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miércoles, 18 de enero de 2012

DESCIENDE MORTALIDAD INFANTIL EN CHACO


Capitanich anunció que la mortalidad infantil en Chaco alcanzó el nivel más bajo de la historia

El gobernador Jorge Capitanich anunció que la tasa de mortalidad infantil en Chaco alcanzó un valor de 9,7 por mil en 2011. Es la primera vez que este indicador llega a un dígito en el Chaco y se sitúa por debajo de la media nacional.

"Estamos consolidando un valor de un dígito por primera vez en la historia del Chaco, lo que implica una reducción abrupta conseguida mediante una estrategia de salud efectiva e inclusiva", remarcó durante la conferencia de prensa, llevada a cabo en Casa de Gobierno.

Acompañado por el ministro de Salud provincial, Francisco Baquero, Capitanich indicó que la provincia pasó de 398 defunciones infantiles en el año 2007, a 243 decesos en el año 2011.

"Obviamente esto nos exige y nos impulsa a seguir trabajando con mayor eficacia para que nuestra meta en el año 2012 implique, por un lado, el sostenimiento de un dígito en la tasa y, por otro lado, estar en torno a 200 casos de defunciones, lo cual implica seguir desarrollando la estrategia de salud que estamos llevando a cabo en toda la provincia", explicó.

El gobernador detalló además que su gobierno logró cerrar sus primeros cuatro años de mandato con una reducción de la tasa de mortalidad infantil de 11,2 puntos; considerando que en 2007 el indicador se ubicó en 20,9 por mil y actualmente bajó a 9,7 por mil.

Durante este período, los decesos infantiles registraron una curva descendente en forma sostenida, logrando un indicador por debajo de la media nacional registrada en el 2010 de 11,9 por mil.

FUENTE: www.ambito.com

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Con Ampliación De La Cobertura Del Plan Materno Infantil Serán Cada Vez Más Los Niños Salvados De La Desnutrición

El Ministerio de Salud asumió el compromiso de hacer efectivo desde el Estado, en coordinación con los organismos correspondientes del Gobierno de la Provincia y con el la cooperación de instituciones y personas que desarrollan una labor humanitaria, el derecho a la alimentación y al bienestar integral implícito en la definición de la salud. El Plan Materno Infantil garantiza una cobertura, a partir de la atención en los establecimientos que componen el sistema sanitario y las visitas domiciliarias que realizan médicos de salud pública, para prevenir la desnutrición, registrar los casos y abarcar con programas alimentarios, educación y acciones complementarias de promoción de la salud, a la población más vulnerable.

La disminución de la tasa de mortalidad infantil como resultado de las políticas sanitarias de atención integral a las madres y a la población infantil, condensadas recientemente en la agenda de los Derechos para Embarazadas y Niños, es uno de los indicadores de la labor desarrollada a iniciativa del Ministerio de Salud que consta en el último informe de la Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia. La actual tasa de 9,7 es la más baja de la historia del Chaco, y teniendo en cuenta que las estadísticas provinciales incluyen las muertes infantiles difícilmente reductibles -como algunas patologías infecciosas o congénitas que conducen a un resultado fatal-, su desagregación reduciría alrededor de un 30 por ciento más las cifras finales.

El descenso de la tasa de mortalidad infantil, del 20,9 que se había registrado en 2007 al 17,3 por mil en 2009, y al 9,7 por mil este año, guarda relación con las políticas sanitarias desarrolladas para garantizar el control del embarazo; la atención de la madre y el niño; el cumplimiento del calendario de vacunación; y la prevención y el tratamiento de enfermedades, tanto las estacionales típicas, bronqueolitis en el invierno y diarrea estival- como las demás que integran el amplio espectro de atención cubierto por el sistema de salud pública. La Dirección de Estadística Sanitaria, que provee los datos a la Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia , realiza un seguimiento permanente de los casos en base a datos fehacientes y un procedimiento técnico irrebatible. La estadística sanitaria, que es la única válida por su carácter oficial y los controles a los que se encuentra sometida -la información suministrada abarca todas las zonas, señalando aquellas en las que es necesario reforzar las políticas sanitarias, y en el seguimiento de las acciones desarrolladas intervienen todos los actores del sistema de salud-, desmiente una publicación que sin el sustento de una base de datos confiable señalaba recientemente que hubo un ascenso del número de menores desnutridos. Por el contrario, su descenso y control ejerció influencia en lo que respecta a la disminución de la tasa de mortalidad infantil.

La estrategia del Ministerio de Salud para reducir la mortalidad infantil -una de cuyas causas evitables es la desnutrición- comprende la profundización las acciones que benefician a madres y a niños; y el mejoramiento de la atención primaria -a través de la reestructuración de los hospitales y centros sanitarios y la capacitación de profesionales y agentes-. Se complementa con un modelo integral de gestión, que tiene por objeto la coordinación con las funciones que ejercen otras áreas del Estado -como el Ministerio de Desarrollo Social- y la complementación con las acciones que dentro de la comunidad llevan a cabo otras instituciones y los grupos dedicados al fomento de la autogestión social.

Con esa filosofía inclusiva, un documento de la Dirección Materno Infantil del Ministerio de Salud señala que “se deben implementar acciones para mejorar la captación y control del embarazo, sensibilizando al personal de salud, a las organizaciones barriales y a la población sobre la importancia del control, el cual debe ser tomado como una responsabilidad de la sociedad en su conjunto”. Más adelante, al referirse a la importancia del control de la salud de los niños, agrega que “desde el nacimiento hasta los seis años, fundamentalmente, se lleva a cabo esta actividad de supervisión de la salud y desarrollo del menor, de manera que se puedan detectar eventuales alteraciones, enfermedades o situaciones de riesgo”.


Fuente: Dirección de Prensa de Gobierno http://www.chaco.gov.ar

domingo, 6 de noviembre de 2011

El Proyecto Nacional y la cuestión de una Burguesía Nacional.



En la reunión del G20 de hace unos días la Presidenta planteaba ante empresarios europeos la necesidad de reformar el orden económico, en sus propias palabras: “Lo que estoy proponiendo es volver al capitalismo en serio…”. Esta propuesta para el mundo, es la que se viene aplicando desde el año 2003 en la Argentina, así en su primer año de gobierno Néstor ponderaba: “Consumo, inversión, exportaciones, forman parte de un todo que debe generar empleo en cantidad y calidad para asegurar una base estable de crecimiento y, lo que es más amplio, de desarrollo, que es la forma de hablar de bienestar” La continuidad desde el 2003 hasta el 2011, las tasas de anuales de crecimiento, consumo y empleo, año tras año, dan cuenta de la eficacia de un modelo que se manifiesta con claridad para inspirar soluciones en los gobiernos del “primer mundo”, que parecen encerrados en la lógica del ajuste, tan padecido por el pueblo argentino a finales de los 90´, generando el estallido luego del 2001.

Sin embargo, y para no extenderme en esta introducción, hay un actor clave en este proceso económico además del Estado y el Movimiento Obrero Organizado, a saber: el empresariado. Al respecto comentaba Néstor en 2003: “Es fundamental que el capital nacional participe de un proceso de reconstrucción de la sociedad. Es imposible un proyecto de país si no consolidamos una burguesía nacional”.
A continuación ofrezco un artículo que recoge testimonios actuales, en medio del Cristinazo, de algunos empresarios comprometidos con el rumbo del país y su desarrollo económico.

Polikarpo.

 Una nueva generación empresaria que se siente parte del proyecto nacional
 El escenario político creado a partir de las elecciones le plantea al empresariado nativo la posibilidad de liderar y dar continuidad al proceso productivo iniciado en 2003. Testimonios de una nueva camada decidida a mirar hacia adentro.

