilidad se corresponde con cuestiones objetivas, estas cuestiones objetivas tiene que ver con que el Banco Central hoy tiene reservas suficientes, que no son reservas de deudas o de capitales de corto plazo, sino que son reservas del trabajo de los argentinos, del comercio exterior, porque en los ’90 también teníamos reservas que no eran nuestras. Esas reservas internacionales están para usarse, para pagar deuda pero también para demostrar que se puede conjurar cualquier tensión en el mercado de cambios. Que la Argentina ha crecido a partir del mercado interno, que es el factor explicativo del milagro del crecimiento económico argentino. Y que el mercado interno es el trabajo, es el empleo, son las políticas redistributivas que llevó adelante el gobierno en los últimos años.
–Desde la heterodoxia dicen que es imposible modificar este esquema de financiarización de la economía si no se produce en la Argentina una modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Entidades Financieras, que siguen vigentes.
–Los procesos de financiarización no se producen por determinadas leyes sino por la aplicación de ciertas políticas regulaciones, más integrales y que tiene que ver en el caso de la financiarización que ha sufrido el capitalismo, con políticas de cuneo neoliberal que han pensado que los mercados eran los mejores asignadores de recursos, que han desplazado al trabajo como el motor del crecimiento, que han convalidado procesos brutales de concentración de riqueza, que han dislocado gran parte de sus procesos productivo y que han vaciado de contenidos productivos a sus propias economías. Obviamente todo eso fue acompañado por un proceso de desregulación financiera que potenció esta fase de internacionalización financiera. En la Argentina fue un proceso que se inició con la dictadura en 1976, que colapsa con la Convertibilidad, y que se ha recompuesto en los últimos años. Acá la prioridad tiene que ser el mercado interno traccionado por el trabajo, nunca más la rentabilidad del negocio financiero puede estar por arriba al de la aplicación de ese recurso en la escala productiva. En el año 2005 la Argentina fue pionera en aplicar una regulación en la cuenta de capital donde deliberadamente se cerró el acceso al capital de corto plazo financiero. La Argentina puede decir cuánto vale la moneda y cuánto es la relación cambiaria respecto del dólar y otro países dependen de los humores del capital financiero de corto plazo.
–Pero el problema de la financiarización no lo podemos modificar, en cambio la estructura jurídica de los ’90 y los ’70, sí.
–La Ley de Entidades Financieras ha venido sufriendo modificaciones en los últimos años. La tenemos que cambiar porque es la ley de la dictadura, por eso la tenemos que discutir, y también la Carta Orgánica de Domingo Cavallo, porque elimina toda mención a un objetivo múltiple del BCRA que tenga que ver con el crecimiento y el empleo.
–El crédito sigue siendo escaso y caro en la Argentina, ¿qué medida se puede tomar para que esta situación se modifique en el corto plazo?
–Cada vez hay más crédito, sobre todo para los sectores de la producción. De hecho en el último año y medio ha crecido fuertemente al 49%, mayor que al crédito al consumo. Hay más créditos a las pequeñas y medianas empresas creció 2 puntos del PIB la relación crédito actividad económica . Tenemos que hacer esfuerzo por buscar más crédito a más largo plazo, siempre pensando que si queremos preservar el valor de la moneda, tenemos que garantizar que siga habiendo equilibrio en el sector externo para lo cual el crédito a la inversión es fundamental. Vamos a seguir trabajando sobre el canal del crédito, vamos a promover que haya más sujetos que puedan acceder al crédito.
–¿Qué análisis hace de la corrida cambiaria de noviembre último?
