domingo, 9 de octubre de 2011

MODELO DE CONVERTIBILIDAD


"Durante los 90´ los medios de comunicación constituyeron decisivamente al empobrecimiento del debate: elegían determinado tipo de economistas para entrevistar (que repetían un mismos set de consignas y opiniones) a la vez que ignoraban la existencia de opiniones alternativas en el mundo académico e intelectual serio. La democracia política (1983) no fue acompañada por una oferta igualmente plural de todas las ideas económicas. El monopolio neoliberal de las ideas económicas fue absoluta en la escena pública. El campo de la economía a pesar de relevancia para muchos aspectos de la vida social, fue sustraído por los propios políticos del campo de las deliberaciones colectivas, reservándolo para “especialistas”.
Los procesos traumáticos de hiperinflación dejaron profundas marcas en la percepción social de estos hechos, a la vez que pocas explicaciones claras. Se fue constituyendo un proceso de alienación colectiva respecto de los fenómenos económicos, en paralelo a la construcción de la imagen de los economistas como expertos de lenguaje abstruso que manejan números surgidos de fuentes recónditas y que cuentan con un saber no comunicable a no especializados en el tema. Cada profesión tiene su jerga específica, y es razonable que sea así. La diferencia es que los economistas que se ocupan de política económica están trabajando sobre un bien público, que compete a todos los ciudadanos. Sustraer el debate de política económica de las capacidades ciudadanas es recortar el ejercicio de la ciudadanía en cuestiones muy decisivas.
Los “especialistas” en economía se ocuparon en las últimas décadas de construir discursos económicos, mezclando jerga técnica especializada con ejemplos adaptados al sentido común, que en general guardan pocas relaciones isomórficas con los fenómenos que intentaban describir.
En esa auténtica cruzada política, los “especialistas” económicos vistieron los ropajes de la “ciencia exacta”, como si se tratara de ingenieros o astrónomos. Y lograron, apoyándose en la prestigiosa imagen que la sociedad tiene de la ciencia, convencer que sus postulados correspondían a una suerte de objetividad, que en el mundo de la política económica no existe. En la mayoría de los casos, los problemas tienen diversas soluciones, cada una de las cuales tiene ventajas y desventajas de acuerdo a los sectores a los que favorece y a los efectos que generará sobre otros aspectos de la vida social."
Aronskind, R. (2007) “Riesgo país”, Ed: Claves para todos, Bs. As.

Implicancias del Modelo de Convertibilidad

Junto con la Dictadura genocida, en 1976 se impone el discurso neoliberal, que diagnosticaba los problemas de la economía nacional en función de: el “excesivo” y “agobiante” peso que tenía el Estado. Ya con Martínez de Hoz se comienza a transitar el camino de la liberalización de las fuerzas productivas y los mercados. Tras el retorno de la democracia se implementan una serie de planes para estabilizar y frenar la inflación, a la vez que estimular el crecimiento. Todos ellos fracasan en mayor o menor tiempo, y hacia 1989 asistimos a un estallido inflacionario, que será conocido como “hiperinflación”. Se requiere medidas que pongan un freno a esta compleja y crítica situación que no solo es económica, sino que tiene importantes efectos en la estabilidad política y la conflictividad social.
Cuando asume Menem, olvidando el tradicional discurso populista que lo llevó a ganar las elecciones, encara la crisis económica, heredada del gobierno radical de Alfonsín. Para ello se hace eco del diagnóstico neoliberal, que postula la crisis como resultado de una relación inadecuada entre Estado y mercado, y en 1991 lanza el Plan de Convertibilidad. Consistía básicamente según Aronskind, en respaldar la totalidad de la moneda nacional en circulación, por una cantidad equivalente en dólares y oro. Se crea una moneda convertible en una relación de 1 peso = 1 dólar, a la vez que por ley se prohibía cualquier emisión monetaria sin respaldo de divisas en el Banco Central. El tipo de cambio fijo logro estabilizar las expectativas de los mercados financieros, y hacer descender la inflación gradualmente. Este plan es el remate ideal de las medidas económicas de la dictadura militar, su natural continuación en palabras de Martínez de Hoz.
No obstante semejante proyecto político trajo aparejado otros fenómenos cuyo peso sentimos día tras día en la realidad nacional. El modelo de la Convertibilidad presupuso otras dimensiones íntimamente ligadas, que son también sus claros límites a la hora de pensar en el desarrollo de un país. Nos referimos al desempleo, la distribución regresiva del ingreso y el crecimiento de la pobreza.
Este modelo como consecuencia de su escasa reconversión productiva, generó índices de desempleo nunca antes visto en un país como la Argentina, que tradicionalmente se caracterizo por la necesidad de incorporar mano de obra. A partir de 1992 mostraron una tendencia creciente, que tras la crisis del modelo, llega en el 2002 al 18,8% (López, 2006) -Contabilizando como ocupados a los que perciben planes sociales. Por otra parte las tasas de explotación se intensificaron, a la par del aumento de la productividad y baja del salario (Astarita, 1993).
Obviamente los sectores más afectados por el desempleo, y las consecuencias negativas las demás medidas económicas que vimos anteriormente, son los de menores ingresos. Según Aronskind, “el 10% de la población de ingresos más altos, logró capturar el 36% de la riqueza. El 20% se apropia del 55%, que equivale a 16 veces el ingreso del 20% más pobre.” (Aronskind, 2001, Pág. 74). Durante esta década asistimos al aumento del analfabetismo, reaparición de enfermedades que habían sido erradicadas, desnutrición, franjas de la población joven sin acceso a la educación ni al trabajo e incremento de la violencia social, entre otros dramáticos fenómenos.
Es importante destacar el fenómeno, de los denominados, “nuevos pobres”. Es decir, fracciones de la clase media se fueron empobreciendo progresivamente, producto de una caída en sus ingresos familiares y aumento de la canasta de consumo directo del sector (Aronskind, 2001).
 La Argentina necesita reactivar su crecimiento para disponer de recursos y dar respuestas a los desafíos que dejó la década neoliberal, con sus transformaciones a nivel social, económico y político. Pero se trata de buscar una orientación estratégica que vincule el crecimiento con el desarrollo, con el despliegue del potencial humano y productivo del país, y con una disposición clara a enfrentar la «cuestión social».

Fuentes:

Aronskind, R. (2001): “¿Más cerca o más lejos del desarrollo? Transformaciones económicas en los noventa”, Buenos Aires, Libros del Rojas, Nº 2.
Astarita, R. (1993): “Plan Cavallo y ciclo de acumulación capitalista”, en Cuadernos del Sur, Buenos Aires, octubre.
López, A. (2006): “Estudio sobre la distribución del ingreso y transformaciones en la estructura social. Evolución 2001- segundo trimestre de 2006.”, en Cuadrenos de la Argentina Reciente, Nº 3, diciembre.
Castellani A. (2001): “Implementación del modelo neoliberal y restricciones al desarrollo en la Argentina contemporánea” en Schorr, M. “Más allá del pensamiento único. Hacia una renovación de las ideas económicas en América Latina, Buenos Aires, CLACSO.

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