Semanas atrás, el empresario textil Gabo Nazar generó un revuelo considerable cuando, en el marco del 47º Coloquio de IDEA en la ciudad de Mar del Plata, aseguró que “la clase empresaria argentina es una máquina de sacar plata afuera del país”.
Cardón, la marca de la compañía que encabeza Nazar, una de las elegidas por la presidenta Cristina Fernández para componer su propio vestuario, es emblemática de una nueva generación de empresas que han experimentado un gran desarrollo a la luz del modelo productivo ejecutado desde 2003 a esta parte.
El pensamiento de Nazar se sintetiza en la frase que da comienzo a esta nota y parece ser la cosmovisión representativa de una nueva burguesía nacional. Una generación de empresarios argentinos que, a diferencia de sus generaciones predecesoras, construye su identidad sobre la base de privilegiar la importancia del mercado interno y de poner a Latinoamérica el centro en la atención.
Apenas un semana después de las declaraciones del empresario y a sólo tres días de cosechar el 53% de los votos en las elecciones presidenciales fue la propia presidenta de la República quien sorprendió a propios y ajenos cuando, a través del decreto 1722/2011 dispuso la obligatoriedad de las empresas mineras y petroleras de liquidar en el mercado de cambios “la totalidad de las divisas provenientes de operaciones de exportación” igualando su condición frente a otros sectores de la economía como el agropecuario.
La medida apunta a actuar frente a los riesgos que entraña la crisis financiera internacional en lo que hace a la fuga de divisas y las operaciones financieras contra las monedas regionales.
En rigor, la discusión que atraviesa tanto esta polémica puntual como las medidas de gobierno para inhibir la fuga de capitales es el carácter del empresariado nacional y el rol que le toca interpretar en el marco del proyecto productivo nacional. Su visión de país y la compatibilidad de su interés sectorial con el interés nacional.
En definitiva, su capacidad de liderar, como clase, la etapa que se abre y la profundización del modelo iniciado en 2003.


SER O NO SER. Es evidente que, para que una clase lidere un proceso social profundo, más allá de la concepción que ella misma pudiera tener de su propia existencia, es preciso que exista.
En la Argentina, el desmantelamiento del aparato productivo operado en la década del ’90 como resultado del Plan de Convertibilidad azotó un duro golpe al peso específico del empresariado nacional y, por lo tanto, a su capacidad de influencia política y disposición al liderazgo.
La bancarrota de 2001 puso de relieve, con crudeza, aquella situación. El default, la abrupta devaluación del peso y la consecuente recuperación de la competitividad perdida crearon, por la fuerza, las condiciones para el resurgir de la industria nacional y la reconstrucción del tejido social. Según datos del Ministerio de Industria de la Nación, “desde 2003 hasta ahora se crearon 140 mil nuevas Pymes y 14 mil nuevas empresas industriales”. Como accesorio esencial de este proceso “la inversión creció a 18% promedio anual”, además, según el mismo informe “el primer trimestre del 2011, registró la máxima participación de la inversión en equipo durable en el PBI desde la década del ’40, un 10,6%”; un indicador que explica, en gran medida, las percepciones de crecimiento del empresariado, la estabilidad de sus negocios y capitales y, a su turno, su compromiso con el desarrollo nacional.
En cuanto al empleo, entre 2003 y 2010 se crearon un millón de nuevos puestos de trabajo.

UN LUGAR EN EL MUNDO. El impacto y la eficacia del decreto presidencial 1722, en lo que se refiere a contener la fuga de capitales se irá plasmando en los meses venideros. Lo que sí podrá medirse en los próximos días es el impacto que el anuncio tendrá en el imaginario del empresariado local y, probablemente, vaya dividiendo las aguas entre aquellos cuyos intereses son compatibles con la profundización de un modelo productivo y de inclusión social y de quienes, por su parte, asocian sus aspiraciones de crecimiento al regreso al mercado de capitales.
Tiempo Argentino entrevistó a diversos empresarios nacionales que se han desarrollado en el último período en sectores estratégicos y de alta agregación de valor, para explorar sobre la visión que tienen de sí mismos acerca del lugar que deben ocupar en la etapa que se abre y su propia orientación. Indagar, a su turno, sobre las alianzas de clases y de sus congéneres regionales para un desarrollo virtuoso. Su relación con el Estado, los trabajadores y su compromiso social. En definitiva, ref lexionar sobre si esta nueva generación representa, o no, una ruptura con el paradigma social y cultural de la generación que los antecedió, tanto en la Argentina como en el mundo.



LO NACIONAL. El titular del Banco Macro, Jorge Brito, entrevistado por este medio, lanzó días atrás una frase que sirve de puntapié para lo que viene: “la Argentina no se desarrolló porque no tuvo una clase dirigente con conciencia nacional y con un proyecto de largo plazo”. Gabo Nazar, por su parte, se
diferenció al señalar que “la Argentina sí tuvo una burguesía nacional pero cedió su espacio y no asumió el compromiso indelegable que tiene”.
Detallando sobre su experiencia individual explicó que “el grupo arrancó en la década del ’80. Pero fue en estos últimos años cuando se han dado una serie de circunstancias que han coincidido para producir nuestro desarrollo, crecimiento y una gran diversificación del grupo.”
Según el empresario textil la clave para su expansión, fue “apostar a la Argentina, a nuestras ideas y a nuestra gente”. Lo esencial, asegura, es “haber superado una historia de desencuentros entre el sector privado y el público hacia una visión de destino común y colectivo. Ya nadie discute que los gobiernos participen e intervengan en el mercado y en la actividad privada”.

Por su parte, Miguel Schvartzbaum, titular de Mas Energía, una petrolera con sede en Neuquén, aseguró que la “Argentina va a seguir creciendo. El momento actual es histórico. El país tiene que acompañar el proceso con desarrollo y hay que tomar medidas múltiples para asistir al empresariado
en este proyecto.” Con una visión optimista y de integración regional aseguró a Tiempo que “en toda crisis hay oportunidades. Esta en particular es enorme para Argentina y Latinoamérica.” Globant es una empresa argentina que desde 2003 produce software y exporta a países como EE UU, Japón, Inglaterra y Alemania. Guibert Englebienne, uno de sus fundadores, asegura que la compañía supo desafiar exitosamente dos grandes mitos: “que la Argentina no puede crear multinacionales y que las oportunidades tienen que estar dadas en Buenos Aires”. En su experiencia, asegura haber trabajado con una “nueva
generación de políticos comprometidos con el funcionamiento de nuestros objetivos” y destaca que, gracias a la política del gobierno “logramos la ley de software que promueve la exportación de este servicio, ampliando nuestro mercado a escala global y aprovechando las potencialidades de nuestros recursos humanos que asombran al mundo”.
En el mismo sentido, Nazar asegura que todavía es necesario “un proceso de concientización porque el sector privado no puede manejarse de manera autónoma, puesto que sus intereses, muchas veces, están reñidos con el bien común, allí debe actuar el Estado”.
Para Schvartzbaum “Hay un nuevo empresariado que no vive en un mundo de ideas, que ve que el país tiene un plan superador en el tiempo.”
Nazar aseguró ser consciente de que “las devaluaciones, si no forman parte de un programa social y político, en sí mismas, no resuelven nada, es necesario ganar en competitividad en base a las inversiones, la capacitación y la eficiencia”. Para el empresario del software, por su parte, es necesario
“valorar más la importancia de una empresa como parte de la sociedad”. El titular de Cardón aclara que “no se trata de un tema de edad, hay empresarios experimentados que tienen mentalidad muy flexible y que comprenden, y jóvenes a los que les cuesta”. Para él el compromiso trasciende porque “las empresas tiene que tomar decisiones anticíclicas, que no afecten la demanda. Tener una política de precios es un aspecto esencial. La distribución tiene que ser consecuencia de un modelo productivo.”
La postura de los empresarios se exalta todavía más cuando traen a colación el momento histórico que atraviesa la Argentina en particular y Latinoamérica en general. En ese marco señalan también ciertas particularidades de la nueva generación de empresarios. Nazar advierte que “el país está ante una oportunidad histórica que hay que aprovechar a nivel nacional y regional”. Todo un perfil para profundizar el modelo.


FUENTE: http://tiempo.elargentino.com/notas/una-nueva-generacion-empresaria-que-se-siente-parte-del-proyecto-nacional

domingo, 30 de octubre de 2011

ARGENTINA ES EL CAMPO ¿?