–Hay dos situaciones; una que fue muy previa a la salida de depósitos en dólares. A mediados de este año varias tapas de diarios, opinólogos y consultoras, decían: “el dólar está barato, se viene la devaluación, la Argentina no es competitiva”. Cuando Brasil devaluó un 17% decían: “esto explota no da más la relación bilateral es insostenible”, y cuando Brasil apreció un 10% ya eso ni se mencionaba. No tenían ninguna rigurosidad al, no entendían que a la Argentina le pega mucho más que Brasil no crezca, que Brasil devalúe. Esto fue previo porque cuando salió la muy buena decisión de que para comprar dólares sin destino específico había que mostrar capacidad fiscal, entonces empezó todo este “run run” de que se venía el corralito, se empezó a plantear como si el problema hubiera empezado con esa decisión y que nosotros éramos suicidas, y no se tomó en consideración que en realidad a partir de todas estas distorsiones informativas habían promovido y estimulado una fuerte dolarización de la sociedad. En otro momento histórico, una situación así hubiera complicado mucho la economía argentina. En algunos casos estas operaciones pretendieron marcarnos la cancha, en otros casos hubo animosidad política, otras lo hicieron para hacer daño, lo hicieron es que salimos fortalecidos. Quizás hoy tendríamos más reservas pero en términos de consistencias macroeconómicas, de proyecto, de la capacidad de reacción de la Argentina, sería interesante que la sociedad pudiera aprehender de lo ocurrido en las últimas semanas. Y lo que es importante es que estas medidas se asimilaron bien, que el mercado de cambio está funcionando normalmente, que vamos a terminar el año con un nivel de reservas internacionales muy buenos. También sirvió para romper este estigma de que si tenemos menos de U$S 50 mil millones de reservas estamos en el horno. Vamos a terminar con más de 46 mil millones y nuestra previsión es seguir recuperando en los últimos meses. En fin lo que no mata fortalece.
–La contracara es el tipo de cambio, muchos dicen que está barato.
–Nosotros tenemos mediciones y lo que nos está mostrando en términos multilaterales, ajustados por salarios, en términos bilaterales sigue siendo muy competitivo. Y si no les gusta las mediciones, midamos los resultados: lo que más crece en la Argentina es la industria.
–Pero ahora el crecimiento de la industria cayó un poco...
–La industria cayó en los últimos dos meses. Pero no por el tipo de cambio sino por una desaceleración en mercados vinculados a la industria automotriz. Creo que hay que despejar mucho sobre los factores que vienen incidiendo sobre la competitividad, sobre la posibilidad que viene de protegernos con respecto a los saldos exportables y los excesos de ofertas que hay en algunos países como en China. Nosotros seguimos viendo que lo que más crece son las exportaciones industriales.
–¿Hay que tener un tipo de cambio diferencial?
–De hecho ya existe. No estamos pensando para nada en un tipo de cambio diferencial porque ya existe un tipo de cambio para el sector agropecuario a partir de las retenciones y el tipo de cambio pleno que es para el resto de los sectores del sector productivo. Creo que es lo virtuoso que tiene la Argentina, que plantea un tipo de cambio distinto para el que exporta industria, que para el que exporta soja, y nos permite resguardarnos de la famosa enfermedad holandesa a la que están sujeto los países exportadores de las materias primas. El Banco Central puede definir el tipo de cambio en función de cuales son el conjunto de condiciones que se están viendo en términos de promoción de la monetización, del ahorro en pesos, de la competitividad. Pero hay que pensar en la competitividad no solamente vinculada al tipo de cambio. Creo que tenemos que buscar muchos más elementos cualitativos; la inversión, la modernización, la incorporación de tecnología, sin ignorar que tiene que haber un tipo de cambio que promueva la industrialización. Nosotros creemos que este tipo de cambio promueve la industrialización.
–¿Argentina tiene que salir a pedir dinero a los mercados este año?
–La cuestión del gap del financiamiento no se discute en el Banco Central, lo que sí que es importante tener en cuenta es que estamos previendo un sector externo que nos permitirá tener un saldo del mercado único de cambio de U$S 9000 millones que es más o menos lo que se necesita para pagar deuda el año que viene, por lo tanto sea con el instrumento que sea; fondo de desendeudamiento, excedente del sector público que compre los dólares. Estamos viendo el escenario de todo pago con dólares de la Argentina, nos deja en una situación neutra en materia de reservas internacionales el año que viene. Lo que no es una situación menor
FUENTE: www.ambito.com - http://tiempo.infonews.com/argentina
jueves, 17 de noviembre de 2011
"SOY DE LA MITAD DEL PAIS QUE MANTIENE A LA OTRA MITAD"
La frase con la que encabezamos este artículo es la corona de las zonceras de sentido común con las que se enbanderan ciertos sectores de la clase media. Los mismos son muy solidarios con las grandes corporaciones y sectores de más altos ingresos, se conmueven profundamente por los ingresos de los exportadores-agrarios, y hace poco salieron a defender el legítimo derecho de las grandes compañías de lavar divisas y remitirlas al extranjero, y así desbalancear el equilibrio fiscal del país que los enriquece y volverlo a someter al círculo vicioso de la deuda externa.
