martes, 13 de septiembre de 2011

THE HANGOVER: "¿Qué paso ayer? CAPITAL FEDERAL

A continuación dos análisis periodísticos, uno de García (Ámbito Financiero) y otro de Aliverti (Página 12), sobre la elección porteña, que creo presentan algunas variables claves a tener en cuenta para explicar el resultado electoral en CABA.

Lo beneficiaron una campaña “light” y la polarización (1)

Un triunfo con adicionales, el de Mauricio Macri ayer, que superó su propia marca de 2007, en una elección que se polarizó más de lo que se preveía, pero tal como lo pensó el jefe porteño, cuando definió que arriesgaba la Capital Federal si finalmente intentaba la cruzada de octubre que descartó. Su estrategia de campaña fundada en no hacer movimientos demasiado bruscos, ni demasiados, lo llevó a ganar, inclusive, con una consigna tan difusa como «Juntos venimos bien».
Macri apostó, y la receta le da la razón en ese sentido, a disputar en esta oportunidad la renovación de su cargo enfrentando al kirchnerismo en una campaña nacionalizada, a un mes de las primarias presidenciales, que le reportará adhesiones, básicamente por oponerse al Gobierno de Cristina de Kirchner.
El electorado porteño, siempre adverso al peronismo, pareció volcarse ayer con más fervor a rechazar la hegemonía kirchnerista de que supuso sería presa, de acuerdo con la campaña, demasiado explícita, de Daniel Filmus. El candidato del Gobierno impulsó precisamente la idea de que dos gobiernos en sintonía harían más que entre rivales y le dio así la razón a Macri en su queja por los presuntos impedimentos para su gestión por no coincidir con el Gobierno nacional.
La batalla ganada, ahora, lo deja al jefe de Gobierno en otra posición para alertar a los opositores a Cristina de Kirchner: en la Ciudad de Buenos Aires, tercer distrito en cantidad de votos del país, superan el 60%.
El kirchnerismo consideraba ayer buena la posición de Filmus, en definitiva casi una sorpresa que el candidato del oficialismo nacional haya superado su marca de 2007, pero queda lejos de poder revertir los resultados en una segunda vuelta, cuando al PRO sólo le faltó menos de 5 puntos para vencer ayer sin otra instancia.
Otra que perdió ante los porteños es Elisa Carrió, quien registró de las peores elecciones en un distrito que hasta la consideró primera en las últimas presidenciales. Por su parte, Fernando Pino Solanas también perdió adherentes, en una compulsa donde la mayoría de los porteños prefirió una definición entre dos ante la certeza sobre los finalistas.
Macri ya se prepara ahora para la disputa nacional de 2015. No sólo lo aventuró ya su gurú, Jaime Durán Barba, sino que es el proyecto propio y de su tropa, para los próximos cuatro años de mandato porteño, una vez que concrete la renovación del cargo mayor de la Ciudad de Buenos Aires.
Para el público votante, claro, el macrismo hará considerar que fueron las bondades de la gestión PRO las que lograron aumentar las adhesiones al mandatario de la Capital Federal. Todo un logro superador si se tienen en cuenta los escollos para la administración macrista desde que arrancó, traducidos en paros docentes al por mayor, también de hospitales, avatares policiales y hasta los metros de subterráneos sin empezar.

¿31 de julio o 23 de octubre? (2)