Todavía en la Argentina del Siglo XXI algunos sectores, que se rehúsan a entender el rumbo actual del país, intentan reflotar la falacia de Argentina vive del "campo". En notas anteriores hemos hecho mención a la escasa participación del sector agrario en el PBI, así como la baja tasa de empleo del mismo, la concentración de la tierra, y su ligazón con el sector financiero. Hoy quiero referirme al análisis de las exportaciones industriales argentinas: destacando su performance, composición, así como los límites actuales a superar por el Proyecto Nacional. Por último traigo un artículo sobre el concepto esbozado varias veces por la compañera Cristina de "industrializar la ruralidad". En el cuadro (con un click se agranda) podrán ver los datos por los principales rubros  y como la manufactura agraria e industrial superan a las exportaciones de productos primarios (de poco valor agregado). El debate está abierto, y mi apuesta es seguir profundizando el modelo, tal como el 55% de los argentinos decidimos.

  • Fuerte aumento de la exportación industrial


Las exportaciones argentinas de productos industriales se triplicaron en los últimos ocho años, destacó la ministra de Industria, Débora Giorgi. "Desde 2003 a julio de este año las exportaciones argentinas de manufacturas de origen industrial (MOI) se triplicaron, mientras que en el mismo periodo el resto de los productos vendidos al exterior aumentaron casi un 130%", aseguró Giorgi.
La funcionaria resaltó que "Argentina no sólo no primarizó sus exportaciones sino que, lejos de eso, aumentó el peso relativo de sus exportaciones industriales, lo que significa valor agregado y más trabajo argentino". Además, agregó, en los primeros siete meses de 2011 las exportaciones MOI crecieron 21% en relación al mismo período del año pasado, y aumentaron del 21% al 25% los productos exportados que cuentan con mediana y alta tecnología incorporada. Giorgi explicó que el incremento de las exportaciones industriales "tiene que ver con un esfuerzo conjunto, tanto del sector público como del privado". Y resaltó los créditos del Gobierno al 9,9%, "que financia inversiones productivas que al día de hoy ya han puesto en marcha exportaciones adicionales por 4.500 millones de dólares, que en un 85% son de origen industrial". (Télam)

Radiografía de las exportaciones

Las ventas al exterior registran una cada vez mayor incidencia de las Manufacturas de Origen Industrial. Sin embargo, la oferta sigue mostrando una notable desigualdad y concentración regional, así como una escasa diversidad productiva en la mayoría de las provincias.

  • El “qué” más que el “cuánto”

 



Por Arturo H. Trinelli * y Matías Rohmer **


Una de las transformaciones más importantes de nuestro país desde el fin de la convertibilidad fue la notable expansión de las exportaciones y el persistente superávit comercial. Ocho años consecutivos de balanza comercial positiva y saldo favorable en la balanza de pagos marcan un hecho sin precedentes en nuestra historia. Constituyen dos pilares fundamentales del modelo actual. Pero el estudio del comercio exterior argentino resulta mucho más interesante al analizar en detalle cómo evolucionó la participación de las provincias en las ventas al mundo, tomando 1998 y 2010 como parámetros para observar el comportamiento exportador de cada una de ellas en los años del 1 a 1 y durante 2010.
De acuerdo a series estadísticas del Indec y al último informe anual sobre Complejos Exportadores provinciales del Ministerio de Economía, puede observarse que, tanto en 1998 como en 2010, solo tres provincias –Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe-- superaron el 10 por ciento de participación en el total exportado nacional. Sin embargo, mientras Córdoba y Santa Fe aumentaron su participación, la de Buenos Aires ha disminuido a pesar de continuar siendo la principal provincia exportadora. Así, Córdoba pasó de representar el 10,4 por ciento en 1998 al 12,3 por ciento en 2010. Santa Fe aumentó su participación en el mismo lapso del 16,9 al 22 por ciento del total nacional. Buenos Aires, en cambio, ha pasado de una participación del 38,8 a 33,8 por ciento en el 2010. En el extremo opuesto, aparecen Formosa y Corrientes: mientras que en 1998 la primera aportaba el 0,2 por ciento del total de ventas nacionales y la segunda el 0,5 por ciento, dicha participación cayó en 2010 a 0,05 y 0,2 por ciento respectivamente. Formosa apenas exportó en el 2010 por valor de 36 millones de dólares (aproximadamente lo mismo que ganó Lionel Messi durante todo el año), frente a los 22.740 millones de dólares que vendió Buenos Aires en el otro extremo.
Podemos decir entonces que, mientras que en 1998 Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba representaban el 66,1 por ciento del total de ventas nacionales, esa participación creció hasta el 68,1 por ciento en el 2010. En contraste, en 1998 las ventas externas de Chaco, Formosa, Misiones y Corrientes representaban el 3,2 por ciento del total nacional, pero en 2010 apenas alcanzaron el 1,6 por ciento.
Un caso de especial consideración es San Juan. Es indudable su auge exportador actual, lo que la ha llevado a vender en 2010 por 2101 millones de dólares. Este monto la ubica como la provincia que más aumentó sus exportaciones (1326 por ciento) de todo el país, desplazando por primera vez a su vecina Mendoza como la más exportadora en la región de Cuyo. Su crecimiento adquiere real dimensión si se compara el exiguo 0,5 por ciento de las ventas totales que explicaba en 1998 al 3,1 por ciento que representa en la actualidad. Lo mismo ocurre con Catamarca, que pasó del 0,7 al 2,2 por ciento entre ambos años. Pero estos datos deben ser puestos en contexto: en el 2010, el 87,6 por ciento de lo que exportó Catamarca fue cobre, mientras que para San Juan el oro explica casi un 77 por ciento de sus ventas totales. Esto significa que el crecimiento exportador de ambas provincias es cabal expresión del "boom minero", cuestionado desde lo ambiental y lo socioeconómico. Un caso similar envuelve a las provincias donde el complejo sojero tiene mayor incidencia en su perfil exportador. En el 2010, productos derivados de la soja explicaron el 62,3 por ciento de las exportaciones de Santa Fe, el 43,4 por ciento de las de Córdoba y el 60 por ciento de las de Santiago del Estero.
En esta última provincia, los productos primarios explican más del 96,5 por ciento de sus ventas externas (más del 98 por ciento en 1998), mientras que en Buenos Aires el sector primario representó apenas el 17,3 por ciento y las MOI explicaron casi el 55 por ciento de sus ventas, cuando en 1998 estaban apenas por encima del 48 por ciento. Y mientras en Córdoba las MOI disminuyeron, en Santa Fe crecieron de un 11,6 por ciento en 1998 a un 20,2 por ciento en 2010. No obstante, en ambas provincias la participación de los principales 10 productos de exportación en el total de sus ventas externas es muy alto, un 83 por ciento para Santa Fe y un 72,5 por ciento para Córdoba. Escasa diversificación de exportaciones que se repite en todas las provincias, a excepción de Buenos Aires, donde la incidencia de los primeros 10 productos exportables apenas alcanza el 39,5 por ciento del total, pero en Catamarca significaron el 99,1 por ciento, en San Juan el 91,9 por ciento y en Santiago del Estero el 97,2 por ciento.
Puede decirse entonces que en general las exportaciones argentinas registran una cada vez mayor incidencia de las MOI, en un contexto favorable a la producción de commodities y donde la mayoría de los países de la región ha reprimarizado sus economías. Sin embargo, el análisis del qué exporta cada provincia más allá del cuánto también demuestra que, a pesar del notable incremento de las exportaciones y del persistente superávit comercial obtenido desde la salida de la convertibilidad, la oferta exportable argentina sigue mostrando una notable desigualdad y concentración regional, así como una escasa diversidad productiva en la mayoría de las provincias. Números que nos hablan del enorme desafío que resta aún por afrontar en vistas al siempre complejo objetivo de alcanzar un país más equilibrado en su desarrollo socioeconómico regional.

* Integrante del CLICeT y La Gran Makro.
** Politólogo UBA.