Pues bien me imagino que así como se indignan ante la inversión del Estado en materia social: desde educación hasta la Asignación Universal por Hijo, hoy estarán contentos porque desde el Gobierno Nacional se ha procedido con un acto de profunda justicia social, así como de actualización y re-orientación de la inversión pública. En efecto los sectores que más ingresos tienen, veían subsiadas las tarifas por aquellos sectores que ni gas ni agua tienen, o que gracias al espectacular crecimiento del país han empezado ha gozar desde los años mas recientes.
Por eso comparto nuevamente mi humilde postura, y me encantaría que esta clase media, que por cierto debo ser la oveja negra de la misma, apoyé esta medida con el mismo fervor con que apoyaron al agro, y exijan quitar más subsidios como por ejemplo: las jubilaciones de privilegio a la jerarquía católica.
Estos sectores añoran al menemismo, celebraron a Piñeyra en Chile, miran con asombro como la "civilización" (Europa y USA) afrontan la destrucción del empleo y la educación a través de verdaderos ajustes, pero confían en que esas recetas funcionarán tan bien allá como aquí en el 2001. En fin son los mismos que esperan con ansiasas al Piñeyra "porteño", al Freddy Mercuri sin voz ni ritmo, al Berlusconi "moralista", que ahora le gusta la "filosfía griega" (la de ahora), y que también es Popular (como el próximo gobierno diestro de la España)... en fin Mauri 2015 el retorno a los 90, para poner al país en sintonía con el "mundo".
POLIKARPO
Gobierno ratifica que tras quita de subsidios no habrá aumento en la tarifa
El Gobierno nacional aseguró que la quita de subsidios sobre las facturas de electricidad, agua y gas que pagan los sectores de mayores ingresos, no implica un aumento de tarifas.
"No hay ningún aumento de tarifas como dicen algunos medios. Lo que hay es una quita de subsidios", sostuvo el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta.
En declaraciones a radio La Red, Baratta señaló que "el precio del kilowatt de electricidad o del metro cúbico de gas va a seguir siendo el mismo" para los usuarios afectados.
"Es que las empresas de servicios van a tener que seguir cobrando lo que cobran hoy", afirmó el funcionario, pero aclaró: "Van a ser los usuarios quienes van a decidir si necesitan o no los subsidios" a los servicios públicos.
Según Baratta, la intención del Gobierno con los sectores de mayores ingresos es que "en forma voluntaria y de buena fe" declaren si realmente necesitan ser subsidiados en sus consumos de electricidad, gas y agua.
Con el dinero ahorrado por este concepto -que en la Casa Rosada estiman en 468 millones de pesos- "vamos a lograr una personalización y transparencia del sistema de subsidios, lo cual va a provocar una mayor equidad".
"El objetivo es que mucha más gente tenga servicios básicos", añadió.
La quita a los hogares de mayor poder adquisitivo será aplicada desde el primero de enero de 2012 y afectará en principio a las zonas porteñas de Barrio Parque y Puerto Madero y a los countries de todo el país.
Son unos 232 mil usuarios porteños, a los que se irán sumando vecinos de otros barrios hasta llegar al Gran Buenos Aires y luego a las demás provincias.
En este marco, Baratta evaluó que la quita de subsidios se produce recién ahora porque "vivimos ocho años de crecimiento continuo, la gente tiene mejor calidad de vida y la industria logró una mayor competitividad, síntomas que traen beneficios importantes para el país".
El funcionario garantizó que la Comisión de los Ministerios de Planificación y Economía que está encargada de revisar todo el sistema de subsidios estatales "seguirá estudiando caso por caso" para determinar nuevas quitas.
"No hay ningún aumento de tarifas como dicen algunos medios. Lo que hay es una quita de subsidios", sostuvo el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta.