Este artículo es escrito en medio de versiones que hablan de que, con alrededor de 18 a 20 puntos de diferencia, analizan en Olivos la hipótesis de abrirse de la segunda vuelta. Son como las 12 de la noche y es ligeramente verosímil. Lo que no resuena veraz es que Cristina entregue la Capital mientras matemáticamente sea posible pelearla. Bajarse podría interpretarse como una equiparación con Macri, Solanas, Sanz, Cobos & Cía. No es creíble una Cristina bajada, y menos después de escucharlo a Filmus anunciando que va por más.
En principio, uno diría que el voto ganador fue ideológico. Hablamos de ideología en cuanto a favor o en contra de, no más que eso. Porque uno no puede creer que Macri haya ganado, como ganó, por su gestión. Uno registra cotidianamente (¿en su microcircuito?) que las escuelas y los hospitales porteños se caen a pedazos; que los taxistas braman de furia contra bicisendas que no usa nadie y cambios de mano que caotizaron el tránsito vehicular; que el Borda no tiene gas hace dos meses; que la Ciudad está cada día más sucia y todo lo de corrido que se quiera. Macri procesado. Macri tragándose el bigote postizo, mimetizado con Freddy Mercuri en su fiesta campestre de casamiento. Macri que tiene una papa en la boca, y todos los esfuerzos que se requieren para entender lo que dice. Pero evidentemente, eso no es así en lo referido a cómo se vota. Quizá sea que la invasión del amarillo, y un asfaltado por allí y otro por allá, y muchos carteles, y una estrategia de campaña bien direccionada y con mucha plata, son carta ganadora en el lugar donde se concentra la gente con más guita de este país. Es con el diario del lunes, correcto. Pero es.
Hay dos preguntas clave y complementarias sobre el resultado de ayer. Lo son más allá de un FpV asentado en un tercio electoral, con todo lo que eso significa en un escenario como el porteño: intrincado, volátil e históricamente reactivo al peronismo. La primera es en cuánto se habrían modificado los números si la Presidenta le hubiera puesto más el físico a la fórmula que decidió. ¿Una diferencia menor, tal vez? Si la respuesta es afirmativa, surge el interrogante de qué podría pasar con Cristina participando en forma intensa frente a la segunda vuelta. Es probable que pudiera servirle a la dupla kirchnerista para arrimar guarismos mejores, aunque difícilmente hasta el punto de ser un factor decisivo a fin de torcer el dictamen de este domingo. Pero también sería factible que una excesiva o más penetrante “intromisión” presidencial diera cabida al rechazo de, por lo menos, una franja de porteños reactivos a ese tipo de entrometimiento. Y una cantidad de votos con carácter de “franja” puede ser determinante, en tanto el dueto K debe remontar las cifras especulando con cómo acercar cada garbanzo. Si es por esta última apreciación –con la que el firmante se siente más proclive–, a Cristina le conviene seguir jugando sin variantes respecto de lo hecho hasta ahora, en rol de jefa de Estado mucho antes que como candidata. Al fin y al cabo, su mira es octubre y nunca el 31 de julio, por mucho que se trate de la Capital cuando, además, los cuatro años de Macri gobernándola no le alcanzaron para edificar una opción nacional. Si, además de octubre, la Presidenta piensa efectivamente en la sucesión 2015, no se ve cómo haría el hijo de Franco para moldear una fuerza expandida sin trabajar. En consecuencia, lo que suena más sensato de cara a la segunda vuelta capitalina es que quienes afilen discurso y acción –sobre todo esto último– sean los candidatos propiamente dichos. Parecería hora para caer en la cuenta de que la campaña de Filmus fue pobre, incluyendo aspectos a los que, sin prejuicios, debería prestarse muchísima más atención: marketing, colorido, creatividad, capacidad de ataque y contraataque. No es eso por sí solo lo que define un resultado, pero no hay campaña que pueda carecer de eso si lo que manda es un mano a mano o, más aún, un seguro segundo lugar. El kirchnerismo hizo ayer una gran elección en el distrito más jodido del país, no gracias sino a pesar de su proselitismo.
Por estas horas, la oposición saca una suma muy dudosa que no involucra, únicamente, a la condición psiquiátrico-ambulatoria de Elisa Carrió. Macri en Capital. Santa Fe entre socialistas-radicales y una buena elección del cómico Del Sel. Y Córdoba con el timón de De la Sota-Juez, adversos ambos a la Casa Rosada, bien que sin comer vidrio. De esa adición infieren un clima anti K en las tres ciudades mayores, que no se corresponde con ningún número preciso en aptitud de cambiar octubre. En la Ciudad Autónoma, en territorio santafesino e inclusive en el cordobés, la Presidenta tiene asegurado un piso electoral que, con el agregado de la ventaja fulminante en provincia de Buenos Aires –aporta 4 votos de cada 10, recordemos–, hace pensar en una prospectiva a su favor y sin retorno. ¿Tiene sentido común que la Presidenta se lance al intento cuerpo a cuerpo de revertir Capital, a riesgo de rebajar su imagen vencedora con probabilidades (muy) escasas? ¿Revertir tamaña ventaja?
Vaya el final para la feísima elección de Pino, quien es el único que merece ser estimado entre el resto de Macri-Filmus. El vástago de Alfonsín debería guardarse en Chascomús hasta más ver, en compañía de Zamora, Castrilli, López Murphy e indivisibles ad hoc. Desde una posición discursivo-romántico-nac&pop, Pino consiguió un cuarto de las voluntades porteñas en 2009. Envalentonado con esos dígitos, no más que los correspondientes a una elección de medio término en la peor instancia del kirchnerismo, se subió a una candidatura presidencial que carecía de todo correlato con posibilidades reales de siquiera discutir en la gran liga. Advertido de ello, fugó de tal alquimia. Descendió a la Capital con ínfulas de entrar al ballottage, aporte clarinista mediante. Por alguna razón, que desde fuera y dentro de sus filas se atribuye a la egolatría, insistió en creerse que podía jugar en Primera sin otra constatación que el Nacional B. Un luchador de toda la vida, un artista de rasgos sobresalientes, un cronista popular, vencido por la falta de vocación de poder. Por jugar con él: con el poder. No se dio cuenta de que la historia le tenía un papel reservado, de excelencia, para correr por izquierda a aquello que pregonó siempre, en lugar de aspirar a reemplazarlo –o algo así– a los 75 años. Y por si faltaba algo, mandó incendiar a una robusta ideológica y testimonial del nivel de Alcira, en rango de ¡¡¡candidata presidencial!!! Qué bajón, Pino. Haber perdido la mitad de los votos no en función de una utopía conquistable, digamos, sino para servírselos a Macri. Vos, Pino, que hiciste historia con La Hora de los Hornos. ¿No te corre un cosquilleo viendo la felicidad macrista? ¿Seguro que no te pasa nada? ¿Seguro que no estás pensando en que, de haber tenido una actitud más desprendida, estaríamos hablando del cabeza a cabeza contra la derecha, nada menos que en tu amada Buenos Aires? ¿Seguro que no analizaste como el tujes la correlación de fuerzas? El resultado porteño termina siendo una dialéctica maravillosa, como lo es la cantidad de gente que votó a Macri y que en octubre sufragará por Cristina. La bonanza económica, ligeramente dicho, lleva a las simpatías por los oficialismos. O, en otras palabras, los kirchneristas están encorsetados por su éxito. Esto que pasó es demostrativo, o ratificatorio, de que además de los votos y la sensibilidad popular hay que construir poder. Los votos están, aunque haya ganado Macri con semejante diferencia, y son el primer requisito. Lo que le faltaría al kirchnerismo es comprender que no debe dormirse. El voto de ayer es producto del exitismo que generó en un núcleo poblacional, nada menor, capaz de mostrarle el lujo de que pueden pelearlo.
Ojo.

(1) Por: Patricia García, (11/07/2011) http://www.ambito.com/
(2) Por Eduardo Aliverti, (11/07/2011) http://www.pagina12.com.ar/

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