 

  • Profundización del modelo,

 



Por Antonio Mezmezián *


La economía comenzó en 2003 un ininterrumpido sendero de crecimiento que se mantiene robusto en el período actual. A pesar los agoreros pronósticos, la salida de la peor crisis económica de nuestra historia se hizo de manera veloz y ordenada. Y, lo que es más importante, con sensibles mejoras distributivas. La mejora de la actividad económica se manifestó en todas las variables macroeconómicas, registrándose también un fuerte salto exportador, cuya composición trajo como novedad la importancia de las Manufacturas de Origen Industrial como su elemento más dinámico. A pesar de ello, no se puede decir que el crecimiento argentino sea liderado por las exportaciones, sino que es todo el mercado interno el que, gracias a las políticas de ingresos, actuó de gran dispositivo traccionador que a través de los mecanismos virtuosos de la demanda efectiva sostuvo una tasa anual acumulativa mayor al 7 por ciento en todo el período.
Semejante desempeño implica una creciente exigencia en diferentes aspectos que hacen al desenvolvimiento económico, y uno de los aspectos relevantes refiere a una actividad transversal a los encadenamientos de la producción y el comercio: el transporte y la logística de mercancías. Esta incluye el movimiento de cargas dentro y fuera del país, los nodos de trasbordo del comercio exterior, la gestión de inventarios, la ingeniería en la organización de cadenas de abastecimiento, la seguridad en tránsito y las cuestiones administrativas subyacentes en cada operación.
En un mundo globalizado en crisis con cada vez más dificultades para establecer un período prolongado de crecimiento sostenido, los efectos de contagio y la capacidad de cada país para responder a los embates externos son actualmente temas prioritarios en las agendas de los gobernantes del mundo.
En este sentido, un tópico fundamental es el de la competitividad de las economías, y una gestión eficiente y dinámica de la logística de cargas puede resultar un aspecto sustancial, que prescinde de la cuestión cambiaria y tiene impacto en la mejor generación de valor en la mayoría de las cadenas productivas del país.
Si bien existen diferentes metodologías de medición, en general se acepta que el peso de los costos logísticos argentinos se encuentran en alrededor de 20 puntos del PIB, aunque hay autores que lo ubican en valores superiores al 25 por ciento, en tanto que en los EE.UU. alcanza el 9 por ciento colocando a aquel país en el puesto 14 a nivel mundial. Vale decir que no es el líder mundial en la materia por cuanto puede tomarse como un parámetro de referencia interesante para observar nuestra realidad nacional en perspectiva internacional.
Varios elementos confluyen en llevar a estos niveles nuestros costos logísticos. Algunos de ellos son relativos a la estructura económica: el perfil productivo argentino ha tenido históricamente un fuerte peso del sector agrario, fundamentalmente en graneles, con un bajo valor respecto del peso y el volumen transportado, principalmente en la logística de cargas para la exportación, pero no únicamente, ya que el transporte de alimentos internos tiene un formato similar.
Otro aspecto se vincula con la infraestructura en carreteras, vías férreas y puertos, por un lado, y por el otro la necesidad de optimizar la articulación de la multimodalidad, el manejo de stocks, la construcción de los denominados puertos secos como nodos de quiebre de carga.
En cuanto al primer elemento, podemos afirmar categóricamente que en estos últimos 8 años este gobierno ha ido modificando la matriz productiva y energética, impulsando la reindustrialización con la consecuente generación de empleo e ingresos en amplias franjas de la población. Además, ello ha sido realizado diversificando productos y de manera sostenible en el tiempo. Con respecto al segundo, la inversión pública ha ido transformando la infraestructura de transporte del país. Pero la velocidad del crecimiento montado sobre una estructura económica devastada por más de dos décadas de retiro del Estado, con consecuencias funestas varias, genera tensiones y necesidades que desde la óptica del actor público constituyen desafíos en el mediano y largo plazo.
La encrucijada actual en el plano internacional y la profundización del modelo argentino actual requieren tomar en consideración la necesidad de avanzar en la competitividad en un sentido más amplio que el del tipo de cambio, para ampliar la sostenibilidad del crecimiento, mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores, apoyar la diversificación productiva y perfeccionar la inserción de los productos argentinos en el mundo.
El transporte de cargas y la logística se convierten así en un instrumento macroeconómico fundamental que se agrega al conjunto de desafíos que se plantean hacia adelante para continuar el sendero de desarrollo sustentable de la Nación.

* Subsecretario de Programación Económica.

¿Qué es industrializar la ruralidad?


La Presidenta usa cada vez más un concepto: “Industrializar la ruralidad”. Lo hizo por última vez en el Día de la Industria, desde Tecnópolis, y lo definió de este modo: “Hacer participar al producto primario de la cadena, en los eslabones de producción que le siguen a lo primario para poder lograr no solamente rentabilidad para ese productor, sino generar trabajo en el pueblo, en origen, al lado de las materias primas, para evitar los traslados de poblaciones y el despoblamiento del campo”. También dijo que se trata de “lograr a través de un entramado de pequeñas y medianas empresas la calidad no solamente para el mercado interno sino también para la exportación”.
La frase encierra muchas de las claves de la agenda pública actual y ya despierta debates. Héctor Huergo, editor de Clarín Rural, le encontró una “connotación negativa, porque sugiere que el campo (lo rural) es un plano inferior, un simple proveedor de productos primarios”.
¿Cuál es el mejor modo de definir la dinámica del sector agropecuario y repensar cuáles serían los vectores necesarios para promover su crecimiento en un proceso de inversión, agregación de valor, generación de empleo y exportación de productos con mayor grado de elaboración?
El propio Huergo define al maíz, al trigo y a la soja como “materias primas”. Describe el lugar que ocupan esas materias primas en una cadena de producción que comienza con la biotecnología, la química, la metalúrgica, la industria metalmecánica y automotriz, los proveedores de múltiples servicios y los ubica en un sistema de producción que es gestionado por nuestros calificados recursos humanos y la vocación emprendedora de nuestros productores. Ese conjunto constituye un sector agropecuario que se encuentra en la frontera de la competitividad internacional.
También Huergo registra el movimiento de la cadena después de la cosecha y emerge así la capacidad de crushing, la producción de pollo, cerdo o carne vacuna, jarabes y biocombustibles. Inclusive muestra que exportando maíz también estamos exportando bienes que produce nuestra industria química.
Todo eso es absolutamente cierto. Pero también es cierto que resulta insuficiente para asegurar por sí solo el desarrollo del país y, además, resulta limitado frente al cúmulo de posibilidades disponibles.
Esa insuficiencia y esta limitación explican por qué Huergo le atribuye una “connotación negativa” al concepto de industrializar la ruralidad. Su pensamiento permanece en el círculo –por cierto, virtuoso– de la producción agropecuaria, configurando una mirada desde el sector. Pero ocurre que lo agropecuario sólo no alcanza para construir en la economía un país más equitativo, más igualitario, con una armónica distribución de la población en su extenso territorio y un adecuado uso de sus recursos naturales.
Incorporar a nuestra agenda el concepto de industrializar la ruralidad, en cambio, expresa la necesidad de producir los bienes de capital que esas materias primas obtenidas con alta eficiencia requieren para ser transformadas en alimentos complejos, preparados o semipreparados, congelados o enfriados, clasificados, embalados y empacados con los más sofisticados procesos.
Industrializar la ruralidad quiere decir que los bienes de capital, que hoy en su mayoría son importados, sean desarrollados por ingenieros y técnicos argentinos. Podría mencionarse las plantas de empaque, las plantas de faena de pollos, las instalaciones frigoríficas para cerdos, vacunos y ovinos, las plantas de procesamiento de leche, los túneles de frío IQF, los remolques, semirremolques y contenedores refrigerados, las nuevas destilerías para la producción de etanol y las plantas de biodiésel. La industria supo estar en un lugar destacado pero a lo largo de 40 años fue sometida a políticas que dejaron un país sin fábricas y con uno de cada cinco trabajadores sin empleo a fines del siglo XX.
Industrializar la ruralidad está en los antípodas de considerar equivalente la producción de acero y caramelos, como sostenía el equipo de José Alfredo Martínez de Hoz, porque convoca a las actividades de investigación e industriales a desplegarse estratégicamente para el aprovechamiento de la indudable riqueza agropecuaria y rural del país.
La propuesta lleva en su seno algo muy caro y trascendente para nuestro sistema productivo. Implica superar el conflicto campo-ciudad. Comprende la solución de la antinomia que constituyó una de los ejes de la parálisis de la economía argentina por más de tres décadas. Significa iniciar la construcción de un sistema productivo articulado con interacciones fuertes y sólidas entre las políticas públicas, nuestro sector científico-tecnológico y las capacidades de industriales y productores, de grandes empresas y de medianos y pequeños chacareros.
Industrializar la ruralidad supone abordar la oportunidad que la globalización brinda a la Argentina actual. Hay que asumir la dialéctica entre el espacio de los flujos y el espacio de los lugares, como sostiene Manuel Castells. O sea, la articulación entre los flujos de información, de tecnología, de inversiones y de consumos, y el espacio de los lugares donde la gente habita, sufre y disfruta de esta maravillosa experiencia que es la vida humana. Industrializar la ruralidad emerge como alternativa superadora en ese necesario proceso de vincular lo local y lo global, lo rural y lo urbano, las regiones superpobladas y las provincias de escasa población.
No hay “connotación negativa” alguna. Por el contrario, expresa el gran salto adelante en el camino del crecimiento que ya hemos comenzado hace más de ocho años y al que “la industria verde”, como la llama Huergo, aportó mucho. Hay que ir por más para lograr un país socialmente justo, económicamente independiente y políticamente soberano, integrado a los países hermanos de Suramérica. De eso trata, también, industrializar la ruralidad.