En declaraciones a radio La Red, Baratta señaló que "el precio del kilowatt de electricidad o del metro cúbico de gas va a seguir siendo el mismo" para los usuarios afectados.
"Es que las empresas de servicios van a tener que seguir cobrando lo que cobran hoy", afirmó el funcionario, pero aclaró: "Van a ser los usuarios quienes van a decidir si necesitan o no los subsidios" a los servicios públicos.
Según Baratta, la intención del Gobierno con los sectores de mayores ingresos es que "en forma voluntaria y de buena fe" declaren si realmente necesitan ser subsidiados en sus consumos de electricidad, gas y agua.
Con el dinero ahorrado por este concepto -que en la Casa Rosada estiman en 468 millones de pesos- "vamos a lograr una personalización y transparencia del sistema de subsidios, lo cual va a provocar una mayor equidad".
"El objetivo es que mucha más gente tenga servicios básicos", añadió.
La quita a los hogares de mayor poder adquisitivo será aplicada desde el primero de enero de 2012 y afectará en principio a las zonas porteñas de Barrio Parque y Puerto Madero y a los countries de todo el país.
Son unos 232 mil usuarios porteños, a los que se irán sumando vecinos de otros barrios hasta llegar al Gran Buenos Aires y luego a las demás provincias.
En este marco, Baratta evaluó que la quita de subsidios se produce recién ahora porque "vivimos ocho años de crecimiento continuo, la gente tiene mejor calidad de vida y la industria logró una mayor competitividad, síntomas que traen beneficios importantes para el país".
El funcionario garantizó que la Comisión de los Ministerios de Planificación y Economía que está encargada de revisar todo el sistema de subsidios estatales "seguirá estudiando caso por caso" para determinar nuevas quitas.
Empieza la era de los subsidios a la carta
El esquema de reordenamiento incluye la posibilidad de que los usuarios que consideren que no necesitan ayuda estatal renuncien voluntariamente. El resto recibirá a lo largo de 2012 un formulario para declarar si requieren o no el subsidio. El Estado tendrá la última palabra.
Final del formulario
Por Javier Lewkowicz
El Gobierno anunció ayer que eliminará los subsidios a las tarifas de gas, luz y agua para 230 mil usuarios de alto poder adquisitivo y a grandes empresas de sectores concentrados. Los ministros de Economía, Amado Boudou, y de Planificación, Julio De Vido, encabezaron una conferencia de prensa donde también informaron cómo será el mecanismo para desarmar el esquema de beneficios en los servicios públicos al resto de los usuarios domiciliarios. Desde 2012, cada uno de los usuarios porteños, primero los de los barrios más acomodados, recibirá, junto con la boleta, una declaración jurada donde deberá decir si necesita o no recibir el subsidio. Si asegura que no requiere ser asistido, se le eliminará el beneficio. Si manifiesta, en cambio, necesidad de ser subsidiado, el Gobierno analizará el caso a través del cruce de datos previsionales e impositivos y definirá si le corresponde o no. Además, en los próximos días se habilitará un mecanismo para que el usuario que considere que no necesita de la ayuda estatal pueda autoexcluirse inmediatamente.
El primer capítulo en la eliminación de subsidios fue hace dos semanas, cuando se anunció la quita de las subvenciones a los bancos, aeropuertos, financieras, compañías de seguro, casinos, telefonía móvil y actividades extractivas. “Los principios rectores de la política de subsidios son la competitividad y la equidad. Vamos a trabajar en la personalización de los subsidios”, indicó Boudou. Con el anuncio de ayer, la quita de beneficios ya suma 4600 millones de pesos anuales, el 6,1 por ciento del total previsto originalmente para el próximo año, de 75.273 millones pesos. De todas formas, no se modificaría el Presupuesto 2012 y los fondos liberados no tendrán un destino específico.