Jorge Neme, Coordinador ejecutivo de la Unidad para el Cambio Rural del Ministerio de Agricultura de la Nación.

FUENTE: http://www.lagaceta.com.ar/ - http://www.pagina12.com.ar/ 

martes, 18 de octubre de 2011

MODELO DE DESARROLLO INSUTRIAL E INCLUSIÓN SOCIAL


DE LAS PRIMARIAS A OCTUBRE!

El aluvión de votos sentó las bases para intensificar el modelo de inclusión

El resultado electoral del pasado domingo tiene fuertes implicancias para un análisis desde el punto de vista de la economía.
No solamente porque el triunfo abrumador de Cristina Fernández de Kirchner se le ha atribuido, con acierto, a la percepción que tiene la población en general y los sectores populares en particular acerca del rumbo de la economía y de su propia situación sino también por las condiciones políticas resultantes y las oportunidades que, eventualmente, plantea para profundizar un rumbo en materia de medidas económicas.

“ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO”. La famosa frase, acuñada en 1992 por James Carville, asesor de campaña de Bill Clinton, tiene plena vigencia a la hora de analizar este resultado electoral. En aquel entonces, la frase ofició de informal eslogan de la campaña opositora que buscaba derrotar al oficialista George Bush (padre) sobre la base de sortear el eje oficialista asociado al triunfo norteamericano en la Guerra Fría y los resultados de la Guerra del Golfo.
En el caso del pasado 14 de agosto, aunque no haya sido formulado explícitamente, el desempeño de la economía ha oficiado como un verdadero ancho de espadas en la campaña electoral del oficialismo.

LEJOS DE LA CRISIS. El impacto electoral de la debacle financiera internacional difícilmente sea mensurable en forma precisa. Lo cierto es que, ni los más optimistas analistas oficiales esperaban que, en estas primarias, se alcanzara superar el 50% de los sufragios como finalmente ocurriera.
Pero en la última semana y media de campaña, los titulares de los diarios estuvieron dedicados en la cobertura del derrumbe de las bolsas y la persistencia de la crisis financiera y su impacto social en Europa y los Estados Unidos. El contraste con la situación actual de la economía del país puede haber jugado un papel determinante en la definición del voto a la presidenta Cristina de amplios sectores que no habían definido su voto días previos.
Los principales candidatos de la oposición, Eduardo Duhalde y Ricardo Alfonsín, durante la campaña se abrazaron a la tesis que sostiene que en la Argentina habría “viento de cola”. Es decir que habría condiciones externas favorables y que los errores de la política económica oficial no permitirían hacer usufructo pleno de las potencialidades que plantea la situación. Los resultados parecen ratificar una percepción popular que va en el sentido inverso. Por su parte, la realidad de los países centrales dejó los planteos de la oposición girando en el vacío.
Los electores interpretaron que, en el marco de la crisis financiera internacional, la gestión de la presidenta Cristina, y su candidato a vicepresidente y ministro de Economía Amado Boudou, serían los mejores garantes de que el impacto de la crisis pueda ser amortizado en defensa de las condiciones y conquistas que, consideran, les ha otorgado este gobierno.
NÚMEROS, NO PALABRAS. La Presentación de Coyuntura de julio 2011 elaborada por la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía, muestra algunos de los datos que ayudan a explicar este voto que algunos denominaron como “conservador” (en el sentido del continuismo). En definitiva, se trató precisamente de conservar conquistas.
La votación también otorga un mandato para preservarlas y profundizarlas. Durante el primer trimestre de 2011 la economía mantuvo un acelerado ritmo de crecimiento con una expansión del PBI del 9,9% interanual y llegando a un PBI per cápita de 10 mil dólares anuales.
En mayo último, el sector industrial creció un 9% con relación al mismo mes del año anterior, incluso por encima del nivel general de la economía que lo hizo en un 8,1% (EMAE mayo).
En mayo, la construcción en particular tuvo un incremento interanual del 14,8% y destacándose la denominada construcción reproductiva, aquella que está asociada con la producción y es, por lo tanto, fiel reflejo de un ciclo virtuoso de producción e inversión.
Estrechamente vinculados a estos indicadores, por supuesto, están los índices de empleo, ingresos y consumo. Durante 2010 el incremento de la remuneración neta promedio nacional fue del orden del 30,7% alcanzando la cifra de $ 4214, alrededor de 1000 dólares.
En lo que va de 2011 los salarios registrados y no registrados del sector privado se incrementaron, estimativamente, un 20% más.
Durante los primeros seis meses del año se crearon 256 mil empleos privados registrados lo que llevó al récord histórico de 7,5 millones de asalariados en el país plasmando un piso de desempleo del 7,4% y de un 5,8% de subocupación. Todos estos números claro, colaboraron para que la venta de supermercados se incrementaran un 13,8% y en los centros de compras un 10,7% interanual. En el rubro servicios la telefonía creció más de un 20%, el transporte un 8,5% y la energía un 4,7%. El consumo de nafta súper creció un 5,2% anual y la de naftas Premium un 32,4%.
Todos estos indicadores, acompañados por la evolución de las jubilaciones, el salario mínimo y la Asignación Universal por Hijo son una base firme que ayuda a explicar esa votación. Aun más, con el marco de un fuerte contraste con la situación de los Estados Unidos y Europa.