Eliminación
El Gobierno eliminará a partir del 1º de enero la totalidad de los subsidios para los usuarios de Barrio Parque y Puerto Madero, en la ciudad de Buenos Aires. Esos dos barrios están en la cima de la división catastral en base a la tasa de Alumbrado Barrido y Limpieza (ABL). También se quitarán subsidios en todos los countries del país, aunque allí el agua modificará su valor sólo en los casos donde el servicio lo brinde la empresa AySa. En total son unos 232 mil usuarios, que dejarán de recibir ayuda del Estado por 568 millones de pesos anuales: 255 millones corresponden a energía eléctrica, 218 millones al gas y 95 millones al agua.
Retiro voluntario
El resto de los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires que estén en condiciones de prescindir del subsidio y quieran apurar el trámite de eliminación del beneficio podrán hacerlo voluntariamente desde la semana que viene por Internet o en forma personal en la empresa distribuidora.
Declaración jurada
A partir de enero de 2012 los usuarios comenzarán a recibir, junto a la factura, dos cartas: una de reempadronamiento para la actualización de los datos del usuario final del servicio y otra con una declaración jurada donde deberán indicar si consideran que necesitan o no ser subsidiados. La documentación llegará primero a los barrios más pudientes, siempre según el registro del ABL, aunque el objetivo es que todos los usuarios finalmente la reciban. En Planificación indican que no hay plazo previsto para completar el registro de toda la Ciudad. Aquel usuario que responda que no necesita seguir recibiendo el subsidio, pagará en la próxima boleta la tarifa plena. Entre los que voluntariamente renuncien al subsidio y los que aseguren a través de la declaración jurada que no lo necesitan, dicen en Planificación, se completará “el primer tamizado” de los que, a grosso modo, pueden pagar las tarifas de forma total.
En los casos donde el usuario asegure en la declaración jurada que sí necesita ser subsidiado, el Gobierno hará un cruzamiento, en primer lugar, con las bases de datos de la Asignación Universal por Hijo y jubilaciones, de manera que los desempleados y trabajadores no registrados que tengan hijos (sectores que cobran la AUH) y jubilados con la mínima podrían continuar con el beneficio.
Sin embargo, los trabajadores registrados que no estén en una posición claramente holgada forman parte de un gris que por ahora no está claro cómo se definirá y parece, a priori, un factor que será fuente de tensión. “El que quiera seguir recibiendo el subsidio lo seguirá recibiendo y se cruzarán sus datos con Anses, AFIP y Desarrollo Social, para determinar si la subvención es adecuada”, indicó el subsecretario de Coordinación del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta. Desde la cartera que encabeza De Vido no descartaron que “en una segunda etapa esté la posibilidad de subsidio parcial para casos intermedios”.
También es compleja la situación para aquellos que no respondan a la declaración jurada. En ese caso, con la siguiente factura se volverá a enviar el formulario. Si tampoco hay respuesta, se considerará que ese usuario no necesita ayuda estatal. En general, los sectores más humildes están menos informados y, por lo tanto, son aquellos que tienen más probabilidades de no hacer su trámite. “Cualquier error podrá ser evaluado, será paulatino”, aclaró De Vido. Boudou adelantó que “podemos enviar el servicio de visita social para analizar las situaciones”.
En el caso de los inquilinos, la renuncia al subsidio regiría hasta que venza el contrato de alquiler. También está previsto que, por ejemplo, una persona que perdió su trabajo pueda volver a acceder al beneficio. En el caso de los servicio comunes, el consorcio tendrá la decisión de mantener o no el beneficio.
La quita de subsidios comienza por la ciudad de Buenos Aires, porque allí se concentra el 53 por ciento de los subsidios a los servicios, explicaron los funcionarios. Además, “el PIB geográfico per cápita de la Capital Federal es de 35 mil dólares anuales, mientras que en el resto del país es de nueve mil dólares anuales”, justificó Boudou. “Todos los casos van a estar publicados en la web, es decir que todos vamos a poder saber los casos de usuarios que requieren ser subsidiados”, señaló De Vido.
En general, el valor que pagan los usuarios por el servicio de luz, agua y gas, de eliminarse los subsidios, se elevaría al menos un 100 por ciento. En el caso de la luz, la suba para un consumidor promedio está entre el 200 y un 500 por ciento. La quita de subsidios, a grandes rasgos, acercaría a los valores de 2003 el peso del pago de los servicios sobre el gasto total de las familias.