MANDATO IRREFUTABLE. Lo más destacado del resultado de la elección es, sin dudas, la gran diferencia de votos que obtuvo el oficialismo con relación a sus seguidores inmediatos. Esta nueva realidad plantea un escenario político que ofrece una enorme legitimidad capaz de despejar el terreno para profundizar el modelo con medidas de política económica que pudieran estar pendientes o que, incluso, estén bloqueadas por afectar fuertes intereses corporativos. La avalancha de votos, con todo, ha creado la fuerza social capaz de avanzar sobre esos intereses con la legitimidad necesaria.
QUÉ POLÍTICA. Con matices, economistas, dirigentes sindicales y otros especialistas, en diálogo con Tiempo Argentino, expresaron su coincidencia sobre el alcance de esta acumulación de fuerzas que cosechó el gobierno. Jorge Gággero, investigador del Cefid y miembro del Plan Fénix, aclaró cauteloso que “El eje discursivo de la campaña de la presidenta no ha sido el de profundizar el modelo. La promesa central, que no es lo mismo, fue la de continuar con las políticas generales que fueron practicadas y reparar las omisiones”.
Más allá de las medidas de distribución de riqueza y de inclusión social los especialistas consultados coincidieron en que el sector externo, la crisis mundial y la balanza comercial deben ser observadas con especial detenimiento. De hecho, según el informe oficial mencionado, el resultado financiero primario estimado para 2011 sufriría un leve descenso con relación a 2010 que, una vez abordados los pagos de intereses arrojaría un resultado financiero final negativo. Enrique Aschieri, economista de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, aseguró que, en realidad, existe un mito sobre la economía nacional que es el de asociar, de forma mecánica, la balanza comercial con el tipo de cambio cuando en realidad “todavía hay que demostrar que las exportaciones son elásticas con relación al tipo de cambio. En realidad son manifiestamente inelásticas, la demanda no depende del tipo de cambio. Si analizamos los tipos de cambio multilaterales y bilaterales el deterioro no es tal”.
Jorge Gággero aseguró que “es central el sostenimiento de la línea de desendeudamiento entendida como la reducción del endeudamiento neto, sin descartar que, cuando se den las condiciones de tasas, no se pueda retomar el financiamiento para destinos consistentes como inversiones públicas pendientes que apunten a resolver cuellos de botella. Por ejemplo, a pesar del progreso de la inversión pública, tenemos problemas de inversiones estratégicas e infraestructura como en el sector petrolero, en los puertos y el desmantelamiento de la red ferroviaria, que pueden ser financiadas con fondos externos.”
Consultado sobre cómo abordar la suba de precios aseguró que “el problema de la inflación es multicausal y complejo. Entran cuestiones de política monetaria, cambiaria, fiscal, políticas de ingresos, cuestiones asociadas con la estructura económica y la concentración de la riqueza que influye en la puja de ingresos. Como es multicausal requiere de una batería de instrumentos. Hay que abordarlo porque genera opacidad en la planificación empresaria y asimetrías de ingresos entre los sectores populares”. Finalmente resumió que “hay que pasar del horizonte corto del día a día a la visión estratégica para lo que es central, además de mantener una macro consistente como hemos tenido desde 2003, complementarlo con las políticas productivas de largo plazo que apunten a impulsar los sectores de mayor valor agregado y ocupación de más altos salarios”.<

FUENTE: http://tiempo.elargentino.com/notas/aluvion-de-votos-sento-las-bases-para-intensificar-modelo-de-inclusion

lunes, 10 de octubre de 2011

"Mejor que decir, es hacer" (VI): EL SALARIO MÍNIMO VITAL Y MÓVIL.


Salario mínimo, vital y móvil: $2300
Es un derecho consagrado por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

Mínimo. Significa que es la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia por su jornada laboral.

Vital. Quiere decir que debe asegurarle al trabajador la satisfacción de sus necesidades básicas, esto es alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y cobertura previsional.

Móvil. Implica que debe ajustarse periódicamente de acuerdo a las variaciones del costo de la vida.

Algunos convenios colectivos fijan salarios básicos superiores al mínimo vital y móvil. En la Argentina, el Salario Mínimo, Vital y Móvil lo fija el Consejo Nacional de Empleo, la Productividad y el Salario, integrado por el representantes del sector sindical, del empresariado y del Poder Ejecutivo. Sus resoluciones debe aprobarse por los dos tercios de sus miembros.

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El Consejo del Salario acordó un aumento del 25% y llevó a $2.300 el salario mínimo

Empresarios y sindicalistas acordaron, con la mediación del Gobierno, aumentar el salario mínimo un 25% y llevarlo a 2.300 pesos, según confirmaron fuentes de la CTA a ámbito.com y luego anunció oficialmente la Presidente Cristina de Kirchner en compañía de sindicalistas y empresarios.

El nuevo salario mínimo, que actualmente se ubica en los 1.840 pesos mensuales, será considerado con retroactividad al 1 de agosto y no tendrá escalas de implementación, sino que llegará directamente a los 2.300 pesos.

"Los dirigentes han estado a la altura de lo que se espera", aseguró la presidenta Cristina Kirchner en el Ministerio de Trabajo, hasta donde se acercó en compañía del ministro de Economía, Amado Boudou.

En tanto, el tope para el cobro de las asignaciones familiares treparía a los 6.200 pesos -una cifra impulsada por la CTA, según pudo saber ámbito.com, aunque esa parte de las negociaciones continuará en los próximos días, se comunicó.

El acuerdo fue firmado por las cámaras empresarias, entre ellas la UIA y la CEEN, y los gremios, con la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Hugo Yasky a la cabeza, tras más de seis horas de arduas negociaciones.

Con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, como anfitrión, sindicalistas y empresarios habían iniciaron el encuentro poco después de las 15:00 en el piso 18 del edificio de Alem al 600, pero rápidamente se dieron cuenta de que no habría acuerdo.

Es que los sindicalistas reclamaban un salario mínimo de 2.600 pesos y los empresarios ofrecían sólo 2.180 pesos, por lo cual las partes se levantaron de la mesa, lo que obligó al Ministerio de Trabajo a tratar de acercar posiciones.

Desde el 2003, el Ministerio de Trabajo convoca año tras año al Consejo del Salario para establecer un haber mínimo que sirva de guía para muchos gremios.

En el último acuerdo se llevó el piso salarial 1.840 pesos, contó con la presencia de la presidente Cristina Kirchner, quien sumó su firma al acta.

Al promediar las negociaciones, el titular del gremio de los judiciales y secretario de la CGT, Julio Piumato, consideró que los empresarios estaban "duros" para aceptar un acuerdo.

Por su parte, el lider de la CTA, Hugo Yaski, explicó que con la CGT decidieron "unificar el reclamo de un salario mínimo en 2.600 pesos, aunque nosotros pretendíamos 2.700 pesos".

"Como tenemos gran diferencia con el porcentaje de aumento que plantea el empresariado, lo más inteligente, para los trabajadores, era unificar el reclamo", añadió

FUENTE: http://ambito.com/noticia.asp?id=599244

miércoles, 5 de octubre de 2011

"Mejor que decir, es hacer" (IV): Plan Estratégico Industrial ARGENTINA 2020


¿Cómo no apoyar a este gobierno que está cumpliendo mi más profunda y antigua convicción: la industrialización? Somos granero del mundo, pero seremos también Taller, Aula y Laboratorio para el mundo. No se trata de ser "K" o "peronista", sino de poner toda la fuerza y todo el cariño por nuestro país al servicio de la meta más alta de realización histórica: su desarrollo económico, para sostener la soberanía política y profundizar la justicia social.

  • Más valor y más desarrollo
El Plan 2020 proyecta una industria manufacturera con mejor inserción internacional, sustentada en un mercado interno sólido, que pueda proveerse de insumos difundidos en forma adecuada y tenga acceso a un sistema financiero más profundo. Prevé aplicar una política de innovación más agresiva y mejorar la capacitación de la mano de obra. Para la producción de bienes con alto contenido tecnológico, pretende atraer a las grandes empresas multinacionales para que produzcan en el país. Pone mucho énfasis en la incorporación de valor a los productos primarios, mediante la regulación para desincentivar la exportación de producto “en crudo”, de manera de generar arraigo y desarrollo local. También indica que se debe forzar a las empresas mineras a aumentar la refinación local del material que extraen.
La capacidad de pensar la industria para los próximos diez años es fruto del proceso de crecimiento económico fuerte y sostenido que se verifica desde 2003. Ese contexto macroeconómico es señalado como uno de los “acuerdos” generales a sostener hasta 2020. “Un mercado interno con capacidad de compra es la base de una estructura productiva competitiva y diversificada, que permite la sustitución de importaciones y el salto exportador. Hace atractiva la inversión privada y permite escalas de producción competitivas. El camino es mantener la solidez macroeconómica proindustrial, una política de ingresos progresiva e inclusiva y evitando las importaciones desleales”, indica el documento del plan.
El crecimiento económico se explica fundamentalmente por el consumo de los trabajadores, de modo que sostener el esquema macro supone desplegar un sendero de salarios reales crecientes (algo que en el plan no se explicita) y, por lo tanto, una disminución relativa de las ganancias en el PIB. El plan 2020 descarta la posibilidad de desarrollar una industria como la del modelo asiático, que está basado en las exportaciones y no es inclusivo en lo social, algo impensable por criterios de equidad y por la larga tradición sindical argentina.
El camino entonces no es competir a través de bajos salarios. Pero para lograr sustentabilidad macroeconómica es indispensable holgura en el sector externo, para lo cual las exportaciones industriales son centrales. Eso supone un desafío para la inserción externa de la industria, ya que las manufacturas asiáticas, sobre todo en segmentos mano de obra intensivos, son tremendamente competitivas, tanto las que amenazan la producción local a través de las importaciones como en terceros países compitiendo con las exportaciones argentinas.
Para impulsar las exportaciones, el plan propone mejorar los instrumentos para financiar la producción y contempla la creación de nuevas herramientas. En el último tiempo han circulado versiones sobre la posibilidad de que el Gobierno cree un Banco de Desarrollo, proyecto que la ministra de Industria, Débora Giorgi, ya le entregó a la Presidenta. El Plan 2020 también indica que es necesaria “una agresiva política de incorporación de innovación, diseño y marketing”. “Que todo incentivo fiscal que se otorgue tenga como contraparte gasto en innovación”, pide. Con el mismo objeto de mejorar la competitividad, asegura que “se necesita desarrollar una política de abastecimiento de insumos difundidos de clase mundial” para que la industria local pueda proveerse en cantidad y a precios adecuados de aceros especiales e inoxidables, termoplásticos, químicos y pasta celulósica, entre otros.
La primera propuesta del plan para lograr “el salto exportador” es “profundizar la integración industrial regional en el Mercosur, Mercosur ampliado y Unasur, para construir una plataforma exportadora a extrazona”, ya que la enorme escala del mercado regional permitiría mejorar la competitividad de las empresas. La coordinación de políticas de incentivo industrial es algo difícil de concretar, pero parece tener más chances en este contexto político de mayor diálogo entre los distintos gobiernos. En el documento se pone como ejemplo a seguir la producción de autos, sembradoras y algunos bienes de capital, y asegura que existe potencialidad en cosechadoras, tractores, medicamentos, alimentos y línea blanca.
El Plan 2020 también señala la necesidad de aumentar las exportaciones a mercados no tradicionales (sur-sur), como en el caso de lo que sucede en equipos de GNC. Indica que en alimentos, maquinaria agrícola, bienes de capital y medicamentos eso se podría replicar. Son manufacturas con un piso de desarrollo local, intensivas en capital, que podrían competir con otros orígenes. A la vez, prevé incentivar las “exportaciones de productos con alto valor agregado a nichos en países desarrollados”, como vinos, quesos, calzado y confecciones, autos y autopartes, sembradoras y software.
En relación con los productos primarios plantea que su industrialización se puede realizar con “regulaciones, incentivos y precios adecuados que induzcan al productor primario para que aumente la oferta dirigida a la industria local”. También indica que se necesita “desarrollar una agresiva política para avanzar en el aprovechamiento industrial de los minerales, incentivando y/o exigiendo a las mineras el procesamiento local del material”.

  • Once foros sectoriales

 El libro que contiene el Plan Industrial 2020, presentado ayer por la presidenta Cristina Fernández, es el resultado de la reunión de once foros sectoriales, un proceso que comenzó a inicios de este año, en el que participaron más de 2500 personas entre empresarios, trabajadores, funcionarios e investigadores. De ahora en más, aseguran en el Ministerio de Industria, cada una de esas mesas “se institucionalizará” en el marco de la Secretaría de Industria, con reuniones periódicas para avanzar en las propuestas consensuadas para cada sector.
El libro está dividido en tres secciones. En la primera, se ilustra el crecimiento de la industria desde 2003, la segunda constituye el análisis diagnóstico, objetivos, estrategias y propuestas que surgieron de los foros sectoriales, y la tercera sección expresa nueve acuerdos generales que atraviesan todos los sectores, que jugarán como “la columna vertebral de la política industrial en los próximos 10 años”, expresa el documento.
Los sectores involucrados son alimentos; calzado, textiles y confecciones; madera, papel y muebles; materiales de construcción; bienes de capital; maquinaria agrícola; autos y autopartes; medicamentos; software y productos químicos y petroquímicos. Entre todos, explican el 80 por ciento del PBI industrial y más del 60 por ciento del empleo.
En términos generales, el objetivo planteado por el Gobierno es que la economía argentina crezca a un ritmo promedio anual del 5 por ciento y que el PBI industrial lo haga en el orden del 7 por ciento. En 2020 se pretende alcanzar exportaciones por 167 mil millones e importaciones por 139 mil millones de dólares y reducir la tasa de desempleo al 5 por ciento a partir de la creación de 1.500.000 puestos de trabajo en la industria. El objetivo es pasar de un nivel de inversión actual del 24 por ciento hasta el 28 por ciento en 2020 y sustituir el 45 por ciento de las importaciones actuales por producción nacional.
También hay objetivos específicos por sector. En el avícola, la producción crecerá un 91 por ciento hasta 2020 y se crearán 50 mil empleos. En lácteos, la producción avanzará un 76 por ciento, con 2 mil nuevos empleos, mientras que la producción porcina se incrementará 167 por ciento para alcanzar 30 mil empleos adicionales. Se fabricarán, según el plan, 200 millones de pares de calzado, que suponen 12 mil nuevos puestos de trabajo. En el caso de textil e indumentaria, la producción subirá 157 por ciento, con 250 mil nuevos empleos. El sector maderero avanzará 140 por ciento y creará 64 mil empleos.
En la trama automotriz y autopartista se prevé llegar a una producción anual de 1.900.000 autos, que generará 300 mil empleos. En maquinaria agrícola, la suba será de 265 por ciento, con 20 mil nuevos puestos, mientras que en bienes de capital el aumento previsto en la producción es de 290 por ciento y de 44 mil puestos. La fabricación de materiales de construcción crecerá un 90 por ciento con 44 mil puestos adicionales; el alza en química y petroquímica será de 124 por ciento y 75 mil empleos; medicamentos, de 174 por ciento y 30 mil empleos. Por último, software crecerá 184 por ciento y creará 74 mil empleos.

  • “Profundizar el proceso”

“Los foros plantearon un debate participativo y federal en los que hemos acordado una estrategia con todos los sectores productivos, que nos permitirá profundizar el proceso de reindustrialización iniciado en el país en 2003”, señaló la ministra de Industria, Débora Giorgi, en referencia a la presentación del Plan Estratégico Industrial 2020 que encabezó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Venado Tuerto. La funcionaria envió estas declaraciones a través de un comunicado, debido a que no pudo asistir al acto por problemas climáticos. La comitiva, que también incluyó al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y al presidente del Banco Nación, Juan Carlos Fábrega, se dirigía al lugar en un Fokker de la Fuerza Aérea pero, por no estar dadas las condiciones para su aterrizaje, el avión debió volver a Buenos Aires. Giorgi aseguró que el libro del Plan Estratégico contiene “las previsiones de crecimiento sectorial, los objetivos generales para la industria nacional y las medidas para alcanzarlos”. El texto reúne el análisis, diagnóstico, objetivos, estrategias y propuestas para once cadenas de valor surgidos de los foros sectoriales del Plan. “Este debate y las políticas planteadas en el libro nos permitirá capitalizar la oportunidades que nos brinda el mundo, como país emergente, en el nuevo contexto internacional”, concluyó la ministra.

 FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/

sábado, 17 de septiembre de 2011

¿De dónde viene la inflación?