Empresas
El Gobierno profundizó la modificación del sistema de subsidios al sector privado, que comenzó a principios de mes, cuando se eliminaron beneficios por 600 millones de pesos. A partir del 1º de diciembre se eliminará el ciento por ciento de los subsidios, que supone un ahorro de 3468 millones de pesos, a 40 grandes empresas de los siguientes sectores:
- Refinamiento de combustibles (reducción de 472 millones de pesos)
- Procesamiento de gas natural (1493 millones). En este caso De Vido aclaró que seguirán recibiendo subsidios los que vendan al mercado interno, “para que el precio de la garrafa continúe en el mismo valor”.
- Biocombustibles y aceites de exportación (745 millones)
- Agroquímicos (758 millones de pesos)
Por el tipo de sector y empresa, “no habrá ningún impacto en el precio”, aseguró el titular de Planificación, quien aclaró que “ninguna de las medidas que estamos tomando ni que vamos a tomar afecta a la pequeña y mediana empresa, porque es la que menos capacidad contributiva tiene y la que ha sido más dinámica en la generación de puestos de trabajo”.
FUENTE: http://ambito.com - http://www.pagina12.com.ar
domingo, 9 de octubre de 2011
MODELO DE CONVERTIBILIDAD
"Durante los 90´ los medios de comunicación constituyeron decisivamente al empobrecimiento del debate: elegían determinado tipo de economistas para entrevistar (que repetían un mismos set de consignas y opiniones) a la vez que ignoraban la existencia de opiniones alternativas en el mundo académico e intelectual serio. La democracia política (1983) no fue acompañada por una oferta igualmente plural de todas las ideas económicas. El monopolio neoliberal de las ideas económicas fue absoluta en la escena pública. El campo de la economía a pesar de relevancia para muchos aspectos de la vida social, fue sustraído por los propios políticos del campo de las deliberaciones colectivas, reservándolo para “especialistas”.
Los procesos traumáticos de hiperinflación dejaron profundas marcas en la percepción social de estos hechos, a la vez que pocas explicaciones claras. Se fue constituyendo un proceso de alienación colectiva respecto de los fenómenos económicos, en paralelo a la construcción de la imagen de los economistas como expertos de lenguaje abstruso que manejan números surgidos de fuentes recónditas y que cuentan con un saber no comunicable a no especializados en el tema. Cada profesión tiene su jerga específica, y es razonable que sea así. La diferencia es que los economistas que se ocupan de política económica están trabajando sobre un bien público, que compete a todos los ciudadanos. Sustraer el debate de política económica de las capacidades ciudadanas es recortar el ejercicio de la ciudadanía en cuestiones muy decisivas.
Los “especialistas” en economía se ocuparon en las últimas décadas de construir discursos económicos, mezclando jerga técnica especializada con ejemplos adaptados al sentido común, que en general guardan pocas relaciones isomórficas con los fenómenos que intentaban describir.
En esa auténtica cruzada política, los “especialistas” económicos vistieron los ropajes de la “ciencia exacta”, como si se tratara de ingenieros o astrónomos. Y lograron, apoyándose en la prestigiosa imagen que la sociedad tiene de la ciencia, convencer que sus postulados correspondían a una suerte de objetividad, que en el mundo de la política económica no existe. En la mayoría de los casos, los problemas tienen diversas soluciones, cada una de las cuales tiene ventajas y desventajas de acuerdo a los sectores a los que favorece y a los efectos que generará sobre otros aspectos de la vida social."
Aronskind, R. (2007) “Riesgo país”, Ed: Claves para todos, Bs. As.
Implicancias del Modelo de Convertibilidad
Junto con la Dictadura genocida, en 1976 se impone el discurso neoliberal, que diagnosticaba los problemas de la economía nacional en función de: el “excesivo” y “agobiante” peso que tenía el Estado. Ya con Martínez de Hoz se comienza a transitar el camino de la liberalización de las fuerzas productivas y los mercados. Tras el retorno de la democracia se implementan una serie de planes para estabilizar y frenar la inflación, a la vez que estimular el crecimiento. Todos ellos fracasan en mayor o menor tiempo, y hacia 1989 asistimos a un estallido inflacionario, que será conocido como “hiperinflación”. Se requiere medidas que pongan un freno a esta compleja y crítica situación que no solo es económica, sino que tiene importantes efectos en la estabilidad política y la conflictividad social.