LA INFLACIÓN
A partir de 2007 y luego de cuatro años de un intenso crecimiento que expandió la economía a tasas cercanas al 9 por ciento anual, en Argentina comenzó a registrarse una marcada aceleración de los precios. Los representantes de la ortodoxia reaccionaron con rapidez y, hasta podría decirse, con una cuota de goce perverso. Para ellos la inflación obedece a tres determinantes:

1. La exagerada emisión monetaria.

2. El descontrolado crecimiento de la demanda agregada.

3. Los desmedidos aumentos salariales.

Este diagnóstico es el pretexto perfecto para agitar sus inoxidables banderas, aquellas que habían tenido que replegar discretamente después del estrepitoso fracaso de sus políticas durante los años ‘90. Sin siquiera tomarse la molestia de revisar sus convicciones luego de haber generado la más profunda crisis económica de la historia, los muertos–vivos del pensamiento ortodoxo regresan para repetir su decálogo de políticas antiinflacionarias.

Antes que nada, por vocación monetarista, reclaman la restricción de la emisión de dinero y del crédito, junto con el aumento de la tasa de interés. Al mismo tiempo, exigen poner a raya el presuntamente descontrolado crecimiento de la economía, enfriando la actividad mediante la reducción del gasto público. Por último, exigen que el Estado controle la presunta causa de la inflación que más fastidio les provoca: los aumentos de salarios. En este punto, los propios liberales se olvidan de las supuestas virtudes del libre mercado y claman por un Estado activo en la represión salarial.

Este es el porqué del alborozo de la ortodoxia: según su recetario, un gobierno comprometido con la batalla antiinflacionaria debe implementar una férrea política de ajuste: monetario, fiscal y salarial. Lógicamente, se trata de una forma de revertir las actuales tendencias de la política económica, restringiendo la intervención del Estado en la economía y reduciendo la participación de los asalariados en el Producto. Así, bajo el disfraz del combate contra la inflación, lo que pretenden es introducir por la ventana las mismas políticas que la sociedad repudió en las calles y en las urnas.

La falta de credibilidad de las estadísticas públicas vino a enturbiar la crucial discusión sobre los determinantes de la inflación. Si bien es claro que la disponibilidad de información fidedigna sobre la evolución de los precios es central para comprender el fenómeno, en su afán opositor no son pocos los analistas que han puesto el carro por delante de los caballos, transformando a la calidad de la información en la causa misma del fenómeno inflacionario. Es que para el pensamiento macroeconómico hoy dominante, las expectativas cumplen un rol central en el proceso de fijación de precios, hasta el punto de determinarlos. Según sostienen, en un contexto de mayor incertidumbre los precios se elevan debido al comportamiento precautorio de los agentes, que los remarcan “por las dudas”. En otras palabras, la inflación se convierte en producto de la mera creencia de que hay inflación, en un ejemplo quijotesco de las llamadas profecías autocumplidas.

Así se llega al frágil argumento de que la falta de confianza en las cifras oficiales no sólo priva a la sociedad de la información adecuada, sino que es la principal causa del aumento de los precios. Por esta vía, algunos economistas pretendidamente “heterodoxos” adhieren a explicaciones eminentemente subjetivas y terminan ofreciendo recomendaciones de política económica similares a las que ofrece la ortodoxia.

En rigor, la teoría de las expectativas no ha sido más que una sofisticada forma de contrabandear las mismas viejas y fracasadas recetas antiinflacionarias, que pretenden reducir la inflación a costa de implementar un ajuste recesivo que recae por entero sobre la clase trabajadora y los sectores más desprotegidos de la sociedad.

Desde nuestra perspectiva, la aceleración de la inflación que comienza a observarse hacia finales de 2007 y persiste hasta el presente no tiene como causa ni una emisión monetaria descontrolada, ni un aumento exagerado del gasto público, ni los incrementos de los salarios, las jubilaciones o los ingresos derivados de las políticas sociales, ni mucho menos la incertidumbre respecto de las estadísticas públicas. Como hemos mostrado en numerosos estudios, la inflación en la posconvertibilidad obedece a motivos de otra índole.

Un régimen de dólar caro en una economía abierta y en expansión enfrenta, por su naturaleza, serios problemas para lidiar con un escenario internacional signado por el aumento en los precios de los productos primarios. Aunque se encuentre sospechosamente ausente en los diagnósticos ortodoxos, es difícil pasar por alto el hecho de que el principal impulso inflacionario que hoy afecta a la economía argentina es de carácter importado.

En un contexto de incremento de los precios internacionales, este empuje externo se traduce primeramente en la economía local en una suba de los precios de los bienes transables respecto de los no-transables, es decir, en una modificación de precios relativos. Una de las especificidades de la economía argentina radica en que los bienes transables ocupan un lugar preponderante en la canasta de consumo de la clase trabajadora. En un marco de menor desempleo, esos aumentos son compensados mediante aumentos del salario nominal como única forma de defender el poder adquisitivo de las remuneraciones. De esta manera, el impulso inflacionario importado termina de transmitirse a la totalidad de los precios una vez que esos incrementos defensivos del salario nominal son trasladados a precios por los productores de bienes no transables, gracias a que estos productos no están sometidos a la competencia del mercado internacional.

Sin embargo, lo que finalmente convalida este proceso de transmisión del impulso inflacionario es la propia evolución del tipo de cambio nominal. Es en este punto donde reside la particularidad del fenómeno inflacionario como manifestación del atraso relativo de la estructura industrial local. En un contexto donde el reacomodamiento del precio relativo de los bienes no transables ocurre mediante un proceso inflacionario, el gobierno debe acompañar ese fenómeno con paulatinos aumentos del tipo de cambio nominal de manera de evitar la apreciación real de la moneda. Con una estructura productiva heterogénea y una industria relativamente rezagada (debido antes que nada al proceso de desindustrialización liberal iniciado por la dictadura militar de 1976 y profundizado hasta límites insospechados por la implementación del uno a uno), el entramado productivo local sigue dependiendo de manera sustancial de la competitividad cambiaria.

No obstante, como ha pasado otras veces en la historia argentina, la protección cambiaria de la industria encuentra tarde o temprano sus límites, de modo que el manejo de la política cambiaria se enfrenta hoy con un dilema irresoluble: frenar la inflación utilizando al tipo de cambio como ancla nominal de la economía, o intentar recuperar competitividad por la vía de la devaluación, a riesgo de fogonear el proceso inflacionario y, con esto, ingresar en una espiral de difícil salida.

Por lo tanto, en los antípodas de las prescripciones ortodoxas, el medio más directo para combatir este tipo de inflación en el corto plazo es la aplicación de retenciones progresivas a las exportaciones que desvinculen los precios internos de los internacionales. En esta línea se encontraba la fallida Resolución 125, que habría contribuido a redistribuir parte de la renta de la tierra hacia la industria local, al tiempo que habría armonizado el proceso de aumento del salario real.
Sin embargo, no son las retenciones la única herramienta de política que permitiría sortear con éxito la encrucijada actual. Como ya se dijo, la inflación es la expresión del relativo atraso de la industria local y de su necesidad de protección en un contexto de cambio exógeno de los precios relativos. Migrar desde un esquema de protección cambiaria a una estrategia basada explícitamente en la industrialización con un decidido involucramiento del Estado no sólo es el único camino posible hacia el desarrollo nacional, sino que constituye a la vez la única política antiinflacionaria efectiva que no busca la estabilidad de los precios a costa del estancamiento y, por tanto, de la represión de todas y cada una de las aspiraciones de la clase trabajadora.

Por esta razón, el sendero de reconstitución del tejido productivo nacional que comenzó a aflorar en la posconvertibilidad debe consolidarse como el camino ineludible hacia la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores. El desarrollo económico no es un resultado automático de la economía de mercado que brota una vez que se establecen algunos lineamientos básicos desde la política económica.

Al contrario, el desarrollo nacional es un proyecto de país que se encuentra permanentemente en pugna y que es amenazado por algunos grupos de poder que hoy recuerdan con nostalgia los “gloriosos” años ‘90. El regreso de los muertos-vivos que repiten sin cesar su recetario recesivo debe ser hoy más que nunca combatido por un proyecto que represente los intereses de los trabajadores y que tenga como irrenunciable vía la decidida industrialización del país

* Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino. www.cenda.org.ar

FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-5107-2011-04-24.html