Cuando asume Menem, olvidando el tradicional discurso populista que lo llevó a ganar las elecciones, encara la crisis económica, heredada del gobierno radical de Alfonsín. Para ello se hace eco del diagnóstico neoliberal, que postula la crisis como resultado de una relación inadecuada entre Estado y mercado, y en 1991 lanza el Plan de Convertibilidad. Consistía básicamente según Aronskind, en respaldar la totalidad de la moneda nacional en circulación, por una cantidad equivalente en dólares y oro. Se crea una moneda convertible en una relación de 1 peso = 1 dólar, a la vez que por ley se prohibía cualquier emisión monetaria sin respaldo de divisas en el Banco Central. El tipo de cambio fijo logro estabilizar las expectativas de los mercados financieros, y hacer descender la inflación gradualmente. Este plan es el remate ideal de las medidas económicas de la dictadura militar, su natural continuación en palabras de Martínez de Hoz.
No obstante semejante proyecto político trajo aparejado otros fenómenos cuyo peso sentimos día tras día en la realidad nacional. El modelo de la Convertibilidad presupuso otras dimensiones íntimamente ligadas, que son también sus claros límites a la hora de pensar en el desarrollo de un país. Nos referimos al desempleo, la distribución regresiva del ingreso y el crecimiento de la pobreza.
Este modelo como consecuencia de su escasa reconversión productiva, generó índices de desempleo nunca antes visto en un país como la Argentina, que tradicionalmente se caracterizo por la necesidad de incorporar mano de obra. A partir de 1992 mostraron una tendencia creciente, que tras la crisis del modelo, llega en el 2002 al 18,8% (López, 2006) -Contabilizando como ocupados a los que perciben planes sociales. Por otra parte las tasas de explotación se intensificaron, a la par del aumento de la productividad y baja del salario (Astarita, 1993).
Obviamente los sectores más afectados por el desempleo, y las consecuencias negativas las demás medidas económicas que vimos anteriormente, son los de menores ingresos. Según Aronskind, “el 10% de la población de ingresos más altos, logró capturar el 36% de la riqueza. El 20% se apropia del 55%, que equivale a 16 veces el ingreso del 20% más pobre.” (Aronskind, 2001, Pág. 74). Durante esta década asistimos al aumento del analfabetismo, reaparición de enfermedades que habían sido erradicadas, desnutrición, franjas de la población joven sin acceso a la educación ni al trabajo e incremento de la violencia social, entre otros dramáticos fenómenos.
Es importante destacar el fenómeno, de los denominados, “nuevos pobres”. Es decir, fracciones de la clase media se fueron empobreciendo progresivamente, producto de una caída en sus ingresos familiares y aumento de la canasta de consumo directo del sector (Aronskind, 2001).
La Argentina necesita reactivar su crecimiento para disponer de recursos y dar respuestas a los desafíos que dejó la década neoliberal, con sus transformaciones a nivel social, económico y político. Pero se trata de buscar una orientación estratégica que vincule el crecimiento con el desarrollo, con el despliegue del potencial humano y productivo del país, y con una disposición clara a enfrentar la «cuestión social».
Fuentes:
Aronskind, R. (2001): “¿Más cerca o más lejos del desarrollo? Transformaciones económicas en los noventa”, Buenos Aires, Libros del Rojas, Nº 2.
Astarita, R. (1993): “Plan Cavallo y ciclo de acumulación capitalista”, en Cuadernos del Sur, Buenos Aires, octubre.
López, A. (2006): “Estudio sobre la distribución del ingreso y transformaciones en la estructura social. Evolución 2001- segundo trimestre de 2006.”, en Cuadrenos de la Argentina Reciente, Nº 3, diciembre.
Castellani A. (2001): “Implementación del modelo neoliberal y restricciones al desarrollo en la Argentina contemporánea” en Schorr, M. “Más allá del pensamiento único. Hacia una renovación de las ideas económicas en América Latina, Buenos Aires, CLACSO.
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